Refleja además la brecha en producción científica y la crisis de control político que hoy paralizan a San Marcos
UNMSM. En 1951, al recibir el doctorado honoris causa de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), Albert Einstein dedicó palabras que marcaron la memoria de la Decana de América. El padre de la Teoría de la Relatividad subrayó que la universidad poseía la virtud más alta del saber superior: una vocación viva por la investigación.
Setenta y cinco años después, la realidad contrapone ese juicio histórico. San Marcos no solo se encuentra ausente de los primeros 1,000 puestos del Academic Ranking of World Universities (ARWU) —el prestigioso Ranking de Shanghái—, sino que atraviesa una severa crisis de gobernabilidad interna que compromete su viabilidad académica y científica.

Las apreciaciones sobre San Marcos del Nobel de Física
A modo de disculpa por no poder asistir presencialmente a la ceremonia que lo distinguía con el grado de doctor honoris causa, el galardonado con el Premio Nobel de Física de 1921 envió una misiva en la que felicitaba a la cuatricentenaria casa de estudios por la educación brindada a sus alumnos e inculcarles uno de los ejes más importantes de la formación superior: la investigación.
«Constituye un gran placer para mí el dar a mis colegas de la Universidad de San Marcos las sentidas gracias por la distinción que me ha otorgado. Vuestra acción muestra que la más antigua institución americana de alta enseñanza ha preservado el carácter supranacional de la Universidad. Ahora más que nunca tenemos razones para apreciar este espíritu. La institución de la universidad se basa en el ideal de universalidad del dominio de la investigación, esforzándose por obtener verdades libres de propósitos, intenciones o prejuicios extraños; esforzándose por lograr universalidad de espíritu sin restricciones por motivos nacionales o políticos, de otra clase», señalaba el texto del físico alemán de origen judío, nacionalizado después suizo, austriaco y estadounidense.
La brecha estructural frente al estándar global
La ausencia de la UNMSM y de las casas de estudio peruanas en el Ranking de Shanghái responde a una incompatibilidad de fondo entre el modelo universitario local y las exigencias de la ciencia de élite global. El indicador de Shanghái no mide infraestructura ni volumen de matriculados, sino potencia investigadora bruta mediante criterios inflexibles:
- Inexistencia de indicadores clave (40% del puntaje): Exige la presencia de Premios Nobel o Medallas Fields entre sus filas (20%) y un flujo constante de publicaciones en las revistas Nature y Science (20%), metas fuera del alcance de la producción científica peruana.
- Escasez de investigadores de alto impacto (20%): La presencia de científicos peruanos en las listas globales de investigadores altamente citados (Clarivate) continúa siendo marginal.
- Inversión insuficiente en investigación: La asignación presupuestal para ciencia e innovación en el Perú se mantiene sustancialmente por debajo de la media regional (Brasil, Chile, México), postergando la consolidación de laboratorios y equipamiento de vanguardia.
- Predominio del modelo docente: Históricamente, la universidad peruana ha priorizado la formación profesional de pregrado por encima de la creación de un ecosistema de Research University.

La crisis de control y la parálisis institucional en la Decana de América
A la brecha presupuestal y metodológica se suma un factor determinante: la inestabilidad política e institucional. San Marcos se encuentra sumida en pugnas permanentes por el control de la rectoría y los órganos de gobierno universitario.
- Deterioro de la institucionalidad: Disputas electorales, cuestionamientos a las autoridades de turno y tomas de campus interrumpen con frecuencia la vida académica y administrativa.
- Fuga de talento e incentivos nulos: La falta de una política institucional de largo plazo dificulta la retención de docentes investigadores y la captura de fondos de cooperación internacional.
- Parálisis estratégica: En lugar de orientar sus recursos a la captación de patentes, la publicación en bases indexadas de alto impacto (Scopus / Web of Science) y el desarrollo tecnológico, la gestión universitaria absorbe sus energías en la supervivencia política interna.
La distancia entre la evaluación que hizo Einstein hace 75 años y la coyuntura actual expone el reto central de la universidad: superar el aislamiento de las disputas de poder para reestructurar de raíz su modelo de producción científica.
El factor Jeri Ramón: Cuando el poder asfixia a la ciencia
En el centro de esta tormenta institucional y académica se erige la figura de Jeri Ramón Ruffner, rectora de la UNMSM desde 2021. Lo que en su momento representó un hito —al convertirse en la primera mujer en dirigir la universidad en más de cinco siglos de historia— ha terminado por simbolizar la etapa más cruda de la parálisis sanmarquina.
La presencia de Ramón en el rectorado encarna la desviación definitiva de los objetivos académicos hacia la supervivencia política. Su gestión no es evaluada por un resurgimiento de la investigación que exige el Ranking de Shanghái, sino por una constante turbulencia y polarización: desde su abierta y polémica confrontación contra las reformas de la Sunedu, hasta la anulación de exámenes de admisión y las graves denuncias por destituciones arbitrarias de autoridades opositoras dentro del Consejo Universitario. y Asamblea Universitaria.
Lejos de pacificar o modernizar la institución, las pugnas por consolidar el control interno han desencadenado violentas tomas del campus por parte de estudiantes, quienes rechazan los procesos electorales suspendidos y los presuntos intentos de la rectora por allanar su reelección. Esta inestabilidad mantiene cerrados laboratorios y frena en seco los proyectos científicos que la universidad necesita para competir internacionalmente.
En la actualidad, el mandato de Jeri Ramón es el recordatorio más severo de por qué la UNMSM sigue marginada de la élite académica global. Mientras la máxima autoridad de la institución desgaste sus recursos en atrincherarse en el cargo y dominar el ajedrez político universitario, la «capacidad investigadora» que alguna vez deslumbró al científico más importante, conocido y popular del siglo XX, seguirá sepultada bajo los escombros de la crisis institucional.



