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Gustavo Romero Umlauff: El peligroso ascenso del escepticismo [opinión]

Gustavo Romero Umlauff: “El ascenso del escepticismo comienza a percibirse en la población sobre las cifras que se nos viene informando”. (Foto: Presidencia de la República).
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Gustavo Romero Umlauff

Perú: El peligroso ascenso del escepticismo

por Gustavo Romero Umlauff

El ascenso del escepticismo comienza a percibirse en la población sobre las cifras que se nos viene informando, así como las inconsistencias en los titulares que el presidente de la República anuncia -día a día- en sus exposiciones y las normativas que se dictan y lo que, luego, tratan de explicar los ministros que muchas veces resultan contradictorias dejando una percepción de inestabilidad, incertidumbre e inseguridad. Ello afecta la credibilidad que se requiere para el liderazgo de quien conduce el país.

La credibilidad es esencial no sólo en las relaciones humanas sino también para el manejo de las cuestiones políticas y para cimentar el liderazgo especialmente en épocas de crisis e incertidumbres, como la que estamos padeciendo.

La credibilidad es el resultado de tres factores: la honestidad, la congruencia y la rectitud. Quien dirige el país debe ser inspirador en los demás, debe ser persuasivo y convincente para insistir en una marcha hacia una meta para el bien común.

El líder no solo tiene que alinear sus palabras a sus actos de manera consistente, tiene también que regir todos sus anuncios y sus hechos de acuerdo a normas y actos claros y no confusos e inciertos. El líder no sólo tiene que ser creíble sino, además, parecerlo.

Los anuncios que el presidente Vizcarra realizó que durante el año 2019 se pondría en funcionamiento entre 60 y 80 establecimientos de salud a nivel nacional con la finalidad de ampliar la cobertura y mejorar el servicio de salud en favor de los peruanos, resultó tan incongruente que ha venido a desnudar una realidad que superó su propia imaginación.

Las pérdidas de tiempo en su permanente confrontación contra un Congreso que, si bien no le era afecto, dejó al descubierto la falta de previsibilidad de cumplir con sus compromisos con el país y vernos, ahora, con las dramáticas falencias en materia sanitaria. Los publicitados martillazos para achatar la curva de crecimiento de esta pandemia no sólo han revelado que sus pronósticos nos son desfavorables, sino que su equipo tampoco está funcionado adecuadamente.

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Así, por un lado, un ministro de Salud echando culpas ajenas por la falta de mascarillas por que otro país compró todos los stocks del mercado o que el gobierno chino ha retenido nuestros pedidos para las pruebas médicas o que las compras de equipos médicos no eran los adecuados y que, por otro lado, la Policía Nacional pretenda imponer altísimas sanciones pecuniarias por el incumplimiento en el uso de mascarillas al salir a la calle, por no respetar la distancia entre las personas o conducir los vehículos sin el permiso adecuado, cuando ellas resultarán impracticables para una población que no tiene dinero siquiera para alimentarse, pone al descubierto una mirada de otro tipo de realidad. Y, si a ello, se suma las discrepancias entre las nuevas normativas laborales y las explicaciones de su ministra de Trabajo que estimulan más el desconcierto que a las aclaraciones, nos encontramos con antípodas más que con un equipo.

Claro está que errar es humano, pero es importante reaccionar ante estas situaciones, pues de esa capacidad para reconocer y enmendar depende si la credibilidad se recupera o se termina de perder. Si alguien del equipo daña la credibilidad del presidente, hay que cambiarlo a tiempo. El costo de la indecisión en los cambios no sólo será la merma de su credibilidad sino de la confianza en el manejo de los destinos del país.

 

 

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