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Gobernar para tiempos de crisis, por Guillermo Ruiz Guevara [opinión]

Gobernar en tiempo de crisis exprresada por la pandemia (Foto: Presidencia de la República).
Guillermo Ruiz (Foto: agendapais).
Guillermo Ruiz (Foto: agendapais).

Por Guillermo Ruiz Guevara

Lo más débil y menos confiable en las últimas décadas es la democracia. Lo que no admiten los elegidos y los electores es su común responsabilidad, ambos son decisores al elegir a los que gobiernan; unos exhiben el defecto de sus principios y consistencia partidaria, otros el defecto de sus emociones para elegir.

Hay un tercero, con seguridad el mayor responsable de lo que ocurre, es la prensa. Esta no es neutral. Lo grave es que actúan a precio de publicidad, sus socios manipuladores son las encuestadoras. En rigor, el pensamiento del elector queda expuesto a la influencia funesta de las mentiras, los maquillajes, las distorsiones y los periodistas influenciadores, cuyo precio se cotiza según el mejor postor. Todos los últimos procesos electorales fueron escenarios de mangoneo del elector, no fueron oportunidades para bien informar o educar en el acto de elegir, al ciudadano.

Dennis Falvy, en reciente publicación, anota, con objetividad, que en la actualidad hay un nacionalismo resurgente, con mucho poder personal. Pero también mucha confusión y desconfianza que superar.

Esta anotación se condice con otra publicada por el investigador francés Nathan Wachtell, en su famoso libro “La visión de los vencidos”, en el que acuñó el término desestructuración, para referirse a la forma como es que los hombres andinos asimilaron el traumatismo de la conquista. Este traumatismo, según dicho autor, no duró solo el tiempo en que los españoles llegaron y se asentaron en Perú, sino que esta desestructuración continuó por muchos años más. Tal hecho, hoy, es un conflicto de identidad, resentimiento y, por causa de grupos elitistas, de avasallamiento despiadado.

En el 3er milenio, los latinos, en particular los peruanos y los bolivianos, conservan revanchas históricas del 1er y 2do milenio. En la lectura del pasado encontramos que Perú fue tierra conquistada por poco más de 300 años, de 1500 a 1821, en espacios referenciales. También leemos que los españoles fueron esclavos de los romanos por 300 años y de los árabes por más de 600 años. Por supuesto que nadie desea que esto se repita, pero, ¿No son tiempos de convertirlo en hechos del pasado y no del presente?

La historia andina es rica en lo cultural, respeto por el ambiente, conservación del agua y la tierra, en medicina natural, su poesía y música. No es solo Machu Picchu y otros restos arqueológicos. Es extenso su aporte que, lamentablemente, los conquistadores destruyeron. Esto pasó y no debe repetirse; esto no es causa – no debe serlo – para alimentar venganzas. Los pueblos originarios e indígenas tienen un merecido espacio de participación política, ¿Por qué no un Tahuantinsuyo del 3er milenio, asimilando los avances de la ciencia y la tecnología? Un sincretismo cultural sería válido.

La gran mayoría de países fueron víctimas de coloniaje, incluyendo a los europeos; pero muy pocos sostienen el pasado como tributo a la vivencia del presente. En Perú, el hoy es un collage de “ayeres” que enceguecen la visión de futuro, del esfuerzo presente para ser mejores.

Hay un nacionalismo resurgente, en efecto, al que le falta comprender que el pasado ya está escrito y debe superarse, que lo esencial es escribir una nueva historia. Que lo fundamental es el hombre que se desea formar, el país productivo que se anhela, el ordenamiento político que haga del país una estructura confiable; en lo individual y en lo colectivo.

Repasando la última entrega de Falvy, él añade: Hay disfunciones como sobre-apalancamiento de las corporaciones; decepciones de los millennials; evasión de impuestos; y los bajos salarios de muchas personas; amén de la disminución de la confianza en la democracia. En otras palabras, hay una decepción que se traduce en rechazo y protesta en las elecciones, lo que es manipulado por la prensa. Ambos, la inconformidad del elector más el negativo intervencionismo mediático, podrían ser el caldo de cultivo de peores errores.

Las crisis actuales de decepción económica, de legitimidad democrática; de caos de los bienes comunes internacionales con la soberanía de cada país; de relaciones internacionales frágiles; de gobernanza mundial; ausencia de liderazgo; carencia de identidad y visión compartida del futuro deseado; son hechos con los que no se sabe cómo lidiar. Por ahora, no se evidencia lo contrario.

A partir del 2020, todos los gobernantes del planeta en ejercicio y los que próximamente asuman, tendrán la ardua labor de recuperar la salubridad, la producción, la economía y la confianza para sus pueblos. Proceso que tomará no menos de tres años para los mejor conducidos y algunos lustros para los menos preparados. Pero, tres o quince años serán una utopía si se elige a los que ya demostraron su incapacidad, su cercanía con la corrupción y con las mafias del poder.

La obligación, lo responsable, para empezar, en el caso peruano, es abrir el diálogo con los 24 partidos inscritos en el Registro de Organizaciones Políticas (ROP), consensuar medidas básicas a ejecutarse en los próximos años y asistir a las nuevas elecciones con acuerdos mínimos. Se hizo un esfuerzo en el Foro del Acuerdo Nacional, en fecha reciente, con acuerdos que devienen en inútiles, pues no fueron invitados 15 de los partidos registrados; ¿Acaso el Foro sabe quién será elegido en el 2021?

Al prepararse para gobernar en tiempos de crisis, recuérdese que la democracia no es exclusividad de los que están en el Congreso, y que el Ejecutivo no tiene representación parlamentaria.

Lo incluido en estos párrafos, ¿Es una crítica o una advertencia? Es una crítica para los partidos que ya gobernaron y para los que aún no han gobernado, por no argumentar cómo reciclar la circunstancia que afecta al país. Es una advertencia para todos, en especial para los medios, pues toda actuación no democrática solo contribuirá al muy conocido hedor político de las últimas décadas.

 

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