Papa Francisco en Colombia: “No se dejen robar la esperanza”

A su llegada a Bogotá, el Papa Francisco abrazó a los miembros de la Fuerza Pública heridos en cumplimiento de su deber, a personas con discapacidad y a los niños y niñas que lo esperaban en Catam. En su trayecto por la Avenida El Dorado, aprovechó una pausa del cortejo para saludar chocando las manos a algunas de las miles de personas que fueron a recibirlo. En la Nunciatura Apostólica compartió con jóvenes rehabilitados, a quienes les dijo: “Gracias por la valentía, gracias por el coraje, no se dejen robar la alegría, no se dejen robar la esperanza”.

Fue ahí cuando ocurrió uno de los capítulos más impactantes de la llegada del Santo Padre a Catam. Dejó el tapete para ir a saludar, a abrazar, a miembros de la Fuerza Pública heridos en combate y a personas en situación de discapacidad. Visiblemente emocionado, los bendijo a todos, uno por uno, imponiéndoles la mano sobre sus cabezas.

Acto seguido, regresó al tapete, se despidió del Presidente Santos y de la señora María Clemencia y abordó el papamóvil, que arrancó y tomó por la Avenida El Dorado rumbo a la Nunciatura Apostólica.

El cortejo papal avanzó rápido durante un trayecto, en medio de los miles y miles de feligreses que, batiendo pañuelos blancos, lo aguardaban desde hacía varias horas para verlo en persona y darle la bienvenida.

Antes de llegar a la carrera 30, el río humano se agolpó sobre la vía, impidiendo el avance veloz del cortejo, situación que fue aprovechada por Francisco para saludar con choque de manos a quienes lograron acercarse al papamóvil e inclusive para recibir las flores rojas que le trajo una niña.

Hacia las 6:00 de la tarde, tras un recorrido de 15 kilómetros desde Catam, todavía con los gritos de “Francisco, Francisco” en los tímpanos, la caravana arribó a la Nunciatura, donde Su Santidad fue recibido por un grupo de fieles que entonaban cantos y realizaban danzas tradicionales.

“Se levantan, son héroes y van adelante, sigan adelante así, no se dejan vencer, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza, no pierdan la sonrisa, sigan adelante”, dijo tras darles la bendición a quienes lo esperaban allí y rezar el Avemaría.

Francisco departió con jóvenes rehabilitados a través de la Fundación del padre Javier de Nicoló. Ellos le obsequiaron una ruana, un velón y un vitral y él les reiteró: “Gracias por la valentía, gracias por el coraje, no se dejen robar la alegría, no se dejen robar la esperanza”.

Tras esto, el Papa ingresó a la capilla, donde se reunió con personal de la Nunciatura y le ofreció flores a la Virgen y gratitud por la bonanza del viaje. Allí lo esperaba una cena privada, antes de su descanso. El firmamento estaba azul, el día fue soleado. Había la sensación de que Bogotá no era la misma con el Santo Padre en la ciudad. Francisco acababa de dar su “primer paso” en Colombia.

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