🧦🎁Faltan para fin de año🌟

19.1 C
Lima
sábado 27 noviembre-2021

Director: Elí del Águila Tuanama

Perú: Democracia sin estadistas [opinión]

 

Guillermo Ruíz GuevaraPerú: Democracia sin estadistas; la gobernanza y la gobernabilidad, sin espacio ni tiempo

Por Guillermo Ruiz Guevara

dCuando el país requiere que el arte de gobernar florezca, se comprueba la ausencia total de gentes dotadas del talento para hacerlo. Y, la razón, es la ausencia de la ciudadanía en la práctica democrática. Es que en Perú se cree que ir a votar es el ejercicio de la democracia y que eso es todo. Grave error.

Los sucesivos presidentes de los últimos tres decenios, elegidos por el voto ciudadano, ejercieron sus mandatos y terminaron sus períodos de gobierno envueltos en sospechas o denuncias, algunos de ellos sentenciados y otros fugados. Ninguno se salvó del juicio ciudadano, de la objeción política o de la investigación fiscal o judicial.

Sócrates estaba en lo cierto, cuando advirtió que la democracia es imperfecta, en tanto depende del pensamiento de los hombres y estos se sesgan por sus apetitos. Perú es el escenario, parece, de la mejor comprobación, de tal imperfección.

Si tomamos el significado griego de la palabra “demo”, es el acto de ciudadanos libres, así lo concebían en la antigua Atenas, en las ciudades Estado. En lo coloquial, “demo” es ejemplificación didáctica del funcionamiento de una cosa, generalmente en el ámbito científico o

técnico o político. Estos significados para los electores peruanos son una antítesis. Hasta generarían confusión si se pretende que lo comprendan los electores locales.

De otro lado, si “cracia” es el elemento sufijal, también de origen griego, cuyo significado incluye los conceptos de autoridad, dominio y gobierno; y, si estos términos abarcan como autoridad, al autor de vida; como dominio, al control de las partes y el todo; y, como gobierno, la conducción o ejercicio del poder, pues, a priori, esta definición no está en el alcance del común de la población peruana. Al menos, no en la aplicación observada por electores y elegidos en los tiempos republicanos.

Así, la democracia, en Perú, se convierte, parece, en algo impracticable, en una utopía.

Revisando palabras novísimas, en su empleo, la gobernanza se refiere a la eficacia, calidad y buena orientación de la intervención del Estado, a partir de sus conductores, los gobernantes; en buena cuenta, es el arte de gobernar, que proporciona legitimidad y aceptación, por parte de los gobernados.

Al definir la gobernabilidad, encontramos que es un estilo de gobierno caracterizado por la cooperación e interacción entre el Estado y los actores no estatales, en el interior de redes de decisiones mixtas públicas y privadas, donde coinciden gobernantes y gobernados.

En el espacio vivido por más de veinte millones de electores peruanos, la conjunción de los términos democracia, gobernanza y gobernabilidad son abstracciones inentendibles.

En el tiempo transcurrido desde que se implantó el voto para elegir gobernantes, los gobernados peruanos no ejercieron la libertad de pensamiento ni la criticidad ni la información suficiente ni la participación activa y efectiva en la actuación de la partidocracia, en el acto político.

El autor mexicano Mauricio Merino relaciona la participación con tres conceptos fundamentales de la teoría política: la representación, la legitimidad y la gobernabilidad. Ratifica la relevancia de valores como la responsabilidad, la tolerancia, la solidaridad y la justicia como elementos éticos y políticos para la participación ciudadana en la democracia. Pareciera muy complejo.

La participación ciudadana es directamente proporcional a la evolución histórica del surgimiento de la democracia representativa, del derecho al sufragio y de las libertades políticas. Estas condiciones se construyen para que sean efectivas, no surgen por generación espontánea.

Esto debiera ser fundamental, es una construcción pendiente. Es una tarea que involucra no sólo a las instituciones gubernamentales y a los partidos, sobre todo, y de manera destacada, a los ciudadanos, debidamente educados. Lo estratégico debiera ser su participación responsable y voluntaria, como una condición imprescindible para que surja la real democracia.

El político no es solo el que actúa desde un partido o desde el escenario gubernamental, es el individuo que genera conocimiento y opina con lucidez sobre su propia realidad colectiva; es el elector que se prepara para intervenir con su dominio personal en el proceso de toma de decisiones que afectarán a todos, generando o aceptando propuestas de interés grupal y eligiendo a los que aplicarán las mismas.

Sin ciudadanos responsables de edificar partidos, pensamiento político e interés en gobernar o aportar al acto de decidir a escala de gobierno, no se dispondrá de talento democrático, no se formarán estadistas.

El estadista que se necesita no es el que impulse ideas para las tribunas, es el que racionalmente fundamente soluciones que beneficien indubitablemente a la comunidad, al país.

El estadista no juega con las palabras ni con las emociones de los gobernados, el estadista formula valor propositivo, es un estudioso de los qué y de los cómo que interesan al desarrollo de la población, al fortalecimiento de la sociedad en su conjunto; es, también, un facilitador en la creación de riqueza social, sea cultural o económica.

Hoy en día, en Perú se carece de estadistas. Solo se observan tiradores de piedras, estafadores de la emocionalidad de los electores, narradores de barbaridades, soldadesca del bullying (intimidación) contra el rival, advenedizos, asaltantes del erario y comerciantes de la partidocracia al servicio de empresarios corruptores. Nada más.

Claro que hay inteligencia, en muchos peruanos con aptitudes para ejercer en cargos de gobierno; falta despertarlos y convocarlos o convencerlos para que actúen en el ejercicio político.

Por ahora, el país está expuesto a una explosión de la insatisfacción mayoritaria, que ya se expresó en las urnas, rechazando a la vieja partidocracia nacional. No se adviene una oclocracia, sino una protesta de los indignados, exacerbados por las estupideces diarias de miembros del Legislativo como del Ejecutivo; y que no crean los del Poder Judicial que no están en la ventanilla del rechazo popular. Súmese la proliferación del irrespeto desde la prensa.

El horno para la cocción de la revuelta está encendido a la máxima temperatura.

Y la ausencia de estadistas contribuye con el estado actual de inestabilidad, intolerancia y  enfrentamiento. Queda agregar que los políticos y empresarios procesados por actos de corrupción disfrutan de lo que ocurre, ellos son los únicos beneficiados.

Toca la gran labor de generar condiciones para que un nuevo grupo ciudadano se atreva al gran reto de salvar al país. Si mañana cerraran el Congreso o vacaran al Presidente, ¿Quiénes los van a sustituir? Si se dieran nuevas elecciones, los partidos con derecho a presentar candidatos son los mismos que ahora configuran el escenario de pleitos y animadversión instituida. No habría cambios reales; entonces, sería una torpeza; no habría nuevos cuadros que garanticen un cambio efectivo.

Un Perú que en libertad se reconstituya y revitalice la democracia solo será posible apartando a cada uno de los politicastros que transitan a diario por los noticieros y programas políticos. La sana política dependerá de mujeres y hombres comprometidos que alcen las banderas de lo propio, de los orígenes y del valor e identidad nacional. Argumentos existen. Manos a la obra.

*El contenido del artículo de opinión escrito en agendapaís como el presente es de exclusiva responsabilidad del autor.

 

Artículos relacionados

Mantente conectado

0SeguidoresSeguir
1,093SeguidoresSeguir

últimos artículos