En el encuentro Roberto Sánchez estuvo lejos de ser el candidato dócil que muchos proyectaban
Debate Electoral 2026. El único debate presidencial de segunda vuelta entre Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) dejó una preocupante certeza a una semana de justa electoral: el país asistió a un intercambio donde las interpelaciones críticas de fondo fueron sistemáticamente sepultadas por el cálculo político, los ataques personales y la victimización.
Detrás del momento más tenso del encuentro —el adjetivo de «poco hombre» lanzado por Fujimori contra Sánchez— se esconde la verdadera radiografía del debate: una alarmante incapacidad de ambos candidatos para responder las preguntas cruciales sobre el futuro del Perú.
Sin embargo, más allá de los silencios, la jornada promovida por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) mediante su programa Voto Informado, dejó una revelación política contundente: la solidez discursiva de un Roberto Sánchez que estuvo muy lejos de ser el candidato dócil que muchos proyectaban.
Frente a quienes auguraban que la experiencia en debates de Keiko Fujimori, terminaría por «fulminar» al líder de Juntos por el Perú, Roberto Sánchez plantó cara con un discurso estructurado, un manejo firme de los tiempos y una capacidad de confrontación que descolocó el libreto fujimorista. Con ello, demostró estar a la altura de asumir la máxima magistratura del país en caso de que los votos le sean favorables el próximo 7 de junio.

que desarmó el libreto de Keiko Fujimori (Captura: Video JNE).
La circunstancia exacta: ¿Cómo y por qué Keiko Fujimori llamó «poco hombre» a Sánchez?
El momento más crítico e incendiario de la noche no nació de una propuesta técnica, sino de una estocada de Roberto Sánchez a la línea de flotación moral e histórica del fujimorismo, lo que provocó una reacción visiblemente visceral de la candidata de Fuerza Popular.
Ocurrió durante el bloque de interacción y réplicas. Roberto Sánchez tomó la palabra y, elevando el tono ético de la contienda, cuestionó la autoridad moral y espiritual de Fujimori apelando directamente al respeto de los vínculos familiares.
Las palabras textuales del intercambio:
Roberto Sánchez: «Yo más bien le recuerdo que yo sí sé qué es salir adelante con su familia respetando a mi padre, respetando a mi madre, respetando a mi esposa, respetando a mi hermano; hemos sabido salir adelante así. ¿Y eso sabe qué significa? Confianza, es tu valor espiritual incluso para querer transformar un país y de eso yo creo que usted no sabe mucho. Creo que el Perú necesita una profunda democratización de acceso a la riqueza…»
Sánchez continuó su intervención atacando el modelo económico, denunciando los monopolios en los medicamentos y calificando el sistema como «el más salvaje neoliberalismo de América Latina». Al expirar el tiempo de Sánchez, y en medio de las interrupciones de la moderación para gestionar los turnos, una Keiko Fujimori visiblemente afectada tomó el micrófono y disparó de forma directa:
Keiko Fujimori: «¡Qué pena! ¡Qué poco hombre es usted! Y cuando vienen ataques de esta naturaleza, quiero recordar que a mí la vida política me ha tocado vivir en adversidad, contra la corriente. Pero acá estoy, de frente, de pie y con la frente en alto. Pero cuando vienen ataques así, yo me permito ahora dirigirme a Kiara y a Kaori: ustedes saben y nosotras sabemos cómo fueron los últimos días que acompañamos a sus abuelos, a mi papá y a mi mamá. No hagamos caso a este tipo de ataques bajos».

El banquillo de los silencios: Las preguntas que nadie respondió
Detrás de la espectacularidad mediática de la frase «¡Qué poco hombre!», ambos candidatos utilizaron la alta tensión emocional para aplicar una estricta estrategia de evasión sobre temas cruciales.
Las deudas de Keiko Fujimori
- El monopolio farmacéutico: Al amparo de la indignación por la alusión familiar, Fujimori no respondió una sola línea sobre la denuncia de Sánchez respecto al «régimen mercantilista y los oligopolios de medicamentos». La salud pública fue cambiada por la victimización.
- Las «leyes procrímenes»: Cuando Sánchez le preguntó directamente si derogaría las cuestionadas leyes de organización criminal impulsadas por su partido en el Congreso, la candidata eludió la responsabilidad aduciendo que su bancada «solo tiene 20 de 130 congresistas».
- Derechos Humanos: Ante la pregunta explícita de Sánchez sobre cuándo se haría justicia por las muertes ocurridas en las protestas del sur, Fujimori ignoró el cuestionamiento y redefinió el concepto de derechos humanos reduciéndolo a la entrega de títulos de propiedad (Cofopri).

Las deudas de Roberto Sánchez
- La sombra de Antauro Humala: Fujimori lo arrinconó citando un mitin donde él afirmaba que la seguridad estaría en manos del líder etnocacerista y le preguntó: «¿Va a estar Antauro Humala a su lado?». Sánchez nunca respondió con un sí o un no; prefirió desviar el golpe recordando las muertes del gobierno de Dina Boluarte.
- La encrucijada de Pedro Castillo: Interpelado sobre si su postura frente al intento de golpe de Estado de Castillo lo convertía en «un complotador o un traidor», Sánchez ensayó una respuesta de lealtad general, pero evitó aclarar la flagrante contradicción con sus votaciones en el Parlamento.
¿Y el peligro que Sánchez representaba para el país?
Otro aspecto que llamó la atención en este encuentro fue el “olvido” de Keiko Fujimori de sustentar por qué acusó a Roberto Sánchez de ser un peligro para el país el martes 31 de marzo pasado, durante la segunda jornada de los debates de la primera vuelta electoral. “Usted sí es un peligro para nuestro país”, expresó Fujimori en aquella ocasión, incluso con el dedo levantado contra Sánchez.
La explicación de este silencio estaría vinculada a la postura adoptada por Perú Libre en su última Asamblea Nacional Extraordinaria, realizada la semana pasada. En dicha cita, el partido del lápiz lanzó un furibundo ataque contra Juntos por el Perú, tildándolos de «defensores del sistema» y «falsos revolucionarios»; una posición que destruye por completo el argumento fujimorista del «comunismo inminente».
La lógica es simple: si los verdaderos radicales —aquellos que defienden la ortodoxia marxista y la toma del poder estructural— afirman que Juntos por el Perú no es de los suyos y que, de hecho, son «funcionales al sistema», están admitiendo, de facto, que la agrupación de Sánchez no pretende destruir el modelo, sino administrarlo.
Enterada o no de este deslinde, lo cierto es que Keiko Fujimori no hizo ninguna alusión al radicalismo que supuestamente representa Roberto Sánchez. Este discurso, que se escuchó permanentemente durante toda la campaña no solo en boca de la lideresa fujimorista sino en todo el sector de derecha (políticos, influencers, conductores de radio y televisión, y cortos propagandísticos en redes), ha intentado —sin éxito en este debate— mimetizar a Roberto Sánchez con el ala más radical del cerronismo y el recuerdo de Pedro Castillo.
Balance Político: Un candidato que rompió el molde
Análisis de la Redacción: El balance final de este encuentro altera las proyecciones iniciales de la campaña.
Si bien el debate estuvo marcado por la elusión mutua de respuestas técnicas, el saldo político favorece la percepción de gobernabilidad de Juntos por el Perú. Roberto Sánchez no solo resistió el embate de una experimentada Keiko Fujimori, sino que la obligó a abandonar el plano de las propuestas para refugiarse en una defensa emocional y familiar.
A siete días de las elecciones del 7 de junio, Sánchez ha consolidado su posición como un político con la densidad y el temperamento necesarios para disputar el poder absoluto. El fujimorismo, que esperaba un trámite cómodo para «fulminar» a su rival, se retiró del Centro de Convenciones de Lima sabiendo que el próximo domingo la batalla será voto a voto y frente a un rival de peso.



