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Werther o la historia de un desamor

Por Santiago Ottero

A nivel de la literatura romántica mundial, Las penas del joven Werther (Goethe) quizás sea una de las novelas epistolares más recordadas, no precisamente por el argumento de un amor realizado, sino por el desamor que encarna el protagonista principal, quien, al no poder acceder al objeto de sus deseos (Carlota), termina finalmente por suicidarse.

Escrita en 1774, en plena juventud del autor alemán nacido en 1749, Las penas del joven Werther tienen cierto paralelismo con la vida temprana de Goethe. En junio de 1772, el autor de Fausto y su amigo Karl Jerusalem asisten a un baile donde conoce y se enamora perdidamente de la joven Charlotte Buff, comprometida con Johann Kestner, un personaje mayor que ella.

A pesar de los galanteos de Goethe, Charlotte no da su brazo a torcer y en  un arranque de sinceridad y honestidad  le expresa que entre ambos no hay  posibilidades de una aventura. Derrotado y sin despedirse, Goethe se marcha de la ciudad de su desamor un 10 de septiembre.

El personaje

El personaje de Werther es riquísimo en expresiones sobre el amor-desamor. Todo cabe en un corazón roto aunque lleno de romanticismo, desde la más dulce loa hacia una estrella inalcanzable, hasta el brote inextinguible del dolor supremo por aquella hermosa mujer que sabe no será suya jamás.

En un primer instante, Werther eleva al mismo empíreo (cielo) a aquella a quien su corazón coloca en el centro de sus miradas. “Y, sin embargo, no puedo decirte hasta qué punto es perfecta, ni por qué es perfecta… Basta. Ha cautivado todos mis sentidos”, dice de Carlota.

Pero no se queda ahí. El atribulado enamorado cree que la música que ella interpreta es perfecta para sus males. “Hay una sonata que ella ejecuta en el clavicémbalo con la expresión de un ángel: ¡tiene tal sencillez y tal encanto! Es su música favorita y le basta tocar su primera nota para alejar mi zozobra, cuidados y aflicciones”, expresa en su arrebato.

La ansiedad y el suicidio

Luego Werther pasa ya a un estado más de ansiedad. “En el fondo, lo único que quiero es aproximarme  más a Carlota”, suspira, para luego aferrarse a un anhelo más terrenal: “Si pudiera un momento, uno solo estrecharla contra mi corazón, todo este vacío se llenaría”.

Posteriormente, rechazado y al borde del suicidio, el joven Werther se pregunta: ”¿Por qué será que lo que colma de felicidad al hombre es al mismo tiempo la fuente de sus desgracias”. Seguidamente, en pleno delirio y en la intensidad de un frenesí en su máxima expresión, solo acierta a balbucear: “Este corazón está ahora muerto, cerrado a todas las sensaciones”.

El final de esta historia de desamor ambientada en un pueblo ficticio llamado Wahlheim, ya lo conocemos. Werther termina eliminándose con las pistolas prestadas por Alberto, el esposo de aquella que fue el centro y objeto de su  amor no correspondido: Carlota.

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