viernes, febrero 3, 2023
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El país de los ilusos, pícaros e ingenuos, a propósito de las elecciones adelantadas [opinión]

 

El país de los ilusos, pícaros e ingenuos. En la incertidumbre, por qué y cómo realizar las elecciones en abril 2023.

Por Guillermo Ruiz Guevara

Durante las ocasiones que los peruanos fueron a votar, el comportamiento de la partidocracia y de los electores tuvo características afines. Entre ilusos que creían ser semidioses dotados para ser gobernantes, que fundan su partido, distraen su tiempo y su dinero, afectan a su familia y se embarcan al lado de ciudadanos ilusionados en su buena fe y en su ingenuidad; con pícaros que se organizan en élites y se apoderan de los partidos políticos, convirtiéndolos en agencias de negocios.

Políticos auténticos, en los diversos partidos vigentes, son escasos o ausentes, en estos. La mayoría son gimnastas de sus utilitarismos y cinismos. Casi ninguno escapa de esta apreciación.

Hoy, todos son deudores con el país, por su intrascendencia para ser autoridades y su ineficacia para construir patria. Todos a su manera. El APRA, enterrada por sus propios dirigentes, donde palpitó una esperanza en su juventud, donde quizá aparezcan jóvenes que la refloten en el futuro.

Tampoco el PPC, donde prevaleció el negocio político, el que se mide en monedas, con poca juventud con méritos de liderazgo, donde ciertamente hubo algunas personas de valor, sin espacio para salvar su partido. Perú Posible se debatió en el ostracismo, con dos o tres personajes inteligentes, con aptitud política real, todo lo demás era efectismo e inutilidad.

Gana Perú, como el partido anterior, fue un accidente de nuestra historia, sin ideas originales y sin brújula ni estructura programática, sin equipo, subsistió por su oportunidad en el gobierno, no sembró bases, todo fue manipulación de la ingenuidad de sus seguidores que, a su vez, respondieron por un beneficio y no por una convicción partidaria.

Somos Perú, no da muestras doctrinarias, bases principistas o presencia colectivo-partidaria, solo es un negocio, un vientre de alquiler, llamado partido político. Solidaridad Nacional, cambió de nombre por

Renovación Popular, sin honrar las palabras de la frase que lo identificaba, sin mostrar acción de bases partidarias; es un desierto de ideas y programas, que tampoco se condice con renovación alguna; en este partido predomina la misma vieja costra de antes.

En Fuerza Popular, el fujimorismo es un prisionero de su historia y de sus debilidades, sin fundamentos y sin propuestas, culpables por excesos, defectos y omisiones. Acción Popular se convirtió en una cueva vacía de ideas y propuestas, es una organización hueca y sin mentores de valor.

Votación 2021 (Fuente: ONPE).
Votación 2021 (Fuente: ONPE).

Entre los nuevos partidos, como Avanza País, se observa que navega en la incertidumbre de su carencia de sendero político, un misterio sin capital político, convertido en una organización acomodaticia, sin programa visible.  A Podemos se le observa entre sus imperfecciones de organización y la visibilidad del personaje único, sin muestras de ideas, propuestas ni debate.

Los partidos de izquierda no superan la dispersión que los caracteriza en las últimas décadas, no muestran madurez político-partidaria, aunque varios de sus representantes se expresen con una visión nacional razonable, no son más que un discurso.

Perú Libre demostró una debilidad de ideas y torpeza de comportamiento político superable solo por la ficción, además de las críticas sobre sus líderes, por los antecedentes negativos en cargos de gobierno y las denuncias habidas en los tiempos recientes.

El Partido Morado pasó de una oportunidad perdida a un espacio sin coherencia con la historia, con ideas relacionadas a cambios no aceptados por las mayorías nacionales; para ellos es una oportunidad de revolución cultural, una suerte de izquierda asolapada.

Y Nuevo Perú se convirtió en un engaño, más interesados en roles para negociar con los gobiernos y, así, lograr la gracia de los fondos del erario para consultorías a cargo de las ONGs de sus asociados; hecho similar al partido anteriormente citado.

El Partido Comunista Peruano (PCP), es solo un recuerdo, lo propio que la Unidad Democrática Popular (UDP), la Unión de Izquierda Revolucionaria (UNIR), el Partido Socialista Revolucionario (PSR), el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y el Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP) o el Partido Unificado Mariateguista (PUM). Varios de sus miembros estuvieron complicados en el diálogo con grupos descalificados en el país.

En general, los partidos políticos que prevalecen en las últimas décadas están en el filo del precipicio. Esto es una alerta de la falta de institucionalidad política y del riesgo de seguir navegando en las marañas del desorden y de la fragilidad para construir país, nación, patria y un hogar donde nuestros hijos se sientan orgullosos del legado de sus padres. Cada partido se desempeñó entre la picardía y la maledicencia.

En la circunstancia actual, por la que atraviesa el país, que se vayan todos incluye a los partidos políticos actuales. No se les necesita, son organizaciones caducas, sin propuestas válidas y sin voceros de valor.

Es conveniente que los actuales partidos sean eliminados, si no son capaces de superarse, o que no se vote por ellos, pues tales son los responsables de la tragedia actual, Sus representantes en el Congreso son los responsables de las muertes en las recientes protestas. Más de treinta personas, a la fecha.

Se atraviesa por un escenario en el que no es correcto acusar a los manifestantes de terroristas o vándalos, los infiltrados aparecen siempre, acaso no se sabe. Sucede que el hartazgo es real y la protesta aflora, hecho fatal que no prevén los ignorantes que gobiernan o acaso lo provocan a propósito.

El detonante de las protestas no fue Pedro Castillo Terrones, a pesar de todas sus culpas, fue el Congreso, cuya ignorancia procedimental los acusa de bestias en su propia jurisdicción, la vacancia se debatió por un hecho que no estaba en la agenda legislativa y no se sustentó en moción alguna, además, correspondían 104 votos y firmaron 101, en consecuencia, es un acto ilegal. Usaron indebidamente la moción prevista para esa fecha, para la tarde de ese día, cuyo contenido no fue debatido y arguyeron el pretendido, inidóneo, cierre del Congreso y la reorganización de otras instituciones.

Tal como lo hizo el entonces presidente, era un acto de gobierno incumplible. Debieron suscribir una moción, los congresistas interesados, por la causa írrita anunciada, citar a PCT, y aunque este no asista, vacarlo de acuerdo a Ley. Con demorarse un día, salvaban el estado de crisis actual; así, la vacancia se perfeccionaba.

La población reacciona porque no acepta más engaños, más hechos de mala manera, más medidas sin arreglo a norma alguna, porque esa forma, por decenios, es la que utilizan los malos políticos, malos empresarios y malos jueces para apoderarse de la propiedad ajena o festinar procedimientos para beneficios subalternos. A la vieja partidocracia, mal acostumbrada, ya no se le tolera.

Perú aún no está salvado. Quienes crean que la vacancia y la carcelería de PCT son la conquista de la democracia están en un grave error, él no fue ni es el problema y su victimización ahonda el malestar general, contra todo lo que representan la arrogancia y tiranía de los politicastros, sus patrones y sus adulones. No provoquen a los frustrados y abusados de hoy las revanchas de mañana.

La síntesis de la crisis es la ausencia de autocrítica; así como la curiosa topología política instituida, de izquierdas y derechas más un centro amorfo, donde todos acusan a los otros y ninguno tiene la hidalguía ni la inteligencia ni la ética política de pedir perdón por sus yerros. Lo visible son trincheras de nefastas actitudes, de poses absurdas y gritos destemplados; donde nadie emplea bien el idioma ni sustenta con lógica política y dominio del caso nacional propuestas constructivas; solo descalifican o insultan.

Puede ser una imagen de carretera

Insatisfacción en el Sur del Perú (Foto: La Región – Puno Noticias)

La única salida racional comprende:

a.La renuncia de Dina Boluarte Zegarra, que asuma el presidente del Congreso la conducción del país, que convoque a elecciones para abril del 2023, en cuatro meses; la norma constitucional actual así lo establece.

b.Que se realicen dos legislaturas consecutivas, en enero 2023 para normar sobre la modificación del acto electoral, incluyendo la inscripción extraordinaria de nuevos partidos, con exigencias mínimas viables.

Son medidas que no convienen a los bárbaros que existen en el Congreso, merecedores de la peor calificación de la historia republicana. Medidas que tampoco convienen a los banqueros ni al poder económico del país. Este es un problema de fondo.

La ciudadanía requiere de nuevos actores en la política nacional. Hay mucho por hacer.

 

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