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La polarización y la economía

 

Gustavo Cesti Cardó (Foto: agendapais.com)
Gustavo Cesti Cardó (Foto: agendapais.com)

La polarización y la economía

Por Gustavo Cesti Cardó

Hace unos días hemos sido testigos que S&P redujo nuestra clasificación como país, sumándose a lo ya hecho por Moody´s. No es intención hablar de temas económicos y las implicancias que esto tiene, a pesar de que nos seguimos manteniendo como de los mejores países en Latinoamérica respecto a temas económicos.

La intención es que entendamos que la polarización política e inestabilidad son elementos determinantes en esa realidad económica. Para algunos esta realidad es más importante que muchas otras. Efectivamente es bastante importante, pero eso no nos puede llevar a cerrar los ojos a otros elementos.

Muchos votaron por eso. Por estabilidad económica, que el Perú no sea un país de experimentos de la izquierda extremista.

Sin embargo, poco se entendió que hay un mal que cala profundamente la sociedad y que los culpables no son solo los políticos. En mayor parte somos nosotros los ciudadanos. La polarización.

En democracia el desacuerdo es un elemento que tiene que existir, incluso la fragmentación es hasta natural. Lo que si no es ni natural ni sano en lo absoluto es la polarización, es decir que existan dos frentes en combate que cada uno cree que tiene la razón y destruyen (literalmente) a todo aquel que piense distinto.

Esta guerra constante lleva a pasarse por encima cualquier ley y norma que proteja la estabilidad. El abuso del derecho es pan de cada día. Somos testigos de aquello.

Guerras que se iniciaron con mayor arraigo en el 2016 y que aún tiene como líder de un polo a una eterna candidata a la presidencia que al igual que su némesis de izquierda, desestabiliza para buscar lograr su objetivo. Acrecienta las contradicciones.

¿Queremos estabilidad política y por lo tanto económica? La meta no es ponernos en un extremo del campo de batalla. Es ponernos al centro, donde se encuentra el país y protegerlo de ambas posturas que tienen la destrucción en su ADN.

Sensatez, tolerancia, estabilidad, diálogo, aprendizaje, unidad; no son virtudes que alguno de los polos nos trate de inculcar, pero que una política centro democrática, que busca el desarrollo económico inclusivo, sí. ¿Qué podemos hacer como ciudadanos? No ser víctimas ni cómplices de esos discursos. No pisar el palito. Los abuelos decían: “Para pelear se necesitan dos.” Simplemente no entremos en el juego del conflicto, pero si mantengámonos firmes en la defensa de nuestra república. Tan simple y complejo como eso.

 

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