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El Salvador: Gana elecciones presidenciales desde un escritorio, apelando a redes sociales

Por Gilberto Anticona

El triunfo de Nayib Bukele en El Salvador, el pasado domingo 3, quizás sea un caso inédito en que un candidato relativamente joven, con cero debates, desde un escritorio y con un soporte en redes sociales, logra una mayoría rutilante en primera vuelta sobre competidores de partidos dominantes en la escena política de su país durante los últimos 30 años.

¿El secreto del triunfo? Simplemente leer con precisión los anhelos de un país de seis millones de habitantes, hastiados del conservador Arena y del izquierdista FMLN, y proponer como eje de su campaña tres ofertas electorales: luchar contra la violencia, la corrupción y la pobreza.

Bajo el pegajoso lema “el dinero alcanza cuando nadie roba”, Bukele, del partido GANA (Gran Alianza para la Unidad Nacional), ha arrasado y conseguido más del 50% de los votos en primera vuelta frente al representante de Arena, Carlos Calleja y el candidato del frente Farabundo Martín para la Liberación Nacional (FMLN), Hugo Martínez.

El candidato ganador

Nayib Bukele, descendiente de palestinos, es un exalcalde y empresario de 37 años. Es un milenials. Empezó a estudiar Derecho, pero no pudo concluir sus estudios, por lo que tuvo que ponerse al frente de la empresa de publicidad de su padre, donde al parecer aprendió los secretos marqueteros que lo llevaron al triunfo.

Al actual ganador de las pasadas elecciones se le considera como un tipo innovador, inteligente y conocer de los problemas salvadoreños, debido a su experiencia adquirida como alcalde del pequeño poblado de Nuevo Cuscatlán y luego en la capital, San Salvador.

¿De derecha o de izquierda?

Los expertos aún no aciertan a encasillar al reciente ganador de las elecciones en El Salvador. Si bien unos lo califican de izquierdista por su pasada ligazón al partido Farabundo Martí con el cual ganó dos alcaldías, lo cierto es que salvo una audodefinición como “persona de izquierda”, los hechos concretos no abonan a favor de dicha variante ideológica. Veamos.

Bukele ha postulado por un partido derechista (GANA), con manchas de corrupción. Ha calificado de dictadores a los presidentes de Nicaragua y Venezuela, Daniel Ortega y Nicolás Maduro, respectivamente. Fue expulsado del Farabundo Martí el año 2017, con cuyo gobierno discrepó por su propuesta personal del retiro de algunos subsidios.

Además, el expresidente del  derechista Arena, Walter Araujo, ha dicho de él que se trata de un hombre “sin prejuicios ideológicos, no mira hacia atrás sino que piensa en construir un futuro diferente para el país”; toda una loa y un signo de admiración personal.

Si bien el electo presidente también ha calificado de dictador al presidente hondureño Juan Orlando Hernández y expresado que  “dictador es dictador. De ‘derecha’ o de ‘izquierda'”, lo real es luego de los resultados electorales, entre los primeros en felicitarlo ha estado la embajadora EE.UU. en El Salvador, Jean Manes. ¿Signo de los tiempos de su acercamiento a Washington?

Hay que darle  el beneficio de la duda a Bukele; por el momento nos quedamos con la definición de Roberto Castellanos, un empresario salvadoreño, nada izquierdista, quien dice del actual vencedor de las justas salvadoreñas: “Un populista clásico que apela a los sentimientos en contra y aprovecha los movimientos viscerales de la gente descontenta”.

 

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