Mario Vargas Llosa. “No me gusta releer nada de lo que he escrito”

“No me gusta releer nada de lo que he escrito. Porque la relectura hace que salten los defectos. Tengo ese fetcihismo: un libro, cuando sale, ya está en manos del lector y no debe ser corregido. No se puede hacer trampas con los lectores… En cambio, sí releo mucho a los autores que me dejaron huella”. Este es uno de los dichos pronunciado por Mario Vargas Llosa al presentar su última obra ‘Conversaciones en Princeton con Rubén Gallo’ en el Auditorio de Espacio Fundación Telefónica de Madrid junto al también escritor de nacionalidad mexicana.

‘Conversación en Princeton con Rubén Gallo’, es un ensayo que recoge las conversaciones que mantuvieron durante el semestre en que impartieron juntos un curso sobre literatura y política en la Universidad de Princeton. Ambos conversaron con los alumnos sobre teoría de la novela, y sobre la relación del periodismo y la política con la literatura.

En esa ocasión, Mario Vargas Llosa había llegado a la Universidad de Princeton luego de perder las elecciones presidenciales en el Perú ante en ese entonces desconocido Alberto Fujimori Fujimori. Aquel intenso y largo paso de tres años por la política peruana lo dejó tocado, admite, por lo que aterrizar de nuevo en el mundo de la docencia le devolvió “un poco” su “sanidad mental”.

Hoy, hubo un mano a mano entre escritores en el que Gallo tomó el papel de entrevistador y Vargas Llosa, de entrevistado. Hablaron de política, terrorismo, literatura y notas biográficas

Aquí algunas pinceladas de la Conversación:

“El terrorismo siempre es el mismo (…) Tenemos las condiciones para erradicar los ‘demonios’ del hombre y, si embargo, hemos ido produciendo un armamento cada vez más letal (…) A ver cómo encontramos solución a un problema, el del terrorismo, que hasta ahora parece insoluble”.

“En cuanto a mi relación con los alumnos de Princeton, las observaciones más interesantes, para mí, eran las menos técnicas (…) A ratos me daba la impresión de que los estudiantes sabían más que yo de mí mismo”.

Para finalizar su intervención, el Premio Nobel de Literatura agradeció el orden, “casi cartesiano”, con que Rubén Gallo plasmó esas conversaciones en Princeton: “es tu trabajo de editor el que le ha dado coherencia al libro”, concluyó.

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