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Copla y contrapunto del carnaval de Cajamarca: !Patrimonio Cultural de la Nación¡

EL Ministerio de Cultura declaró hoy  Patrimonio Cultural de la Nación a  la  Copla  y  contrapunto del carnaval  de  Cajamarca, en la región Cajamarca, por ser una de las expresiones más originales dentro de la tradición oral del pueblo cajamarquino,  resultado de la apropiación  de  géneros líricos asociados al romancero español resignificados durante las etapas colonial y republicana.

La decisión está fundamentada en el  Informe N° 005-2016/DDC-CAJ/MC de fecha 13 de enero de 2016 de la Dirección Desconcentra de Cultura de Cajamarca, tras recibir la Carta S/N-2016-LAA de fecha 12 de enero de 2016, de Luis A. Sánchez Fernández, Presidente de la Junta Vecinal Comunal San Pedro, quien solicitó declarar a la Copla y contrapunto de Cajamarca como Patrimonio Cultural de la Nación.

Las razones

El  origen  de  la  actual  práctica  de  la  copla y   contrapunto   de   carnaval   se   remonta   al   periodo de la conquista española de América, periodo de introducción de géneros líricos como la copla, el cantar y el romance. Estas formas de poesía popular actuaron como mecanismos de expresión evocativos, satíricos o épicos que fueron empleados por las fuerzas españolas, y posteriormente, por los sectores populares al ser apropiados y resignificados durante las etapas virreinal, independentista y republicana.

En la tesis titulada La copla cajamarquina: las voces del carnaval, la literata Eugenia Quiroz Castañeda señala que este proceso tuvo lugar en todo el ámbito de Hispanoamérica, configurándose múltiples estilos de poesía popular cantada con rasgos compartidos en cuanto a métrica y rima, pero difiriendo en el uso de formas y estrategias de carácter discursivo. En tal sentido, como destaca la autora, la copla y el contrapunto cajamarquinos son una expresión local de un proceso de transculturación dentro de la tradición oral y la poesía popular.

En  cuanto  a  la  proliferación  de  las  coplas en el departamento de Cajamarca, la misma autora atribuye  este  hecho  al  rápido  proceso  de  expansión y posicionamiento de la cultura española en la región durante la etapa de la Conquista. Otras fuentes revelan el importante rol que este tipo de poesía popular desempeñó en la configuración del sentido de identidad nacional, especialmente durante momentos clave de la naciente historia republicana, así como el periodo de lucha por la  Independencia. Así,  el  destacado  docente  y  poeta cajamarquino  Mario  Florián  detalla  que  hacia  el  año 1822 se componía en la zona un tipo de copla, redondilla o canción lírica popular denominada la cajamarquina, y cuya letra buscaba incentivar el patriotismo entre los jóvenes que se unían voluntariamente a la lucha contra el dominio español.

El investigador cajamarquino Rogger Ravinés describió en un artículo publicado en la revista Folklore Americano,   los   contextos   festivos   en   los   que   se practicaba la copla de la región de Cajamarca a fines de los años 60 y resaltó su representación en las épocas de carnavales y en Navidad, siendo interpretada en esta última por comparsas de pallas y pastores. No obstante, son las celebraciones de carnaval las que se han vuelto el principal contexto festivo ritual de la copla y contrapunto, al punto de ser identificados por sus propios portadores como parte de un mismo complejo de prácticas culturales. El autor antes citado también señala que los elementos básicos del carnaval, en tanto complejo festivo, serían las patrullas y las unshas junto con las coplas. Esta vinculación entre copla y carnaval se vería reforzada a partir de la década de los 70, con la formación de comités a nivel municipal para la organización de los carnavales en la región y la creación de los primeros concursos de coplas dirigidos tanto a creadores como intérpretes.

Las coplas interpretadas hoy en día durante las celebraciones de carnavales en la región Cajamarca consisten en cuartetas de cuatro versos con una extensión por lo general octosilábica. Sin embargo, como puede apreciarse en las múltiples coplas recopiladas en la documentación presentada, así como en otras fuentes, estos versos también pueden ser de siete sílabas o heptasilábicos. Por otro lado, Rogger Ravinés también señaló la existencia de versos de nueve o más sílabas. La investigadora Eugenia Quiroz explica que es posible adaptar versos con más de ocho sílabas dentro de una estructura rítmico musical octosilábica al musicalizar las coplas, con el fin de preservar la melodía y la armonía; esta regla también puede aplicarse cuando los versos tienen menos de ocho sílabas.

En cuanto a la manera de rimar en la copla cajamarquina, se observa el uso de la rima de tipo tanto consonante como asonante entre sus portadores. Estos la aplican de manera alternada entre los versos pares e impares de una misma cuarteta con la fórmula ABAB, o solamente en los versos pares de la misma siguiendo la fórmula ABCB, asociándose a la primera de éstas con una intención más lírica en la composición. Esta variabilidad dentro de la estructura rimada de las coplas cajamarquinas es señalada por quienes las han recopilado e investigado. Así, mientras que algunos investigadores señalan a la rima consonante como la de más frecuente uso, otros se inclinan por la rima asonante como tal. Del mismo modo, los registros de Rogger Ravinés hacen referencia al uso de estructuras alternativas en la rima de las cuartetas estructura interna de la rima, las melodías que acompañan la recitación de las mismas, los instrumentos con los que son interpretadas y los contextos con los que se llevan a cabo.

En  ese  sentido,  destacan  zonas  del  ámbito rural entre Cajamarca y San Marcos, como los centros poblados de Namora y Paucamarca, en donde las coplas eran interpretadas por grupos de hombres montados a caballo siguiendo una melodía distintiva e incorporando en cada verso un remate de entre cuatro o cinco sílabas de extensión. Un uso similar se advierte en las letras que acompañan al conocido carnaval de Celendín, el cual apela  al  uso  de  interjecciones como  cilulo  o  guaylulo para rematar sus estrofas. No obstante, éstas no necesariamente se asemejan en rima y estructura a las coplas de carnaval descritas. De otro lado, la intervención de figuras como Luis Abanto Morales y Miguel Ángel Silva Rubio popularizaron coplas ahora emblemáticas como la que dice Matarina, matarina / Matarina de algodón / Si no lloran tus ojitos / Llorará tu corazón, y que es comúnmente utilizada como fuga o cierre hasta hoy en día.

El rango de temas abordados por los cultores de la copla cajamarquina es muy extenso, al punto de haber sido objeto de múltiples propuestas de clasificación por parte de los investigadores y recopiladores cajamarquinos. La investigadora Eugenia Quiroz, en su trabajo de tesis sobre esta expresión, sistematizó varios de estos aportes. Así, puso en evidencia la recurrencia de coplas de carácter amoroso, con connotaciones tanto románticas como eróticas, coplas humorísticas de crítica a determinadas costumbres o convenciones sociales a través de la burla y la ironía, así como coplas de contrapunto intercambiadas entre hombres y mujeres batiéndose a duelo. Otras clasificaciones, en cambio, pusieron su atención en la evocación y exaltación del lugar de origen, así como de las costumbres de cada zona.

Sobre la base de estas taxonomías Eugenia Quiroz clasificó las coplas cajamarquinas en cuatro temáticas dominantes. En primer lugar, aquellas que versan sobre la sociedad local, explorando las posturas de los actores al interior de las mismas en relación a los cambios en convenciones sociales, costumbres, prácticas e interacciones cotidianas. En segundo lugar, las que abordan la sexualidad desde el amor romántico, alusiones al acto sexual de manera directa o simbólica, así como a la intersección de este tipo de tensiones con las relaciones de parentesco familiar. En tercer lugar, la generación de un campo para la expresión de miradas positivas o negativas en torno al hombre y la mujer, poniendo en entredicho o rebatiendo los roles que se espera que cada uno cumpla a  través  de  la  burla  y  el  contrapunto.  Y,  por  último, coplas que hacen referencia a los diferentes elementos que  integran  las  celebraciones de  carnaval  como  sus momentos rituales, los personajes de la celebración, los participantes en general y los copleros en sí mismos.

La base de portadores de la copla en Cajamarca constituye un grupo extenso y diverso de individuos, quienes participan de las celebraciones de carnaval de forma libre o de forma organizada a través de las denominadas comparsas y patrullas. Estas últimas, integradas por varias decenas de individuos entre músicos y personajes disfrazados, suelen representar a diferentes barrios o sectores de la población en donde se llevan a cabo los carnavales, además de participar como competidoras en los concursos que se organizan en el marco del carnaval; sin embargo, la práctica de la copla en el espacio de los carnavales no se reduce a los concursos y sus dinámicas de competencia sino que se manifiesta en todo el contexto festivo.

La confrontación es un elemento importante dentro de la tradición de las coplas en tanto contrapunto. No obstante, antes que generar una dinámica de vencedores y perdedores, como es el caso de los concursos impulsados desde espacios políticos e institucionales, la interpretación de coplas a contrapunto entre hombres y mujeres construye espacios de carácter simbólico y performativo en el que es posible sancionar y poner en entredicho el tipo de comportamiento que suele asociarse con uno y otro género. Así, el contrapunto emparenta a la copla cajamarquina con otras tradiciones de poesía popular improvisada con las que comparte una ascendencia hispánica, como el amor fino o la cumanana.

Por otro lado, si bien la copla y su interpretación a modo de contrapunto son elementos constitutivos de la tradición oral del pueblo cajamarquino, la organización de concursos desde la década de los 70 ha impulsado una actividad compositiva de la misma en tanto género escrito. Del mismo modo, muchos investigadores han llevado  a  cabo  importantes trabajos  de  recopilación  y registro, construyendo un corpus de coplas tradicionales con un soporte físico que ha facilitado su transmisión más allá del contexto festivo. Otro efecto de la organización de concursos anuales ha sido la proliferación de múltiples intérpretes que incluyen coplas en sus repertorios, muchos de los cuáles se mantienen vigentes hasta la actualidad y forman parte del panorama musical de la región.

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