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sábado 4 diciembre-2021

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Cierre del Congreso versus Vacancia Presidencial; una encrucijada sin destino democrático

Guillermo Ruíz GuevaraCierre del Congreso versus Vacancia Presidencial

Una encrucijada sin destino democrático

Por Guillermo Ruiz Guevara

La vida republicana peruana, tras 200 años, no supera la pugna de chauvinistas (creídos de la superioridad) y malinchistas (mexicanismo referido a la predilección por lo foráneo), estos discuten una topología política que los coloca entre la izquierda y la derecha, más los terceros que hacen del centro un refugio para su ausencia de propuesta ideo-política. El trance de las direcciones opuestas, cual encrucijada trágica, solo sirvió para obstruir el entendimiento de los pueblos en la construcción de sus relaciones y sana convivencia.

Pareciera que Marx (alemán, nacido en territorio prusiano, de origen judío, cuyo padre se convirtió al catolicismo) y Smith (escocés, que, por su libro “Teoría de los sentimientos morales”, podría ser el padre de la empatía como instrumento relacional) se pusieron de acuerdo para ofrecer los argumentos del debate sin fin, del enfrentamiento sin equilibrio, de los desacuerdos que favorezcan un modelo consensuado y sostenible. Son autores de las bases del comunismo y del capitalismo.

Las oposiciones de izquierdas y derechas son una fatal circunstancia que afecta a la gran mayoría de países y en la que Perú, de repente, obtiene el mayor grado de intolerancia.

En la encrucijada de las oposiciones, sucede que la democracia resquebraja sus bases y se impone la tiranía de los absolutismos. El gobierno del pueblo y la autoridad de las mayorías, la imperfecta democracia, se hace utópica, por carencia de aproximaciones, porque no se aprende, no se quiere aprender, la construcción de entendimientos.

En este marco, el de las pugnas hegemónicas y de las pretensiones por controlar el poder, en Perú, la mentira y hasta la violencia se lucen, pues el cómo no importa, la sinrazón tampoco. Unos privilegian la facultad de ser “dueños” del país; y, otros exponen la recuperación del mismo para el pueblo oprimido. Derechas e izquierdas, en irreconciliable y desequilibrado pleito.

Y los unos invocan el cierre del Congreso y los otros la vacancia presidencial. Ambos se precipitan hacia el desbarrancadero, sin importarles la estabilidad del país. Y ambos presumen tener la razón.

El cierre del Congreso es el argumento de los que se enfrentan a la inviabilidad de una Nueva Constitución, a la que los congresistas en ejercicio se oponen, estos, mayoritariamente no aceptan el derecho a la reconstitución que le asiste a la ciudadanía. Así como constituirse es un acto esencial, es el primigenio pacto social que instituye toda sociedad para establecer sus relaciones, la reconstitución es, a su vez, el derecho para modificar-corregir-actualizar tal pacto. Y este derecho no requiere estar escrito ni prescrito, es por naturaleza el basamento de los vínculos sociales. Es irrenunciable y es inalienable a ninguna negación.

Foto: Presidencia de la República

Un amplio sector del país propone su reconstitución y ninguna minoría ni mayoría podrá negarlo.

El sector que alienta el cierre del Congreso tiene razón de exacerbar su pedido, porque no encuentran la racional receptividad de quienes legislan y, se supone, deben entender el Derecho y su esencial antecedente que es el pacto social. Aunque el Congreso merece el respeto y la defensa de los demócratas, el problema es la pobreza intelectual e ideo-política de los congresistas elegidos.

El cierre del Congreso, desde el punto de vista institucional, es un error con dos vertientes, uno es la desatendida exigencia de reconstituir las bases socio-normativas nacionales, por parte de los congresistas, y otro es la fragmentación de las bases demócratas por parte de los que protestan por la inconducta de los mismos congresistas. Una inoportuna convergencia del caos.

El sustento de los opositores a la Nueva Constitución es el temor a la prevalencia de corrientes izquierdistoides que hagan de la Constitución un instrumento del neo-comunismo peruano. Una postura que ofende la realidad social del país y la inteligencia de los analistas serios.

En el supuesto negado que los artículos que se aprobasen en una Asamblea Constituyente fuesen de tono comunista, téngase la seguridad que el referendo no lo aprobará. No hay filiación ni entendimiento del comunismo ni del leninismo ni del marxismo ni del mariateguismo en las mayorías nacionales. Por el contrario, hay un amplio y hasta furibundo rechazo.

Ante la pretendida Nueva Constitución, los que se resisten son en realidad los que sienten que se acabarían sus privilegios para explotar a su regalada gana los recursos nacionales. Estos son los que financian la negativa posición de la mayoría congresal y de la prensa servil.

Destáquese que no es verdad que el discurso del Secretario General de Perú Libre fue suficiente para convencer a la población en que su opción política es válida o aceptable. Este partido ganó las elecciones, pero sucedió porque el candidato, Pedro Castillo, representaba para la mayoría un cambio de raíz, un rechazo total al oprobio de convertirse en cojucómplice de la partidocracia que rodeaba a la candidata de Fuerza Popular. Esta fue la verdadera razón del triunfo de Perú Libre. Que, salvo irregularidades en las mesas, fue sin fraude como pretendieron inculparle al Jurado Nacional de Elecciones y al partido ganador, un berrinche desesperado por refutar el proceso.

De otro lado, el presidente, a quien se pretende calificar de comunista, va a misa, y lo hace siempre, y lo hace desde años atrás, así que no es una simulación, es una auténtica convicción religiosa que lo aleja de las formas paganas o agnósticas de los comunistas rabiositos.

Pedro Castillo no es perulibrista, es un invitado que candidateó por ese partido, él es un sindicalista que utilizó a diversos frentes gremiales y asociaciones para fortalecer sus iniciativas de protesta y reclamo sutepista. Seguramente también lo utilizaron, en una suerte de canje de fuerzas con sectores que lo apoyaron en sus marchas y reclamos.

Calificar a Castillo de filosenderista o comunista es un arreglo mediático para desprestigiarlo. Pero es un hecho cierto que varios de los que le rodean tienen un pasado cuestionable o, por lo menos, observable por sus acompañamientos en las luchas sociales. Situación que debe vigilarse, aunque es un exceso descalificar a todos por los hechos de su juventud y la cercanía forzada de terceros.

La vacancia presidencial, entonces, no es un acto de interés nacional o para proteger el bien de las mayorías. Es para evitar que se consolide el deseo de la población por reconstituirse, de lograr una Nueva Constitución. Esto es lo que desean los que defendieron el voto popular con el propósito de un cambio, de un desmantelamiento de las bases normativas que aprovechan los banqueros usureros, así como la gran industria explotadora y coimera.

Foto: Congreso de la República

Ahora, se pretende imponer la vacancia presidencial para sostener los privilegios que la vieja partidocracia arguyó en complicidad con el poder económico. Y la mejor prueba de este hecho es que ninguno de los partidos en ejercicio ni gremio propuso la construcción de consensos; salieron, de inmediato a desprestigiar al presidente electo, a batallar para sostener negociados y prebendas.

Considérese que respetar la instancia presidencial es respetarse como ciudadano, aun si el presidente no agrade; en toda elección siempre hay ganadores y perdedores, pero son inadmisibles los revanchismos y las burdas oposiciones. La instancia congresal igualmente merece respeto, aun cuando los parlamentarios elegidos no estén a la altura. En ambos casos, toca vigilar y ayudar a que se superen las imperfecciones. Salvo extremos imposibles de mejorar.

En el escenario actual, el cierre del Congreso o la vacancia presidencial serían actos nefastos, que solo confirmarán la inmadurez política de un país que brega por subsistir. Se asiste a un período de ausencia de estadistas, los que abundan son políticos serviles que manifiestan sus rabias. También es triste observar que hay muchos ingenuos que se dejan arrastrar por la inequidad y las argucias de los sirvientes del poder.

Nótese que es fácil engañar al heterónomo y la mayoría poblacional lo es. Bandura lo precisó. Los educadores tienen mucho por hacer, para desarrollar en el hombre y en la mujer el pensamiento crítico y al ser autónomo, para que no los lleven de la nariz los engatusadores de siempre.

 

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