Chile: sólo la eficacia de los resultados de su gestión frenará el bloqueo parlamentario
Chile. Para sortear la falta de una mayoría parlamentaria propia, el gobierno de José Antonio Kast ha diseñado una estrategia centrada en el hiperpresidencialismo administrativo. En términos sencillos, el Ejecutivo busca maximizar todas las facultades que le otorga la Constitución para gobernar mediante decretos, reglamentos e instrucciones que no requieren la aprobación previa del Congreso.
En este nuevo periodo de gobierno (2025-2030), la relación entre el Ejecutivo de José Antonio Kast y el Congreso Nacional chileno es el punto de mayor fricción política: ninguna fuerza política posee mayoría absoluta, lo que obliga a un escenario de negociación constante o de enfrentamiento

El mapa parlamentario (2026-2030)
Derecha (Partido Republicano + Chile Vamos): Es la fuerza más cohesionada, pero no alcanza la mayoría absoluta en ninguna de las dos cámaras para aprobar reformas estructurales sin votos adicionales.
Oposición (Centro y Centroizquierda): Aunque dispersos en varios partidos, poseen la capacidad de bloquear reformas si logran articular una postura común o si el Partido de la Gente (PDG) decide no apoyar las iniciativas del Ejecutivo.
El Congreso como «Pivote»: Con una Cámara de Diputados integrada por representantes de más de 20 partidos, el gobierno de Kast no puede garantizar la aprobación de ninguna ley solo con los votos de su propio sector.

Fórmula para evitar la parálisis
Esta fórmula se basa en cuatro pilares tácticos que el nuevo presidente de Chile puso en marcha desde el miércoles 11, primer día de su administración. Estos son los pilares:
El uso intensivo de decretos y facultades ejecutivas
Kast está utilizando el andamiaje jurídico vigente para bypassear el debate legislativo siempre que sea posible.
Gobierno de Emergencia: Mediante el concepto de «emergencia», justifica medidas de choque (como el cierre de fronteras o auditorías internas) que se ejecutan a través de decretos presidenciales.
Simplificación de trámites: Ha instruido a diversos ministerios (como Medio Ambiente) a modificar reglamentos internos para agilizar la entrega de permisos, buscando destrabar proyectos de inversión sin necesidad de una nueva ley.
Gestión centralizada y perfiles técnicos
El gabinete, compuesto predominantemente por figuras sin militancia política o perfiles altamente técnicos (como el caso del Ministerio de Hacienda), busca dos objetivos: Eficiencia operativa (evitar los «lotes» o disputas partidarias dentro de la coalición que podrían frenar la gestión e Imagen de gestión (presentarse ante la ciudadanía como un gobierno que hace la tarea y se enfoca en resultados técnicos, con lo que busca presionar a los parlamentarios de oposición para que no se opongan a temas como seguridad o reactivación económica.
La «Pinza» estratégica con el centro

Aunque no tiene mayoría, el oficialismo busca construir acuerdos tácticos mediante una «pinza» política:
Presión ciudadana: Al apelar directamente a las preocupaciones de la población (seguridad, economía), Kast intenta que los parlamentarios de oposición o independientes teman el costo político de bloquear medidas populares.
Negociación selectiva: La estrategia es fragmentar a la oposición buscando apoyos caso a caso en sectores moderados (UDI, RN, Demócratas y parte del PDG), en lugar de intentar construir una coalición legislativa permanente y formal.
Auditoría como herramienta de control
El instructivo de «Auditoría Total» al Estado funciona como una herramienta de poder:
Permite identificar y denunciar irregularidades de la administración anterior, lo que deslegitima políticamente a la oposición y le otorga al gobierno un escudo moral para sus propias reformas.
Centraliza el poder en la Presidencia, ya que todas las instituciones deben reportar directamente a La Moneda, reduciendo la autonomía de las subsecretarías y servicios públicos.

¿Es sostenible?
El riesgo de esta estrategia es el desgaste institucional. Gobernar mayoritariamente por decreto es eficiente en el corto plazo, pero si el Congreso se siente sistemáticamente ignorado, puede responder mediante:
Acusaciones constitucionales contra ministros clave.
Bloqueo presupuestario en la próxima Ley de Presupuestos.
Judicialización de los decretos, donde los tribunales podrían frenar medidas que consideren que exceden las facultades del presidente.
En conclusión, Kast ha optado por un estilo de gobierno que prioriza la acción ejecutiva inmediata sobre el consenso legislativo tradicional, apostando a que la eficacia de sus resultados le dará el capital político necesario para evitar un bloqueo parlamentario total.

