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DAKAR 2018: un Toyota Hilux espera a André Villas-Boas, director técnico de fútbol

“Mi segunda pasión siempre ha sido el motor. Mi tío Pedro corrió el Dakar dos veces. También él debutó con 40 años, como yo. Y es la 40.ª edición del rally, es curioso, todos los números vuelven”, comentaba un entusiasmado André Villas-Boas (40) antes de viajar hacia Lima para emprender su última aventura: tomar el volante de un potente Toyota Hilux para cruzar 9.000 kilómetros de desiertos, caminos de piedras, tierra y polvo, para completar su primer Dakar, “la carrera por excelencia para los que aman el off-road”. Como él.

Villas-Boas, quien fue entrenador de moda del fútbol, discípulo de Mourinho, por algo llamado Mini Mou o The Special Two, ha caído rendido en los brazos del Dakar. Como otros muchos exponentes del fútbol.

En el caso de Villas-Boas, la pasión por el motor le viene de lejos. De joven, antes de dedicarse a configurar tácticas y espiar rivales, corría regularmente en el campeonato portugués de enduro, disputó la Baja Portoalegre, carreras en coches SxS y en motos off-road. Pero los éxitos le llegaron en el banquillo a partir de 1994, con sólo 17 años, cuando entró en el Oporto como ayudante de Bobby Robson.

Desde aquel precoz instante, Villas-Boas tuvo una carrera meteórica: al marcharse Robson y Mourinho al Barça (1996), André emprendió su camino peculiar, algo exótico, primero como director técnico y seleccionador de las Islas Vírgenes, con sólo 21 años. Regresó a Portugal para dirigir la Académica de Coimbra y luego volver bajo el manto protector de Mourinho como su ayudante-ojeador en el Oporto, el Chelsea y el Inter. El salto como entrenador lo dio en el 2010, con 33 años, siguiendo los mismos pasos que Mou: primero en el Oporto (fue campeón de Liga, Copa, Supercopa y Liga Europa) y luego en el Chelsea, para seguir, con menos glamour, en el Tottenham, el Zenit de San Petersburgo y el Shanghai SIPG de la Liga china, su último equipo, hasta hace unas semanas.

Cansado de la rutina del banquillo y de la escasa competitividad del fútbol chino, Villas-Boas ha buscado emociones fuertes. En un primer momento se propuso celebrar sus 40 años (que cumplió el 17 de octubre) participando en el Dakar en moto, pero tuvo que desistir. “Lo hablé con mi amigo Alex Doringer (director de KTM), y me comentó que necesitaría una preparación completa durante un año si quería conseguirlo, y que era mejor que corriera en coche. Así que me puse en contacto con el Team Overdrive –con el que corrió Nani Roma el 2017–, ¡y voy a estar en la salida!”. Contará como copiloto nada menos que con un dakariano experimentado: Rubén Faria (cinco Dakar en moto, 2.º en la edición del 2013).

“Cuando André me llamó para proponerme que corriera con él, me lo tuve que pensar… ¡cinco segundos! Es un reto fantástico y creo que podemos hacer un buen Dakar, es decir, llegar al campamento todos los días y no demasiado tarde”, comentaba Faria, marcándose retos realistas. Como admite un prudente Villas-Boas: “El objetivo es acabar el rally; es un compendio de aventura, de reto, de estrés físico y mental”.

Fuente: La Vanguardia

http://www.lavanguardia.com/deportes/20180102/434021098013/andre-villas-boas-dakar-2018.html

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