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Actualidad Internacionales

Nube tóxica en Bangkok, Tailandia

Por Gilberto Anticona

Imagínese por un momento la ciudad de Lima, cuyo cielo estuviera rodeado por una inmensa nube malévola y que este mismo fenómeno atmosférico nos impidiera ver nuestras casas y nuestros amigos a corta distancia. Sería caótico.

Algo parecido está ocurriendo en Bangkok, capital de Tailandia, donde una inmensa nube tóxica, con concentraciones altas de contaminantes, está afectando la vida normal de sus 8 millones de habitantes al punto que han tenido que cerrar 437 escuelas y deben movilizarse con mascarillas por las calles de la ciudad.

La nueve tóxica, con partículas PM2,5, es tan severa que se ve acrecentada debido a la ausencia de lluvias y también por la constante actividad industrial, construcción, incendios agrícolas y emisiones de vehículos diésel; además de ello, han alcanzado un nivel de concentración de 90,4 microgramos (μg) por metro cúbico, cuando su pico más alto no debe superar los 25 μg/m3.

Para quienes no están muy ubicados en el lenguaje ambientalista, las partículas en suspensión (en el aire) del nivel PM2,5 son las más pequeñas en tamaño, unas 2,5 micras (una micra es la milésima parte de un milímetro o la millonésima parte de un metro). La exposición a concentraciones de más de 25 μg/m3 durante 24 horas resulta letal.

¿Por qué son tan peligrosas las PM2,5?

Por su pequeñez y constitución de metales pesados y compuestos orgánicos, las PM2,5 son altamente absorbibles e ingresan rápidamente en las vías respiratorias y se depositan en los alvéolos pulmonares; en algunos casos estas partículas llegan al torrente sanguíneo.

De ahí que la absorción de PM2,5 haya sido asociada a enfermedades respiratorias y alérgicas en general, padecimientos cardiovasculares y diversos tipos de cáncer.

De otro lado, la evidencia científica ha puesto de manifiesto que por su pequeñez y ligereza, las PM2,5 permanecen durante un largo tiempo en el aire, lo cual sirve para prolongar sus efectos y también la factibilidad de ser transportadas por el viento a distancias inimaginables.

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