El historial de alianzas en la Mesa Directiva contradice el discurso de campaña de la candidata fujimorista
¿Por qué los políticos no son sinceros, transparentes ni diáfanos con sus propias posturas? ¿Tiene Keiko Fujimori la necesidad de levantar un falso para convencer a cierto electorado de que la «izquierda radical» es el enemigo del Perú, cuando en la actual Mesa Directiva del Congreso su partido, Fuerza Popular, comparte funciones con el máximo representante en libertad de esa agrupación, Waldemar Cerrón Rojas, hermano del prófugo Vladimir Cerrón?
Los hechos:
- El pragmatismo del «Bloque Democrático»
Desde 2023, la alianza conocida como el «Fujicerronismo» ha sido la base operativa en el Congreso. Fuerza Popular y Perú Libre han compartido la Mesa Directiva de forma consecutiva:
- Gestión 2023-2024: Alejandro Soto (APP), Hernando Guerra García (FP) y Waldemar Cerrón (PL).
- Gestión 2025-2026: José Jerí (Somos Perú), Fernando Rospigliosi (FP) y, nuevamente, Waldemar Cerrón (PL).
Esta convivencia permitió a ambos partidos controlar la agenda legislativa, la elección de magistrados del Tribunal Constitucional y la Defensoría del Pueblo, las leyes que favorecen a la criminalidad, entre otras. Sin embargo, en campaña, esta «sociedad de conveniencia» se vuelve un pasivo político que Fujimori intenta borrar con retórica confrontacional.

- Estrategia de campaña: el «miedo» como movilizador
En el Perú, el antivoto es más determinante que el voto a favor. Al señalar a la izquierda como el enemigo absoluto, pretende dos efectos:
- La polarización: Reeditar el escenario de 2021 (lucha de modelos).
- El aglutinamiento de la derecha: Atraer al electorado de Rafael López Aliaga y sectores conservadores, presentándose como la única «barrera» real, a pesar de sus pactos bajo la mesa.
- La fractura reciente con el «Gobierno de Transición»
El panorama cambió tras la destitución de José Jerí y la llegada de José María Balcázar (cercano a facciones de izquierda) a la presidencia del Congreso. Fujimori ha calificado este avance como un «peligro», culpando incluso a sus antiguos aliados de derecha por permitir que la izquierda tome control institucional en el tramo final hacia las elecciones.
- La distinción entre «Izquierda radical» y «socio legislativo»
Fuerza Popular maneja una narrativa dual:
- En el discurso: La «izquierda radical» es sinónimo de estatismo, candados para la privatización de Petroperú y vínculos subversivos.
- En la práctica: Perú Libre es un actor con el que se «negocia» para mantener la estabilidad del Congreso y evitar adelantos electorales que no convenían a ninguna de las dos bancadas.

La Ética: El Cimiento de la Legitimidad
Más allá del escenario electoral, queda en evidencia la escasa importancia que los políticos dan a los valores ético.
- La Mentira como «Estrategia de Supervivencia» parece haberse normalizado la premisa de que «el fin justifica los medios»;
- El costo de la incoherencia: Llamar «enemigo» a quien fue su aliado administrativo insulta la inteligencia del electorado.
- Consecuencia: Se erosiona la confianza. Si no se puede creer en la palabra de un candidato hoy, ¿cómo creer en sus promesas de campaña?
- ¿Es la Verdad Desplazable?; Estamos ante una «política de post-verdad» donde el relato importa más que el dato. La falta de sanción social sugiere que, como sociedad, hemos bajado la vara ética, aceptando la mentira como un «mal necesario».
- Autoridad Moral; La legitimidad no solo viene de los votos; nace de la autoridad moral. Un gobierno que surge de una mentira de campaña (negar alianzas u ocultar planes) es un gobierno frágil. En un país fragmentado, la verdad es el único puente posible para generar consensos. Sin ella, solo queda la imposición o el reparto de cuotas de poder bajo la mesa.
Es necesario precisar que el uso del miedo como herramienta de movilización («el enemigo es la izquierda») mientras se comparte el poder con ella en la Mesa Directiva, revela un cinismo institucionalizado. Esta disonancia cognitiva que se le impone al ciudadano termina por erosionar los cimientos de la legitimidad. Un gobierno que se construye sobre una base de engaño nace herido de muerte en su autoridad moral, incapaz de generar los consensos que un Perú fragmentado exige para salir de su parálisis.
