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Actualidad Especiales

La paridad y la alternancia es lo menos sexy en la agenda feminista

Por César Robles

Laura Arroyo es lingüista y especialista en comunicación política, además de ser limeña de corazón. Se encuentra en España donde estudia una maestría y hoy se ha convertido en una de las asesoras del líder de Podemos Pablo Iglesias.

En esta entrevista, nos narra sus experiencias en el movimiento feminista y las perspectivas de lo que ha denominado la lucha por la igualdad.

Laura Arroyo (César Robles/agendapais.com).

¿Como ves al movimiento feminista en el Perú?

Primero que a mí me gusta, pero sobre todo a nosotras aquí en España, hablar de feminismos, porque no es un espacio ni una revolución homogénea. Hay una diversidad de voces, pluralidad de actrices, de protagonistas y por eso mismo creo que hay que hablar de feminismos.

Yo he seguido mucho el feminismo en Perú, y creo que se está logrando avanzar a pasos agigantados y eso me parece positivo. Me gustaría que se avanzara mucho más pero hay obstáculos. Una hegemonía de los espacios religiosos, pero también una incapacidad de los mismos gobiernos para hacerle frente a estas estructuras, porque al final, el feminismo no lucha solo para que haya más mujeres en política o para que cumplan roles determinados. En realidad, el feminismo es la única revolución mundial en este momento que está poniendo sobre la mesa eso que la izquierda siempre ha defendido, el cambio de modelo, productivo, económico, de cuidados, de corresponsabilidades, de todo. Es la única marea revolucionaria que está poniendo en el centro, todo el debate de productividad, todo el debate de economía, de cómo se corresponsabilizan hombres y mujeres, de derechos humanos, de igualdad, etc. Todo ese debate está en la revolución feminista. Entonces, cuando hablamos de feminismo, estamos hablando de izquierda, porque todo eso está vinculado. Claro que esto no tiene por qué ser explícito, pero así lo veo. Ahora bien, creo que puede haber feministas de derechas, claro, y eso ocurre porque cuando el movimiento se hace hegemónico conquistamos y seducimos diferentes sectores sociales. El feminismo es pues, un movimiento, una revolución transversal.

En Perú el feminismo todavía no es hegemónico en la sociedad. La idea de los feminismos es necesario y una sociedad feminista es una sociedad donde hay igualdad de derechos. Y para llegar a eso hay que tener un pie en la calle, en las instituciones, en los medios de comunicación, en los aparatos judiciales, en la academia. Para todo eso, nos está faltando todavía ampliar nuestro espacio de acción.

Llevo cuatro años fuera de Perú, y lo que veo es un cambio tremendo, que se ha crecido en la lucha feminista. Antes, no se llegaba a una marcha de Ni Una Menos con la cantidad de gente que hay ahora.

¿Es una lucha feminista y de género solamente?

Yo creo que es una lucha feminista. A mí me gusta hablar sin ningún matiz de lucha feminista, protagonizada por mujeres que demandan igualdad y que ponen en el centro de la mesa debates de fondo con ese objetivo.

 

De otro lado, creo que está muy bien que los hombres se sientan representados por el movimiento porque entienden siempre han estado en una posición de ventaja de manera injusta, gracias a un sistema que lo ha permitido y que ha nosotras nos ha invisibilizado, nos ha golpeado, nos ha violado, nos ha matado. Por eso creo que los hombres deberían ser los primeros aliados feministas. Es positivo para los hombres que exista esta revolución feminista, porque los hombres también son oprimidos por el machismo. Eso de que te digan desde niño que no puedes llorar, o un hombre gay no se atreva a salir del clóset porque le van a hacer bullying, o que te puedan matar por un crimen de odio, o un largo etcétera. Los hombres sufren el patriarcado muchísimo y en ese sentido se ven interpelados también por la lucha feminista.

¿Hay diferencias entre la lucha feminista y la lucha por las reivindicaciones de género?

Indudablemente cuando hablas de feminismo hablas también de género, y lo que estás buscando es también la igualdad de roles. Cuando hablas de corresponsabilidad de los padres que se hagan cargo del 50% de la criaza de sus hijos, por decir un ejemplo, estás hablando de igualdad de género.

En el caso de Perú, la comunidad LGTBIQ es casi como que se hubiera apropiado de la agenda feminista…

Esto me parece falso. Personalmente creo que la comunidad LGTBIQ es feminista, porque el feminismo no es que solamente vela por la igualdad de la mujer. El feminismo es una revolución que pone en el centro del debate todo lo que tiene que ver con la apropiación y la adquisición de igualdad. Pues claro, hay muchas  minorías que son interpeladas por el feminismo y yo creo que la comunidad LGTBIQ es, por tanto,  feminista. Y, por supuesto que merecen estar en el y abanderar también esta lucha de alguna manera.

Ahora bien, tengo cierto recelo a creer que este debe ser un debate de identidades, al menos en la colectividad. Debe ser, sobre todo, un debate cultural y político. Por eso no me importa entrar al debate identitario, ni de si eres hombre o mujer, porque esto no es un debate de identidades, el tema de fondo es la lucha por la igualdad y esto, volviendo a tu pregunta, por supuesto que incluye a la comunidad LGTBIQ que está siendo también punta de lanza de esta marea. No obstante, el feminismo tiene su propia agenda que es más amplia.

¿Pero pareciera que la agenda feminista se hubiera reducido al tema de género y mira las polémicas que ha generado como esto de Con mis hijos no te metas?

Esto ha pasado aquí también. Pero vamos, me parece injusto que se diga que la responsabilidad de la potencia de “con mis hijos no te metas” sea del feminismo. Lo que hay es diferentes movimientos o espacios de reacción al avance del movimiento feminista que en Perú ha tenido este colectivo concreto y que en otros países ha tenido otro. Aquí en España, “hazte oír” quiso hacer de obstáculo pero no lo ha logrado.

Pero, nuevamente, no me parece tácticamente útil entrar en un debate de identidades desde lo colectivo. Incluso si hubiera que entrar a ese debate, yo entraría de otra manera, porque lo que buscan estos movimientos reaccionarios es llevarte al debate de género para también entrar en sus propios términos a una disputa sobre la cual ellos no pueden ganarnos ni en la semántica. Me explico, entrar en si el género se define biológicamente es lo que ellos quieren cuando nosotras defendemos que el género se construye culturalmente y que es justamente porque somos producto de una sociedad patriarcal, que los roles de género se construyen como se construyen. Una sociedad feminista pone el acento también en la apertura de nuevas formas de constitución del género. Vamos, dicho en simple, que puedas ser quien quieras ser y cómo quieres ser sin un dictado dogmático. Un sentido común, digamos.

 

El espacio socio cultural condiciona la personalidad…

Por supuesto, solo que en este caso hablamos no de personalidades,  sino de género.

¿Y la lucha institucional por mayores espacios de participación para la mujer?

Es lo mínimo de la agenda feminista. Es más, es lo mínimo de la agenda democrática. ¿Cómo va a ser que en un país democrático la mitad de la población no esté representada? Es bandera del feminismo, sí, pero es la menos sexy. Es hasta menos que el primer paso. Honestamente yo ni siquiera diría “¡que orgullo!” vamos a tener paridad y alternancia. ¡No!, diría al revés, “¿ya era hora, no?”.

¿No es un tema de capacidades? ¿Porque el 50% y porque no el 100% para las mujeres?

Ese es justamente el problema. La facilidad con la que surgen preguntas como la que acabas de hacerme. Cuando tu metes el tema de la meritocracia en el debate, estas otra vez cayendo en la trampa. Si alguien me dice a mí que eso es un tema de meritocracia, yo le diría que deje de mentir. No le diría sí o no, le diría que deje de mentir porque me parece una trampa en el debate. Me puedes hablar de meritocracia cuando tú y yo o cualquier persona ha tenido los mismos suelos de donde crecer y, por supuesto, las mismas posibilidades para hacerlo. Pero no me puedes hablar de meritocracia cuando una mujer tiene que hacer una serie de cosas que un hombre no hace para alcanzar una igualdad que al final sigue siendo falaz. Las mujeres en todos lados del mundo tienen que esforzarse el doble para lograr ser acaso consideradas. Hablemos de meritocracia cuando haya igualdad. Mientras tanto, es una trampa y una mentira. Y hay que decirlo así de claro. ¿Acaso es casual que la deserción escolar en zonas rurales sea mayoritariamente femenina, al igual que el alcance a estudios superiores en zonas rurales sea también masculina mayoritariamente? ¿O que las mujeres cobren menos que los hombres porque “pueden ser madres”? ¿Esto es igualdad?

Entonces, no es un tema de meritocracia. No caigamos en esa trampa.

Me recuerdo que Javier Diez Canseco fue uno de los pocos parlamentarios que participó de la primera Comisión de la Mujer que se instaló en el Congreso de la República…

Ya, muy bien, pero ¿ves?, otra vez estamos hablando de un hombre y no de una mujer. (risas)

¿Y sabes por qué? Porque parece más heroico que un hombre asuma la bandera del feminismo que una mujer invisible, sin nombre, sin ser conocida, la asuma.

Era Martha Chávez…

Da igual, es una mujer

¿Así sea fujimorista?

Detesto al fujimorismo y siempre estaré en contra. Nadie podría dudar de ello. Pero el feminismo no existe para que haya mujeres en puestos de poder solo de una corriente ideológica. A un hombre no se le discute que sea un hijo de puta en la política, a las mujeres en cambio, claro que sí. Tenemos derecho a tener presencia de mujeres en las derechas y las izquierdas, claro que sí. Nos lo merecemos. Prefiero que se debata la ideología perversa del fujimorismo, que su condición de representantes mujeres.

 

Creo también que está bien que los hombres se sumen a la lucha feminista, pero deben entender que no son los abanderados, por una razón muy sencilla, ya lo han sido toda la vida.

¿Volver al matriarcado?

No, de hecho creo que no hay nada que volver, no hay una rémora al pasado. Esto es un momento totalmente nuevo.

 

¿Ves perspectivas en el movimiento feminista en el Perú?

Creo que sí. Esto además tiene que ver con una ola mundial y Perú forma parte de esa ola. Lo que hemos visto en EEUU, el rol de las mujeres que se han ido contra Trump, o la marcha masiva de mujeres en Brasil contra Bolsonaro. Son las mujeres las que le están haciendo frente a un montón de derechas, mucho más que otros colectivos. Lo vimos en Suecia y en Austria también. Las mujeres están poniendo coto a los extremistas fachos para que no avancen tanto. De hecho en Brasil, Bolsonaro ha ganado sin el apoyo mayoritario de las mujeres de escasos recursos, que le han hecho frente al fascismo. Esto no es casual.

 

En el Perú, las compañeras están haciendo una lucha grande de pedagogía y claro que le veo perspectiva, pero creo que hay que ser muy listas para instalar agendas feministas. Esto de la paridad y la alternancia me parecen clave, pero señalando que esto es solo el punto de inicio, no de llegada, es lo mínimo indispensable que debiera pasar

 

Iglesia y Estado

¿Como ves la expansión del movimiento evangélico y su influencia en espacios de poder político? En Perú hicieron retroceder al gobierno en la implementación de sus políticas de enfoque de género

Pero es que no solo es el movimiento evangélico, sino también es el OPUS  que mantiene mucho poder allá. En España, es verdad que lo tuvo menos porque ya hubo una confrontación cuando se planteó el matrimonio igualitario, y esto es de hace más de diez años, en el 2005 con gobierno de Zapatero. En el Perú ni siquiera se puede hablar de unión civil. Acá se proclamó el matrimonio igualitario y en su momento tuvo también a un montón de gente en contra en las puertas del Congreso y han pasado los años y nadie podría sugerir siquiera que se elimine ese derecho. Y en el caso de los derechos de la mujer también, pues el aborto es legal desde hace muchísimos años, cosa que en Perú sigue estancada.

El tema ahí es también el poder de la Iglesia, ¿no?

No solo es eso, es también la voluntad política de un gobierno. La Iglesia hace lo que le toca, ellos piensan que así debe ser la cosa, que el hombre nace hombre y que la mujer debe servirle al esposo, que si le pega tiene que callarse todo, y todo esto lo creen, y esto es machismo y agresión. Pero a mí me toca como demócrata poner el dedo acusador en el gobierno, porque el gobierno es para la gente, no para la Iglesia, ni para los fieles de la Iglesia. Se gobierna para toda la gente de este país, fieles, no fieles, musulmanes, judíos, ateos, agnósticos, todos y todas. Es tan sencillo como eso. Le corresponde al Gobierno ponerse fuerte y liderar estos cambios de la mano de los movimientos sociales, en este caso del movimiento feminista. Y otra cosa clave es que el Estado es laico. Tiene la potestad constitucional de hacerlo. Hay que insistir más ahí en lugar de polarizar con la Iglesia. Hay que ir a exigir al Gobierno.

¿La izquierda está preparada para este discurso?

Creo que a la izquierda le está costando a veces más y a veces menos entrar en este cambio de paradigma. Pero esto me parece normal. Lo que no me parece normal, es resistirse. Repito, el movimiento feminista está poniendo sobre la mesa lo que ha planteado la izquierda, de otras maneras, toda la vida. Un cambio de paradigma, un cambio de sistema, de modelo productivo, de desarrollo económico, un cambio de reparto de igualdades y roles, el derecho a una vida digna, la corresponsabilidad, que es el derecho a la igualdad, los derechos humanos, pone todo en el centro del debate. Por eso te digo, la alternancia y la paridad es, permitiéndome el atrevimiento, lo menos sexy de la revolución feminista porque es el punto de inicio, y eso. Es como tomar agua pura y sin sabor. Esa no es la Inca Cola del feminismo.

 

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