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La costosa inversión de la cuarentena, por Gustavo Romero Umlauff  [opinión]

Vista de Lima desde las alturas, una ciudad con actividades practicamene paralizada por efectos del coronavirus (Foto: Mininter).
Gustavo Romero,foto para artìculos
Gustavo Romero,foto para artìculos

por Gustavo Romero Umlauff ()

La costosa inversión que significa este confinamiento para el país, especialmente para el sector privado, será: el incremento exponencial de los infectados con el COVID-19, la caída libre del PBI del país y la mala planificación al retorno a las actividades productivas.

Los diversos estudios reflejan que el confinamiento al que estamos aún sometidos no ha logrado disminuir la velocidad del contagio del COVID-19, como sí lo han podido lograr otros países de la Región, como son Chile, Argentina o Uruguay.

Sin duda los famosos martillazos a los que alude el presidente Vizcarra, en cada una de sus diarias conferencias, dejaron de lado cualquier estudio social de nuestro país, donde gran parte de la actividad económica se centra en la informalidad y que no salir un día a trabajar le significará a millones de nuestros compatriotas no recibir un sol de ingresos y, por lo tanto, no podrá comprar absolutamente nada para llevar algo de comida para su familia.

Los consejos del presidente Vizcarra para que las personas realizaran sus compras de sus alimentos en los mercados una vez por semana para evitar la enorme aglomeración de gente y, luego, las amenazas del ministro de Defensa de cerrar aquellos mercados que no acatasen las disposiciones del Gobierno, pusieron en evidencia la falta de conocimiento de nuestra realidad en la que cerca del 50% de los hogares de nuestro país no cuenta con refrigeradoras y que más casi 4 millones de peruanos viven en condiciones de hacinamiento; de ahí que no comprendo los alardes que el presidente hace durante sus conferencias que cuenta con un sinnúmero de sociólogos, investigadores, académicos y otros tantos.

Ciertamente, hay una enorme incapacidad del Gobierno para proporcionar medidas urgentes para enfrentar la situación; así, la demora en las compras de las pruebas, la insuficiencia en suministrar los equipos adecuados al personal de la Policía Nacional, al personal médico y, claro, todo ello con el aderezo de la falta de transparencia en los presupuestos, de las sobrevaloraciones en las compras, a las medias verdades sobre la disponibilidad de camas, de máquinas respiradoras que han avivado el escepticismo de la población y el descrédito del Gobierno.

Y, por último, las nuevas normativas sanitarias para al retorno a las actividades productivas, que han resultado atiborradamente imprecisas, contradictorias y, en extremos, absolutamente ridículas, que revelan la obcecación de este Gobierno de no contar con la participación de los mejores equipos del sector privado y empresarial para salir de esta crisis que no sólo es sanitaria sino, también, económica.

Basta sólo leer la conformación del recién creado Grupo de Trabajo Multisectorial para formular las estrategias para el regreso de las actividades económicas, donde sólo 1 de los 9 de sus integrantes es representante del sector privado y, los demás, son simples burócratas de Ministerios o representantes de entidades de carácter gremial ajenos al quehacer de la actividad empresarial.

Ello revela la vanidad de este Gobierno de prescindir de ser asistido por equipos de primer nivel del sector privado y deja al descubierto que seguimos navegando sin un rumbo claro, sin un norte y sin un líder.

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