Loreto, con un 41.5 % de ausentismo, encabeza la lista, seguido por Amazonas (37.7 %) y Huancavelica (35.8 %).
ONPE. El país experimentó una recuperación notable en la afluencia ciudadana a las urnas en las Elecciones Generales (EG) 2026, de acuerdo con el reciente estudio “Analítica Electoral n.° 1: Participación electoral EG 2026: ciudadanía, territorios y miembros de mesa”, publicado por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Este fenómeno, si bien es positivo, no es homogéneo; revela profundas brechas estructurales que exigen una mirada crítica sobre la geografía de la participación.
El panorama nacional: Un repunte hacia la normalidad
El dato central del informe es la reducción del ausentismo electoral a nivel nacional, que pasó de un 28 % en las elecciones del 2021 a un 24 % en el presente año.
Este descenso de 4 puntos porcentuales es interpretado por los especialistas de la ONPE como un retorno a los niveles de participación observados en la era pre-pandemia.
Tras los años de incertidumbre, restricciones y temores derivados de la crisis sanitaria por el COVID-19, el ciudadano peruano ha retomado, en mayor medida, su compromiso cívico.
No obstante, una reducción del 4 % sugiere que, aunque hay mejoría, persisten barreras significativas que impiden el ejercicio pleno del derecho al voto.
La geografía de la ausencia: Desigualdades estructurales
El análisis territorial desglosa una realidad donde el desarrollo humano y la presencia estatal juegan un rol determinante. Las regiones amazónicas y las provincias fronterizas siguen siendo las zonas con mayor tasa de inasistencia.
Loreto, con un 41.5 % de ausentismo, encabeza la lista, seguido por Amazonas (37.7 %) y Huancavelica (35.8 %).
La situación se vuelve crítica al analizar el nivel provincial: Putumayo (Loreto) registró un 66.5 % de inasistencia, mientras que Purús (Ucayali) alcanzó un 61.7 %.
Estas cifras no son producto de la apatía, sino de factores estructurales: la inmensidad de las distancias, la precariedad del transporte y la carencia de servicios públicos básicos dificultan que los ciudadanos lleguen a sus centros de votación.
En contraste, ciudades con mayor conectividad y densidad urbana como San Román, Arequipa, Tacna, Cañete y Chincha presentan los niveles más bajos de inasistencia, evidenciando que la «accesibilidad» es, en esencia, la variable que define el éxito de una jornada electoral.

El fenómeno de Lima: Una paradoja urbana
Lima Metropolitana también experimentó una reducción en su tasa de ausentismo, pasando de 24 % a 20 %. Sin embargo, el estudio identifica un comportamiento contraintuitivo: distritos con altos niveles de desarrollo humano y robusta presencia estatal, tales como Miraflores y San Isidro, reportan niveles de ausentismo superiores a los observados en las zonas de Lima Este y Lima Sur.
Esta tendencia sugiere que, en contextos urbanos acomodados, la inasistencia podría responder a lógicas de movilidad geográfica o desinterés facultativo, diferenciándose claramente de la inasistencia por «exclusión» que ocurre en el interior del país.
Políticas de acercamiento y factores etarios
Un pilar fundamental de la estrategia de la ONPE ha sido la instalación de mesas de sufragio en centros poblados, una iniciativa que busca mitigar el costo del traslado para las poblaciones más alejadas.
Desde el 2006, esta política ha crecido exponencialmente: de 99 centros poblados atendidos a 1,913 en 2026, con un incremento de mesas de 449 a 4,700. Gracias a esta estrategia, más de 1.1 millones de peruanos tuvieron el derecho al voto mucho más cerca de sus hogares.
A pesar de estos avances, el estudio resalta que la edad es un factor determinante. Los distritos con mayor proporción de personas mayores de 70 años muestran una inasistencia más alta, lo cual es previsible dado que, para este grupo, el voto es facultativo.
Este punto abre un debate sobre la necesidad de implementar mecanismos de asistencia logística especial para nuestros adultos mayores, asegurando que su deseo de participar sea respaldado por facilidades adecuadas.

Compromiso cívico: El rol de los miembros de mesa
Finalmente, la gestión de las mesas de sufragio alcanzó un hito importante en 2026 mediante la ampliación del sorteo de miembros de mesa suplentes (de tres a seis por mesa).
Esta medida permitió alcanzar una participación del 64.6 %, reduciendo drásticamente la dependencia de los electores de la fila para instalar los centros de votación.
Es, además, digno de mención que las mujeres han liderado este compromiso en todo el territorio nacional, registrando sistemáticamente niveles de participación como miembros de mesa superiores a los de los hombres, consolidándose como el motor operativo de nuestras jornadas democráticas.
En conclusión, el proceso electoral 2026 es un reflejo de un país que avanza en su recuperación cívica, pero que todavía debe saldar la deuda pendiente con la accesibilidad territorial y la equidad en el desarrollo humano.
La información detallada en «Analítica Electoral n.° 1» se constituye en una herramienta técnica indispensable para futuras reformas que busquen una democracia más cercana, inclusiva y eficiente.



