José María Balcázar lanza radical propuesta: desaparición del recurso de casación

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Elí Joacim del Aguila Tuanama
Elí Joacim del Aguila Tuanamahttp://www.agendapais.com
Periodista, con experiencia en el manejo de medios de comunicación masivos, respaldados por 31 años consecutivos de ejercicio periodístico en Radioprogramas del Perú, RPP (donde ejerció cargos jefaturales desde 1995 hasta el 2013) y siete años como director del periódico digital Agenda País.

José María Balcázar, radical propuesta,  recurso de casación

Sostiene que la casación nació en el país en beneficio exclusivo de los grandes estudios jurídicos de Lima

José María Balcázar. Ad portas de dejar el poder al nuevo Gobierno, el presidente transitorio puso este jueves sobre la mesa una propuesta de alto impacto: la desaparición de las casaciones como las conocemos. Según el mandatario, el actual diseño del Poder Judicial no es solo ineficiente, sino que funciona como un mecanismo centralista diseñado para capturar la riqueza litigiosa de las regiones en beneficio exclusivo de los grandes estudios jurídicos de Lima.

El presidente hizo uso de la palabra en el marco del X Consejo de Estado Regional que se desarrolla en el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN), en Chorrillos, evento en el que se coordinan acciones de prevención en los 796 distritos del país declarados en emergencia por 60 días ante el peligro inminente de intensas precipitaciones pluviales asociadas al Fenómeno de El Niño 2026-2027.

¿Qué es la casación y cuál es su fin teórico?

Técnicamente, el recurso de casación es una herramienta procesal extraordinaria. Su objetivo no es revisar los hechos del juicio —es decir, no es una «tercera instancia» para discutir quién tiene la razón—, sino verificar que los jueces de instancia hayan interpretado y aplicado la ley correctamente. En teoría, su función es unificar la jurisprudencia nacional, asegurando que la ley se aplique igual en Tumbes que en Tacna, y corregir errores jurídicos graves.

Sin embargo, en la práctica peruana, esta herramienta se ha convertido en un cuello de botella. Los litigantes, agotados tras años de procesos en sus respectivas regiones, ven en la casación su última oportunidad, convirtiendo a la Corte Suprema de Lima en un tribunal saturado que decide el destino de casos que, bajo una lógica descentralizada, deberían haber concluido años atrás.

La tesis del presidente: Un diseño para el privilegio capitalino

¿Qué es lo que dijo el presidente?: «[…] que esos juicios, como les digo, terminen en cada región, en cada Corte Superior. ¿Por qué tienen que ser casaciones? Las casaciones, para el conocimiento de algunos de ustedes que no son abogados, se hicieron para los grandes estudios jurídicos de Lima, para ‘jalarse’ los grandes procesos de provincias, nada más. No está escrito, pero eso es cierto. Yo estaba en el sistema, de tal manera que no hay ninguna razón para pensar que la justicia termine en la Corte Suprema. Hoy en el Perú ya no sabemos dónde gana uno, si en el Poder Judicial pasando tantos años o termina ganando en el Tribunal Constitucional. Todas esas circunstancias de incertidumbre hacen, entonces, que apostemos por una verdadera regionalización administrativa, económica, política, financiera, etc.»

Más allá de la teoría jurídica, Balcázar sostiene una tesis pragmática sobre el origen y la persistencia de este modelo: las casaciones nacieron como un sistema de «embudo judicial».

Para el presidente, el sistema fue arquitectónicamente diseñado para que el poder de decisión se concentre en Lima. Al establecer que los procesos más complejos y cuantiosos terminen en la capital, se genera una necesidad imperativa de contar con los «grandes estudios jurídicos» radicados en Lima, los únicos con la influencia y presencia física para navegar los pasillos de la Corte Suprema.

«Las casaciones se hicieron para los grandes estudios de Lima, para jalarse los grandes procesos de provincias», sentenció Balcázar. Bajo su óptica, este diseño es el responsable de que el litigante de provincia se vea forzado a abandonar su región, incurriendo en gastos y demoras que, en muchos casos, terminan favoreciendo a quien tiene mayor capacidad económica para sostener el juicio en la capital.

La descentralización judicial como parte de un modelo integral

La propuesta de Balcázar busca transformar radicalmente esta arquitectura:

  • Terminalidad regional: Los juicios deben concluir en las Cortes Superiores de cada región, evitando la derivación centralista a Lima.
  • Nueva Corte Suprema: Propone que la Corte Suprema sea una verdadera instancia de casación técnica, similar al modelo estadounidense, reservada para casos de trascendencia nacional, y no una estación de paso obligatoria que genera años de incertidumbre para el ciudadano común.
  • El presidente Jose María Balcázar acompañado del jefe del Gabinete Ministerial, Luis Arroyo, se coordinan acciones de prevención frente al Fenómeno de El Niño. (Foto: Presidencia de la República).
    El presidente Jose María Balcázar acompañado del jefe del Gabinete Ministerial, Luis Arroyo, se coordinan acciones de prevención frente al Fenómeno de El Niño. (Foto: Presidencia de la República).

Potenciar las regiones: Más allá del discurso

El presidente enfatizó que esta reforma judicial es inseparable de una «verdadera regionalización administrativa, económica, política y financiera». Balcázar fue claro al señalar que no basta con la intención; es imperativo reglamentar con precisión las funciones de los gobiernos regionales para que la descentralización sea efectiva.

«Hay que potenciar el gobierno regional, pero para eso necesitamos también los presupuestos correspondientes», subrayó, indicando que el país atraviesa una etapa donde la legislación descentralista debe fortalecerse, no retroceder. En este sentido, instó a avanzar en proyectos equitativos, como el canon agrario para zonas agroexportadoras, y a mejorar el diálogo entre regiones para resolver conflictos limítrofes y de inversión sin necesidad de que el Congreso intervenga constantemente por falta de consenso local.

Para el mandatario, la realidad del Perú —tan diversa en sus pisos ecológicos, costumbres e idiosincrasias— exige que el Estado deje de ser gobernado exclusivamente desde Lima. La descentralización, afirmó, debe «contundizarse sí o sí», entendiendo que la justicia, al igual que el presupuesto y las decisiones políticas, debe estar al servicio de las regiones y no subordinada a los intereses de la capital.

 

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