En distritos alejados del mar como La Molina, Ate, Santa Anita y San Juan de Luriganch, la temperatura llegará hasta 27 °C
Invierno 2026. El inicio del invierno 2026 en el Perú no será convencional. Bajo la influencia del Fenómeno El Niño (FEN), tanto en su variante costera como global, el país enfrenta un escenario climático alterado, caracterizado por temperaturas inusualmente elevadas que desafían los patrones habituales de la estación.
El escenario en Lima y el Perú
Según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), las temperaturas del aire se mantendrán significativamente por encima de sus valores normales, con anomalías que podrían alcanzar los +5°C.
En Lima Metropolitana, el contraste será notable. Mientras que en los distritos costeros las temperaturas oscilarán entre 17 °C y 23 °C, en las zonas alejadas del litoral —como La Molina, Ate, Santa Anita y San Juan de Lurigancho— el termómetro podría registrar máximas de hasta 27 °C.
A pesar de la mayor frecuencia de brillo solar durante el día, se mantendrán las neblinas y lloviznas características de las noches y primeras horas de la mañana.
A nivel nacional, el panorama es complejo. Mientras la costa norte y centro registrarán temperaturas cálidas y probabilidades de lluvias superiores a lo normal, las zonas altoandinas (por encima de los 3500 m s. n. m.) seguirán enfrentando el rigor de las heladas meteorológicas propias de la temporada.

El Niño a Escala Global: Un Desafío Climático
El Fenómeno El Niño no es un evento aislado; es una alteración climática de alcance mundial impulsada por el calentamiento de las aguas del Pacífico central. A medida que este evento alcanza una intensidad fuerte, sus consecuencias trascienden fronteras:
- Alteraciones en los ecosistemas: El calentamiento marino afecta la biodiversidad, desplazando especies marinas y alterando las cadenas alimenticias, lo que impacta directamente en la pesca artesanal e industrial.
- Seguridad alimentaria y agricultura: A nivel global, las variaciones extremas en las precipitaciones —sequías prolongadas en ciertas regiones e inundaciones devastadoras en otras— ponen en riesgo la producción agrícola mundial, encareciendo los costos de los alimentos.
- Impacto en la salud: La mayor frecuencia de días despejados y altas temperaturas en la costa peruana eleva los índices de radiación ultravioleta a niveles «extremadamente altos» (valores de 3 a 12), incrementando el riesgo de enfermedades dermatológicas y oculares en la población.
- Economía y gestión de riesgos: Países vulnerables, como el Perú, enfrentan la necesidad urgente de fortalecer su infraestructura ante la posible ocurrencia de lluvias intensas, considerando que las proyecciones indican que este fenómeno persistirá hasta el verano de 2027.

La Comisión Multisectorial del ENFEN mantiene la “Alerta de El Niño Costero”, advirtiendo que el evento podría alcanzar su máxima intensidad antes de concluir el 2026.
Ante este panorama, la ciencia nos brinda la hoja de ruta, pero es nuestra acción colectiva la que marcará la diferencia. No somos espectadores pasivos de este cambio climático; somos los protagonistas de nuestra propia seguridad.
La adaptación no es solo una tarea de las autoridades, sino un compromiso diario que empieza en cada hogar: desde proteger nuestra piel ante niveles de radiación extremadamente altos hasta estar atentos a las alertas tempranas y recomendaciones oficiales para asegurar el bienestar de nuestras familias.
Este invierno inusual es un llamado a la resiliencia y a la responsabilidad compartida. Mantenernos informados a través de fuentes confiables, cuidar nuestros recursos y acatar las medidas preventivas no solo nos ayudará a sortear los efectos de este Fenómeno El Niño, sino que nos permitirá enfrentar unidos los desafíos de una realidad climática que, aunque incierta, podemos gestionar con prudencia y preparación.
Hagamos de la prevención nuestra mejor aliada para atravesar estos meses con tranquilidad y seguridad.



