Venció 2-0 a Junior de Barranquilla en el estadio de Matute, autorizado como sede provisional
Sporting Cristal parece ser un equipo con dos almas esta temporada. Mientras que en la Liga local el equipo rimense ha mostrado irregularidades que han generado dudas en su hinchada, cuando suena el himno de la Copa Libertadores, el conjunto de Zé Ricardo se transforma.
La noche del martes 28 de abril fue la prueba definitiva de esa metamorfosis: un triunfo sólido por 2-0 ante Junior de Barranquilla que no solo otorga tres puntos, sino que envía un mensaje de jerarquía a todo el continente.
Paciencia táctica en el coloso de La Victoria
El escenario fue el Estadio Alejandro Villanueva. Ante la imposibilidad de usar su recinto habitual, la directiva rimense gestionó con éxito una autorización expresa de la Conmebol para mudar su localía a Matute, un escenario que lució un marco imponente, aunque con asistencia discreta de su aficionado.
El primer tiempo fue un ejercicio de ajedrez táctico. Junior, fiel al estilo colombiano, priorizó el orden defensivo y la posesión segura, neutralizando los intentos de un Cristal que buscaba pero no encontraba la llave del gol.
Los primeros 45 minutos finalizaron con un 0-0 que reflejaba un respeto mutuo, con pocas ocasiones claras de gol y mucha fricción en la mitad del campo. Sin embargo, en el vestuario, Zé Ricardo supo leer que el partido pasaba por la resistencia física y la precisión en velocidad.
El complemento: La hora de los goles
La segunda mitad fue una historia distinta. A los 52 minutos, la grada explotó. Tras una jugada elaborada por bandas, Santiago González encontró el espacio justo para batir la portería barranquillera. El 1-0 no fue casualidad, sino el premio a la insistencia de un equipo que decidió tomar el protagonismo total del encuentro.
Con la ventaja, Cristal no se refugió. Supo sufrir cuando Junior adelantó sus líneas, pero mantuvo la estructura. La estocada final llegó en el suspiro del partido. A los 90+1’, cuando los colombianos estaban volcados al ataque buscando el empate, Catriel Cabellos coronó una actuación individual notable marcando el 2-0 definitivo. Un gol que cerró las puertas a cualquier intento de remontada y aseguró que los puntos se quedaran en casa.
La campaña en números: Un contraste evidente
Lo que más llama la atención de este Sporting Cristal es la diferencia de rendimiento entre el torneo local y la Libertadores. Los números en el certamen continental son, hasta ahora, el refugio de un proceso que cree en la competitividad internacional:
- Puntaje perfecto de Local: Cristal ha sabido hacer de Lima un fortín inexpugnable, algo que le ha faltado en el torneo doméstico.
- Eficiencia goleadora: Mientras en la Liga sufre para capitalizar las ocasiones, en la Libertadores ha mostrado una efectividad envidiable, anotando en momentos clave de los partidos.
- Solidez defensiva: Mantener el arco en cero ante un rival con el peso ofensivo de Junior habla de un orden táctico que el equipo parece reservar para las noches de gala.
Con esta victoria, el equipo suma tres unidades vitales que lo colocan temporalmente en el primer lugar del Grupo F. Además del éxito deportivo, la institución se beneficia del incentivo económico por «mérito deportivo» que otorga la Conmebol por cada partido ganado en esta fase, un alivio financiero que premia la ambición del club.
Sporting Cristal ha dado un paso firme. La deuda sigue estando en el torneo local, donde la regularidad es la gran materia pendiente, pero en la Copa Libertadores, los dirigidos por Zé Ricardo están escribiendo una historia de autoridad. Si el equipo logra trasladar esta solidez internacional a su día a día, estaremos ante un plantel capaz de pelear en todos los frentes. Por ahora, la “fuerza Cristal” celebra: Cristal manda en su grupo y el sueño de los octavos de final está más vivo que nunca.
