El extitular de JP pide ahora voltear la página no por un afán de estadista, sino por la ejecución de una victoria táctica
Yehude Simon aprovechó una visita a Keiko Fujimori para dejar en claro, sin decirlo explícitamente, que Roberto Sánchez ya es una figura del pasado. Sugirió que cualquier acción política que este último pueda desarrollar, ante el no reconocimiento del próximo gobierno, debería ser reemplazada por el esfuerzo de la reconciliación con los hermanos del sur, a fin de generar confianzas.
Veamos el contexto de sus palabras, pronunciadas con evidente molestia ante la pregunta de un periodista sobre un llamado a la reflexión a Roberto Sánchez: “Es que yo creo que no es hora de hablar de Roberto Sánchez, es hora de hablar del nuevo gobierno y es hora de hablar de algo que ella dijo con mucha fortaleza: ella manifestó que va a gobernar para todos, incluso que hablará con sus rivales, que no son rivales, y que tenemos que hacer el esfuerzo de la reconciliación, trabajar con los hermanos del sur y generar confianzas”.
Párrafo inicial
«En la política peruana, lo que no se dice suele ser mucho más revelador que lo que se vocifera ante los micrófonos. Yehude Simon lo sabe mejor que nadie. Al ser consultado sobre Roberto Sánchez, el político reaccionó con un visible malestar, refugiándose rápidamente en un discurso prefabricado sobre la ‘reconciliación’ y la urgencia de enfocarse en el nuevo gobierno.
Pero no nos equivoquemos: cuando Simon pide ‘pasar la página’ y evitar hablar de su antiguo socio, no está dando una lección de estadista; está ejecutando una victoria táctica. Para Simon, el discurso de la unidad nacional es hoy el mejor vehículo para sellar, de una vez por todas, la derrota de quien —según su propia narrativa— le arrebató el partido. La supuesta ‘reconciliación’ tiene, en este caso, un nombre: revancha.»

Mas argumentos
Resulta cuando menos irónico escuchar a Simon invocar la necesidad de ‘generar confianzas’ con el sur del país, mientras utiliza el mismo espacio (en este caso el frontis del local partidario de San Isidro de Fuerza Popular) para intentar invisibilizar a un rival interno que, hasta hace poco, fue el eje de su propia tormenta política.
Al declarar que ‘no es hora de hablar de Roberto Sánchez’, Simon no está superando el conflicto; está aplicando la técnica de la deslegitimación por omisión. Al quitarle a Sánchez el rango de interlocutor —negando su existencia en la agenda pública—, Simon intenta convencer que su adversario ha dejado de ser relevante.
Esta postura no nace de una virtud democrática, sino de un ajuste de cuentas. La incomodidad de Simon al responder no es producto de la prisa por atender los temas del Estado, sino del peso de una disputa que él mismo ha alimentado.
Hoy, al felicitar al nuevo gobierno, Simon celebra, sobre todo, la caída de Sánchez. La reconciliación que él predica es selectiva, y su silencio sobre el personaje a quien considera un ‘traidor’ es, en realidad, el grito de triunfo de quien ha logrado desplazar a su enemigo de la mesa principal.
La ofensiva verbal de Simon contra Sánchez
Durante la última campaña electoral, tanto en primero como en 2da Vuelta, Yehude Simon, utilizó la radio y la revisión, prensa escrita además de los espacios en redes sociales para atacar con virulencia al candidato, de quien llegó a decir “A Roberto Sánchez quiero que quede bien claro: no lo odio, lo desprecio. Ya que son dos cosas diferentes”.
Los ataques en el pasado reciente
Aquí la relación de acusaciones recurrentes que Yehude Simon utilizó contra el candidato de Juntos por el Perú durante la campaña electoral.
«Traidor» / «La traición»: El término central de su discurso, utilizado para estigmatizar a Sánchez tras la disputa por el control de la personería y el nombre del partido Juntos por el Perú.
- «Usurpador de siglas»: Acusación recurrente sobre el hecho de haberle «arrebatado» o «secuestrado» el partido que Simon consideraba su patrimonio político.
- «Falta de lealtad»: Simon solía cuestionar la ética de Sánchez, sugiriendo que su ascenso fue producto de una maniobra desleal aprovechando las debilidades internas del partido.
- «Ingratitud política»: En diversos momentos, insinuó que Sánchez había «olvidado quién le dio la oportunidad» de destacar en el escenario político.
- «Desconocimiento de la historia del partido»: Argumento utilizado para deslegitimar a Sánchez como un advenedizo que no representaba los ideales fundacionales de la agrupación, a diferencia de Simon.
- «Aliado de la improvisación»: Durante la campaña, Simon intentó proyectar que el equipo de Sánchez era un grupo sin estructura, minimizando su capacidad de gestión al compararla con su propia trayectoria.
- Una veleta: “Uno no sabe si es de izquierda, de derecha, de centro o es él mismo. Se sabe mimetizar en función con quién conversa, con quién dialoga, o sea, en función del poder”.
- Usurpa el nombre de Pedro Castillo: “Él está asumiendo la identidad, la personalidad de Castillo y no es Castillo. Él quiere llegar al poder con los votos de Castillo. Si realmente representara a Castillo, hubiera votado contra la vacancia que le hicieron. No se habría desmarcado de lo que ocurrió. Fue parte del golpe, o en todo caso lo que ellos pensaban hacer”.



