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Ley del Libro solo ha engordado billetera de industria editorial y distribuidores en Perú

Gilberto Anticona: “Entonces, si no se puede adquirir un libro a precios módicos, ¿para qué continuar con una ley que no funciona?”

Por Gilberto Anticona

Durante el gobierno del presidente Alejandro Toledo se promulgó la Ley 28086, de Democratización del Libro y Fomento de la Lectura, que tenía nueve objetivos, entre los cuales podemos citar cuatro:

  1. Crear la conciencia pública del valor y función del libro como agente fundamental en el desarrollo integral de la persona;
  2. Democratizar el acceso al libro y fomentar el hábito de la lectura;
  3. Crear las condiciones esenciales para que en el país se desarrolle una industria editorial del libro;
  4. Favorecer y promover el sistema nacional de bibliotecas.

Beneficiarios y exoneraciones

La Ley 28086 también estableció una serie de beneficiarios y exoneraciones. Entre los primeros se comprendía a los autores y traductores, lectores, bibliotecas, editores de libros y productores editoriales afines, personal de preprensa, libreros, importadores y distribuidores.

Entre las exoneraciones, beneficios e incentivos que contemplaba la también denominada Ley del Libro están el no pago del IGV, crédito tributario para reinversión, aranceles preferenciales a las importaciones de bienes necesarios para la industrial del libro y exoneración a las donaciones, entre otras ventajas.

Evaluación de la ley

Quince años después de promulgarse la Ley del Libro, cuyo período de vigencia se venció en el 2015 y se ha prorrogado en tres oportunidades más, las preguntas que uno puede hacerse son: ¿Se leen hoy más libros en Perú?, ¿los libros son más accesibles al gran público por sus precios atractivos? y, ¿tenemos más y mejores bibliotecas a nivel nacional?

La estadísticas oficiales (2017) nos dicen que el promedio de libros que lee un peruano es de 0.86 por año, es decir, menos de uno por almanaque. Bastante distante de Chile y Argentina que leen 5.4 y 4.6 libros en doce meses, respectivamente, y bastante lejos de Japón, cuyos habitantes leen 47 libros anualmente.

Los que han engordado con la ley

Entonces, si la ley no ha beneficiado a los lectores, no ha mejorado el acceso de ejemplares al público lector y tampoco las bibliotecas públicas han visto un panorama positivo, ¿quiénes son los que sí han beneficiado, porque alguien tiene que ganar con esta ley que ya lleva 15 años de vigencia, no?

De acuerdo al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) de Perú, el 2017, las exoneraciones de IGV y reintegro tributario a la industria editorial por la Ley del Libro ascendieron a 458.5 millones; el economista Farid Matuk, por su parte, ha dicho que entre los años 2015 y 2016 dejaron de ingresar al Estado por concepto de exoneración de la citada Ley, S/. 444.1 y 513.8 millones, respectivamente.

Aunque la Cámara Peruana del Libro (CPL) ha negado las informaciones oficiales del MEF, lo cierto es la Ley de Democratización del Libro y Fomento de la Lectura 28086 no ha cumplido su rol para el que fue creado.

Quizás ya sea hora de derogar dicha ley y orientar el dinero de las exoneraciones directamente hacia los usuarios lectores: estudiantes y público que de verdad considera al libro como “agente fundamental en el desarrollo integral de la persona” como dice la Ley 28086 y desean constituirse como sujetos de cambio y superación.

Los libros son tan caros hoy, que entre aquellos que producen un libro (el industrial o editor) y el que lo adquiere, hay una diferencia entre 200 y 600%. Entonces, si no se puede adquirir un libro a precios módicos, si no hay fomento para la lectura en casa y las escuelas, y si tenemos bibliotecas franciscanas, ¿para qué continuar con una ley que no funciona?

No se puede seguir engordando los bolsillos de la industria editorial y de los distribuidores intermediarios con una Ley que solo beneficia a unos pocos y que quiere vendernos el cuento de que porque hoy se publican más títulos que en el 2001, o se vende más en términos monetarios, la norma es buena. No lo es. China produce (440 millones x año) más libros que India, pero los pobladores de este país leen más que los chinos en promedio.

 

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