Keiko Fujimori abre puertas para la reanudación de las relaciones peruano-mexicanas

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Elí Joacim del Aguila Tuanama
Elí Joacim del Aguila Tuanamahttp://www.agendapais.com
Periodista, con experiencia en el manejo de medios de comunicación masivos, respaldados por 31 años consecutivos de ejercicio periodístico en Radioprogramas del Perú, RPP (donde ejerció cargos jefaturales desde 1995 hasta el 2013) y siete años como director del periódico digital Agenda País.

Pero, ¿cómo destrabar el nudo diplomático con el gobierno de  Sheinbaum sin dar una señal de debilidad institucional por parte de la justicia peruana?

Keiko Fujimori. Tras meses de congelamiento diplomático y una fuerte polarización, un eventual gobierno de Fuerza Popular apunta al pragmatismo comercial de la Alianza del Pacífico, priorizando la vecindad sobre las discrepancias ideológicas.

El panorama diplomático en América Latina podría estar a las puertas de un viraje significativo. Luego de que las proyecciones y el avance del escrutinio sitúen a la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, en una posición expectante para asumir la presidencia de la República, las señales enviadas desde su cuartel general apuntan a un necesario pragmatismo en las relaciones exteriores.

En un escenario donde coincidiría en la región con la mandataria mexicana Claudia Sheinbaum, Fujimori ha dejado en claro que su postura ante el Gobierno de México será la de tender puentes, dejando atrás el severo enfriamiento y posterior ruptura que marcó la relación bilateral tras la caída de Pedro Castillo y el posterior asilo otorgado a Betssy Chávez.

Keiko Fujimori abre puertas para la reanudación de las relaciones peruano-mexicanas (Foto: Facebook).
Keiko Fujimori abre puertas para la reanudación de las relaciones peruano-mexicanas (Foto: Facebook).

El pragmatismo frente al dogma: La Alianza del Pacífico como eje

Las declaraciones de la lideresa de Fuerza Popular revelan un cambio de estrategia que busca anteponer la agenda económica y comercial a los tradicionales choques ideológicos. Al ser consultada sobre cómo manejaría el distanciamiento con el Gobierno mexicano —que mantuvo una postura sumamente crítica hacia la institucionalidad peruana y defendió la narrativa del encarcelado expresidente Castillo—, la candidata fue enfática en señalar que el ánimo del Perú para el próximo quinquenio será el de fortalecer los lazos de amistad y cooperación con todas las naciones, más allá de las posturas ideológicas que puedan ensanchar distancias.

Este enfoque no es gratuito. Para el Perú, el mercado mexicano no solo representa un socio histórico en términos culturales, sino un aliado estratégico dentro de la Alianza del Pacífico, un bloque comercial que en su momento dinamizó los flujos de inversión en la región y que se vio seriamente paralizado por la retórica política. Al apelar a este espacio de integración, Fujimori ensaya una salida institucional: priorizar los lazos de beneficio mutuo y la diplomacia de Estado por encima de las discrepancias con el partido oficialista mexicano.

Un escenario inédito: Dos mujeres al frente de la región

El análisis de esta eventual normalización diplomática también pasa por un factor simbólico y político de peso: de consolidarse los resultados electorales, Fujimori y Sheinbaum serían las únicas dos mujeres electas para presidir sus respectivos países en el entorno latinoamericano actual. Aunque situadas en las antípodas del espectro político —con una Sheinbaum alineada a la izquierda de la llamada «Cuarta Transformación» y una Fujimori representando a la centroderecha peruana—, la coincidencia temporal abre un espacio para el diálogo de alta política.

La mandataria mexicana había deslizado en meses anteriores que cualquier revisión de la postura azteca respecto al Perú dependería del desenlace de los comicios generales peruanos de este 2026. La respuesta de Fujimori parece recoger el guante, anticipando una gestión que no buscará la confrontación internacional, sino la desactivación de conflictos periféricos para concentrar los esfuerzos en la reactivación económica interna.

¿Qué significa ¿tender puentes?

Para que el eventual gobierno de Keiko Fujimori traduzca el anuncio de «tender puentes» en una normalización diplomática real con México, la futura Cancillería peruana tendrá que diseñar una estrategia de alta costura política. El desafío radica en un dilema complejo: ¿cómo destrabar el nudo diplomático con el gobierno de Claudia Sheinbaum sin claudicar ante las exigencias de la justicia interna peruana ni dar una señal de debilidad institucional?

El análisis de las acciones concretas y los sacrificios políticos que demandaría este proceso revela tres ejes de acción obligatorios:

  1. El dilema de las asiladas y los salvoconductos: El costo más alto

Los casos de Lilia Paredes (esposa de Pedro Castillo) y de la exjefe del Gabinete Betssy Chávez son los verdaderos «puntos de honor» para el gobierno mexicano del partido Morena. Para Ciudad de México, protegerlas fundamenta su narrativa de defensa de los Derechos Humanos; para Lima, ambas responden a mandatos y procesos de la justicia ordinaria por presuntos delitos comunes y de organización criminal.

Claudia Sheinbaum Pardo, presidente de México (Foto: presidente.gob.mx)
Claudia Sheinbaum Pardo, presidente de México (Foto: presidente.gob.mx)

Para reanudar relaciones, el nuevo gobierno tendría que evaluar las siguientes vías:

  • Confirmar el estatus de Lilia Paredes: Dado que la esposa de Pedro Castillo ya se encuentra en territorio mexicano bajo la condición de asilada política, el nuevo gobierno peruano tendría que optar por «enfriar» el reclamo de extradición. Aunque legalmente la Fiscalía de la Nación mantenga el proceso activo, el Ejecutivo puede optar por una diplomacia de baja intensidad, dejando que el caso siga su curso técnico-judicial en los tribunales sin convertirlo en el eje de la agenda presidencial bilateral.
  • El nudo crítico de Betssy Chávez: Este es el escenario más complejo. Al encontrarse Chávez dentro de la legación mexicana en Lima, la entrega de un salvoconducto para que abandone el país hacia México sería interpretada internamente en el Perú como una interferencia o una concesión ante la impunidad. Sin embargo, en el derecho internacional, negar indefinidamente un salvoconducto paraliza cualquier embajada. El nuevo gobierno peruano podría negociar una salida técnica: conceder el salvoconducto bajo una enérgica «reserva de ley», dejando en claro que el Perú no renuncia a su derecho de requerir la extradición futura por los canales correspondientes, pero destrabando el impasse físico que mantiene secuestrada la relación.
  1. Desideologizar y reactivar la Alianza del Pacífico

El segundo paso requiere cambiar el terreno de juego. El nuevo gobierno peruano debe trasladar la discusión desde el debate sobre el golpe de 2022 hacia el beneficio económico mutuo.

  • Convocar a una cita técnica bilateral: Antes de enviar embajadores, las cancillerías deberían reactivar las comisiones de comercio, turismo y cooperación técnica dentro de la Alianza del Pacífico.
  • Garantías a la inversión mexicana: Keiko Fujimori tendría que enviar señales claras de seguridad jurídica a los grandes capitales mexicanos que operan en el Perú (en sectores como telecomunicaciones, manufactura y retail), demostrando que la política exterior peruana regresa a un cauce predecible y pro-mercado.
  1. El retorno progresivo de las misiones diplomáticas

Una reanudación no ocurre de la noche a la mañana. Exige una escala de gestos diplomáticos recíprocos:

  • Paso 1: El beneplácito de los Embajadores. El proceso iniciaría con el nombramiento de diplomáticos de carrera —perfiles estrictamente técnicos y no políticos— para evitar que sus nombres enciendan debates ideológicos en los congresos de ambos países.
  • Paso 2: La foto de las mandatarias. El escenario ideal para sellar el acuerdo sería un foro multilateral (como la cumbre de la APEC o una reunión de la propia Alianza del Pacífico), donde una foto oficial entre Keiko Fujimori y Claudia Sheinbaum marque el «borrón y cuenta nueva» formal, amparado bajo el argumento de la unidad latinoamericana y el liderazgo femenino regional.

El balance de la crítica: Para el Perú, el compromiso de tender puentes con México implicará tragar algunos “sapos” en materia de política interna, especialmente en lo que respecta a las figuras del entorno castillista. El éxito de un eventual gobierno de Fuerza Popular dependerá de su capacidad para explicarle al país que la normalización con un socio comercial de la envergadura de México genera beneficios económicos y geopolíticos que superan largamente el costo político de ceder en los salvoconductos.

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