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OEA: “Está en nuestras manos cambiar la llamada “normalidad” antigua y nueva

Luis Almagro en inauguración de la Asamblea virtual de la OEA (Foto: OEA/OAS).

La pandemia de la covid 19 que ha provocado hasta hoy ha infectado a más de 40,9 millones de personas y ha provocado la muerte de 1,1 millones, centró el discurso del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, durante la sesión Inaugural de la 50ª Asamblea General que se realiza entre hoy y mañana por primera vez de manera virtual.

“Está en nuestras manos cambiar la llamada “normalidad” antigua y nueva. Tenemos la obligación de responder con un enfoque basado en el respeto de los derechos humanos, con cambios en los abordajes a los mismos retos. No tenemos otra opción más que aprender de este momento y crear una mayor resiliencia para el futuro”, sostuvo Luis Almagro, de la OEA.

Este es parte del texto del discurso de Luis Almagro titulado “Los desafíos de la pandemia de COVID-19 en el hemisferio: Un enfoque para afrontar las vulnerabilidades y aumentar la resiliencia en tiempos de crisis, tomando como base los cuatro pilares de la OEA

“América Latina y el Caribe, como región, ha sido la más afectada por la pandemia de COVID-19. Ha sufrido una fuerte caída de la demanda externa, una mayor incertidumbre económica, un colapso del turismo y las consecuencias de los meses de confinamiento para tratar de contener la propagación de la enfermedad. La CEPAL pronostica una nueva caída del PIB de 9,1 por ciento para finales de 2020, la peor cifra en 120 años”.

“En el Caribe, las implicaciones de esta situación pueden verse en todos lados. No solo se han eliminado las posibles ganancias, sino que además el desempleo sigue en aumento y algunos prevén contracción de hasta el 25 por ciento en las economías de los Estados del Caribe, el año próximo”.

“A pesar de tener solo un ocho por ciento de la población, cinco de los diez países más infectados por el COVID-19 en el mundo son de nuestra región, en donde se ha registrado el 34 por ciento de las muertes de todo el mundo”.

“Según los epidemiólogos, la pobreza es una de las causas. La región cuenta con el 60 por ciento de trabajadores del sector informal, lo cual implica que si llegaran a guardar la cuarentena, se morirían de hambre. Solo el doce por ciento de los trabajadores latinoamericanos tienen derecho a seguro por desempleo, en comparación con el 44 por ciento en América del Norte y Europa”.

“Según la OIT, la tasa de desocupación promedio en la región aumentará entre cuatro y cinco puntos porcentuales, y alcanzará un récord histórico de 41 millones de personas desempleadas”.

“Se prevé que la pobreza alcanzará niveles de 2005, con 231 millones de personas en la pobreza, mientras que la pobreza extrema alcanzaría los niveles de 1990, un retroceso de 30 años, con 96 millones de personas en la pobreza extrema. De los 650 millones de personas, 52 millones dejarían la clase media para vivir con menos de dos dólares al día”.

“Según un reciente informe de Unicef, la crisis de salud ha significado un triple shock para los niños, niñas y adolescentes, con el cierre prolongado de escuelas, el confinamiento por medidas de salud y la pérdida de la seguridad económica en los hogares, que tendrá repercusiones a corto, mediano y largo plazo y pone en riesgo a toda una generación”.

“Como ninguna otra crisis en tiempos recientes, esta pandemia nos recuerda que estamos todos conectados y que las decisiones individuales -que parecen tan íntimas- como lavarse las manos, acatar la cuarentena o el distanciamiento social, usar mascaras tienen consecuencias inmediatas a nivel local, nacional y global”.

“La única forma entonces de ganar esta batalla es, como en ningún otro momento histórico, apostando a solidaridad y a la cooperación regional y global”.

“Tenemos un largo camino por delante y no podemos perder de vista lo que viene después de la pandemia del COVID-19. Al elaborar una respuesta, necesitamos centrarnos en los elementos clave que ayudarán a construir un futuro más sólido y resiliente”.

“Tendremos que ayudar a transformar nuestras sociedades, con un mayor compromiso con la educación y un enfoque que permita que nuestros países gocen de seguridad alimentaria, acceso a la atención sanitaria y a medicamentos y que el respeto de nuestros derechos humanos se convierta en la norma”.

“Debemos ser diligentes con las muchas contradicciones que deben abordarse en nuestro camino a seguir. Uno de los más evidentes es la transición acelerada a un mundo más virtual, ya que nos hemos visto obligados a encontrar nuevas formas de conectarnos, trabajar y aprender”.

“Si bien esto ha demostrado ser una oportunidad increíble para quienes están conectados para continuar con sus vidas de manera segura, para otros, solo los ha marginado aún más debido a la brecha digital”.

“Los Estados tienen ante sí una oportunidad histórica para diseñar respuestas innovadoras que, en lugar de reproducir lo ya conocido, apunten a resolver las vulnerabilidades que han quedado tan expuestas en esta crisis, eliminar la desigualdad y la discriminación preexistentes, teniendo como norte los estándares internacionales y regionales en materia de derechos humanos”.

“Está en nuestras manos cambiar la llamada “normalidad” antigua y nueva. Tenemos la obligación de responder con un enfoque basado en el respeto de los derechos humanos, con cambios en los abordajes a los mismos retos. No tenemos otra opción más que aprender de este momento y crear una mayor resiliencia para el futuro”.

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