México: los desastres y las políticas preventivas (opinión)

Gustavo Romero (Foto: agendapais.com).

por Gustavo Romero Umlauff ()

Los tremendos y sucesivos terremotos ocurridos en México con inclementes consecuencias para las construcciones realizadas en zonas especialmente con suelos riesgosos, los impresionantes y continuados huracanes que viene afectando a las islas del Caribe y la calidad de las edificaciones, los desastres ocasionados por los fenómenos de la naturaleza por las intensas lluvias en el norte del Perú y los repetidos deslizamientos en quebradas arrasando todo a su paso, son sólo pequeños ejemplos para poner en el tapete acerca de las políticas públicas que habrían de ser adoptadas frente a las vulnerabilidades producto de los desastres de la naturaleza.

La cuestión en debate es ubicar el énfasis que las administraciones siguen poniendo en los análisis sobre los escenarios tectónicos, geológicos o hidrológicos que causan los desastres naturales más que un estudio sobre las poblaciones más expuestas y la carencia de serias políticas de Estado que deben ser aplicadas para la prevención. La vulnerabilidad de las ciudades y los centros poblados se ven mucho más comprometidos y expuesta ante la ausencia de políticas que deben mostrarse como las imprescindibles para su reducción y enmarcadas en estrategias de un desarrollo sostenible.

Las políticas públicas de Estado para la previsión o la prevención de los desastres naturales deben ser compartidas no sólo por toda la sociedad sino también instrumentadas, principalmente, en programas de categorización  y ordenamiento territorial con propósito preventivo. Claro está que la ejecución de aquellas políticas demanda la elaboración de adecuados –y cómo no decirlo- severos marcos legales e institucionales en aras de la protección de la población.

La exposición destructiva ante una permanente amenaza, la insuficiencia para reaccionar apropiadamente cuando la inminencia del desastre se manifiesta y la incompetencia para la inmediata reconstrucción y recobrar las normales condiciones de vida es lo que pone a la vista la vulnerabilidad de población. Pero, aclaremos, los peligros de los desastres no son sólo causa de la naturaleza sino también producto de la mano del ser humano; de manera que es innegable precisar que la vulnerabilidad de la población es por causas “socio-naturales”.

Por supuesto que el propósito de las políticas de Estado debe ser el amortiguamiento de los desastres para conseguir la integridad de las personas, en condiciones de bienestar y, a la vez, el empleo del medio ambiente en condiciones razonables, de manera que la vida y el bienestar sean sostenibles.

Como bien apunta un reciente estudio de la CEPAL, “una de las características del crecimiento económico y el aumento de la población es la acumulación de riesgos; pero, los actuales patrones de desarrollo de América Latina se caracterizan, entre otros aspectos, por la acumulación de riesgos de desastre, de tal modo que la frecuencia y la intensidad de los desastres están aumentando vertiginosamente. (…). El aumento de los daños por desastres naturales en Latinoamérica y el Caribe se debe a una degradación ambiental severa experimentada en los últimos 50 años, que ha hecho más vulnerables los ecosistemas de la región.”

De ahí que políticas públicas para mitigar los desastres naturales constituye, ahora, no sólo una cuestión de algunas pocas organizaciones ambientalistas sino una necesaria y urgente exigencia de hacer políticas del Estado y de manera concertada con la sociedad, ya que las perjuicios económicas por desastres en América Latina y el Caribe hacen peligrar todo aquel esfuerzo de crecimiento y desarrollo.

gustavoromeroumlauff@gmail.com

@GRomeroUmlauff

Suscríbase en nuestro boletín y reciba cada día un resumen de noticias en tu correo electrónico.

Deja un comentario