lunes, mayo 18, 2026
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Los mítines: ¿porque los cierres de campaña no son ni la sombra del pasado?

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¿Qué pasó para que las manifestaciones de poder político se hayan convertido hoy en producciones de televisión o contenido para redes?

Los mítines de cierre de campaña que observamos en estos días no son más que la expresión de la más absoluta orfandad popular y la desconexión que tienen los partidos políticos con sus votantes. Las 36 agrupaciones políticas, es estos últimos días, han mostrado que están lejos, muy lejos, de aquellos mítines de antaño que más que eventos políticos comunes, eran verdaderos fenómenos sociales y urbanos que paralizaban la ciudad, en medio de un ambiente de festival popular, rito cívico y demostración de fuerza absoluta.

¿Qué ha pasado para que esa fiesta de la democracia y esa mística de la plaza llena, donde el asfalto retumbaba con el paso de los simpatizantes, haya dejado de ser «la voz de la calle» para convertirse en piezas de producciones de televisión o contenido para redes?. En que momento el ciudadano pasa de ser un actor militante en la plaza a ser un espectador pasivo frente a una pantalla? Ha ganado en «alcance digital», pero ha perdido la piel, el grito y la convicción de la calle.

Aquellos mítines de antaño no eran eventos políticos comunes; eran verdaderos fenómenos sociales y urbanos que paralizaban la ciudad. Para quienes lo vivieron o lo cubrieron, el ambiente era una mezcla de festival popular, rito cívico y demostración de fuerza absoluta.

En agendapais con la ayuda de la IA hemos querido fundamentar las razones por las que hoy los mítines de cierre de campaña no son ni la sombra de lo que fueron:

Víctor Raúl Haya de la Torre preside mitín (Foto: El Peruano).
Víctor Raúl Haya de la Torre preside mitín (Foto: El Peruano).
  1. El fin de los «Partidos de Masas»

En el siglo XX, partidos como el APRA, el PPC o la Izquierda Unida tenían una estructura orgánica. Existían los comités, las bases distritales y una militancia que sentía el partido como una religión.

  • Antes: La gente iba al mitin por convicción y pertenencia.
  • Hoy: Los partidos son, en su mayoría, «vientres de alquiler» o vehículos electorales temporales. Sin militancia real, no hay quien llene la plaza de forma espontánea.
  1. La Oratoria frente al «Algoritmo»

El mitin de cierre era el examen final del líder. Figuras como Víctor Raúl Haya de la Torre, Fernando Belaunde, Alfonso Barrantes, Luis Bedoya Reyes,  Alan García, entre otros, eran oradores que sostenían la atención de 100,000 personas durante una hora solo con la voz y el gesto.

  • El cambio: Hoy los candidatos no son necesariamente líderes carismáticos, sino productos de marketing. Es más seguro para ellos grabar un video de 30 segundos con frases ensayadas que enfrentarse a una plaza abierta donde cualquier error de oratoria se paga caro.
  1. El costo de oportunidad y la pauta digital

Organizar un mitin en la Plaza Dos de Mayo, en el Campo de Marte, en la Plaza San Martín o el Paseo de los Héroes Navales es sumamente costoso: estrados, sonido, seguridad, transporte de simpatizantes y permisos municipales.

  • La lógica actual: Los asesores de campaña prefieren invertir ese dinero en segmentación de anuncios. Consideran que un «live» de Facebook que llega directamente al celular del elector indeciso es más efectivo y barato que movilizar a miles de personas que, probablemente, ya están convencidas de votar por ellos.
  1. El rechazo y la «Vergüenza» Social

La política ha descendido a niveles de popularidad ínfimos.

  • La barrera social: Antes, decir «voy al mitin de mi partido» era un motivo de orgullo. Hoy, ante la percepción de corrupción generalizada, asistir a un cierre de campaña es visto por muchos como algo sospechoso o propio de «portátiles» (gente pagada). Ese estigma aleja al ciudadano independiente que antes iba a la plaza por curiosidad democrática.
  1. La transformación del espacio público

Lima ha cambiado. Las restricciones municipales por seguridad y el caos vehicular hacen que tomar el Centro Histórico sea una pesadilla logística. Los candidatos prefieren ahora cierres descentralizados, en locales cerrados o canchitas de fútbol en la periferia, donde es más fácil dar la impresión de que «está lleno» con solo en el mejor de los casos 500 personas, algo que en la inmensidad de la Plaza San Martín se vería como un fracaso total.

En definitiva, los mítines han pasado de ser un acto de fe colectiva a ser simplemente un insumo para el noticiero de la noche o en defecto una transmisión en vivo de la plataforma de Facebook.  La multitud ya no es el objetivo, sino la foto que parezca que hay multitud.

¿Por qué la «orfandad popular»?

El descenso en la popularidad y la falta de gente en las plazas responde a un fenómeno multicausal:

  1. La crisis de representación: El nivel de aprobación de la clase política está en mínimos históricos. El ciudadano siente que el político no lo representa, por lo que el esfuerzo de movilizarse hasta el centro de la ciudad ya no tiene sentido emocional.
  2. La «comodidad» de las redes sociales: Las redes no son las únicas culpables, pero han cambiado las reglas de juego. Hoy, un equipo de campaña prefiere invertir en pauta digital en TikTok o Facebook para llegar a 100,000 personas en sus teléfonos que gastar una fortuna en buses y estrados para reunir a 5,000 en una plaza.
  3. La fragmentación del electorado: Antes había tres o cuatro partidos fuertes. Hoy, con decenas de candidatos, el voto está tan atomizado que ninguno tiene la «masa crítica» necesaria para llenar una plaza histórica de forma natural.
  4. Inseguridad y logística: El centro de Lima es hoy un espacio mucho más restringido y difícil de transitar. Muchas campañas optan por cierres descentralizados o eventos pequeños en distritos específicos para evitar el riesgo de un «balcón vacío».

¿Son las redes sociales el verdugo?

Las redes sociales han actuado como un sustituto eficiente pero frío. Han permitido que la política se vuelva un «espectáculo de consumo individual». El candidato ya no necesita convencer a una multitud; necesita que su video de 15 segundos se vuelva viral.

Esto ha generado que la política pierda su carácter deliberativo y social. Al no haber contacto físico ni debate en las calles, la conexión entre el líder y el pueblo se vuelve superficial, puramente digital y fácilmente descartable.

Estuvo usted alguna vez en algún mitin de cierre de campaña en el Perú eran verdaderos terremotos sociales. No se trataba de un evento de una hora para la televisión; eran jornadas maratónicas donde se jugaba el prestigio y la «muscularidad» de un partido político.

Alfonso Barrantes Lingán encabeza marcha previa a mitin en la Plaza 2 de Mayo (Foto: hisotiria del Perú)
Alfonso Barrantes Lingán encabeza marcha previa a mitin en la Plaza 2 de Mayo (Foto: hisotiria del Perú)

Días históricos

  1. El ritual de la ocupación del Centro

Desde la madrugada, los equipos de avanzada tomaban las plazas (Dos de Mayo, San Martín o el Paseo de los Héroes Navales).

  • El escenario: Eran estructuras monumentales, a menudo con varios niveles para los dirigentes, la prensa y los invitados especiales. La decoración era sobria pero imponente: solo el símbolo del partido y la bandera del Perú.
  • La logística: Se instalaban torres de sonido inmensas a lo largo de varias cuadras para que el discurso llegara hasta el último militante que no pudo entrar a la plaza.
  1. Las «Marchas de la Victoria»

Lo más emocionante era la llegada de las bases. No venían en buses silenciosos; venían en columnas humanas.

  • Las delegaciones de los distritos (Vitarte, Comas, Villa El Salvador, el Callao) caminaban por las avenidas principales como la Alfonso Ugarte o la Arequipa.
  • Era una competencia de folklore y ruido: bandas de músicos, bombos, pancartas gigantes hechas de tela (nada de impresiones digitales baratas) y el clásico «pica-pica».
  1. El clímax de la Oratoria

En esa época, el candidato se consagraba o se hundía por su capacidad de hablar.

  • La espera: El líder solía aparecer al final, a menudo cerca de la medianoche, para generar una expectativa mística.
  • El magnetismo: Personajes como Haya de la Torre, Belaunde o Alan García manejaban los silencios y las pausas de forma magistral. Eran discursos de una hora o más, donde se apelaba a la historia, a la ideología y a la emoción. La multitud respondía como un solo cuerpo: «¡Solo el [Partido] salvará al Perú!» o «¡Adelante!».
  1. La «Foto de la Plaza»

Antes de las encuestas digitales, el éxito se medía por la densidad.

  • Si la gente llenaba la Plaza Dos de Mayo y la multitud llegaba hasta la Plaza Jorge Chávez por la Av. 28 de Julio, se decía que el candidato ya era presidente.
  • Los fotógrafos de los diarios buscaban el ángulo más alto (desde los edificios aledaños) para captar ese «mar humano» que luego sería la portada de los periódicos al día siguiente. Era la prueba irrefutable de poder.
  1. El final apoteósico

Las caminatas reemplazan hoy a las grandes concentraciones (Foto: Facebook).

 

El mitin terminaba con una explosión de júbilo:

  • Himnos partidarios cantados a voz en cuello.
  • El candidato, bañado en sudor y flores, recorriendo el estrado de lado a lado.
  • La sensación de que «el triunfo era inevitable». Esa energía era el combustible para que los militantes salieran a cuidar los votos en las mesas el día de la elección.

La gran diferencia con el presente: Aquellos mítines eran actos de fe. La gente no iba a ver a una celebridad de TikTok; iba a ver al hombre que encarnaba sus esperanzas de cambio. Había una conexión física y espiritual que hoy, en la era de la «orfandad popular» que mencionas, parece haberse extinguido.

¿Estuvo alguna vez en algún mitin de cierre de campaña donde la gente no iba a ver a una celebridad de TikTok sino al hombre que encarnaba sus esperanzas de cambio? Comparta su experiencia con los seguidores de agendapais.  Escríbanos y cuéntenos su experiencia

Elí Joacim del Aguila Tuanama
Elí Joacim del Aguila Tuanamahttps://www.agendapais.com
Periodista, con experiencia en el manejo de medios de comunicación masivos, respaldados por 31 años consecutivos de ejercicio periodístico en Radioprogramas del Perú, RPP (donde ejerció cargos jefaturales desde 1995 hasta el 2013) y siete años como director del periódico digital Agenda País.
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