Ambos candidatos marcaron distancias insalvables sobre los temas más polémicos que han marcado la campaña de segunda vuelta
Elecciones 2026. A dos días de los comicios que definirán el quinquenio 2026-2031, ambos candidatos presidenciales, cada uno por su lado, fijaron posturas definitivas sobre los flancos más críticos de sus campañas: la legitimidad del voto, la independencia judicial y sus alianzas políticas.

El Perú ingresa a las últimas 48 horas de silencio electoral antes de definir en las urnas quién será el próximo presidente de la República para el periodo 2026-2031. En lo que significó el último contacto directo con los medios de comunicación, los candidatos Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) marcaron distancias insalvables sobre los temas más polémicos que han marcado esta intensa campaña de segunda vuelta.
Mientras la candidata del fujimorismo centró su mensaje en proyectar predictibilidad democrática, apertura técnica y moderación, el aspirante de izquierda encendió el debate constitucional al alinearse con el «sentimiento popular» que exige la excarcelación del expresidente Pedro Castillo.
Fujimori busca disipar temores: «Serán solo cinco años y respetaremos las urnas»
Consciente de los cuestionamientos de sus críticos respecto a campañas anteriores, Keiko Fujimori enfatizó que su postura frente a los resultados de este domingo será de absoluto respeto a la voluntad popular. «A lo largo de mi carrera política siempre he aceptado los resultados», señaló, justificando que las impugnaciones del pasado se dieron dentro del marco legal.

Asimismo, la lideresa de Fuerza Popular intentó sacudirse del rótulo de un gobierno partidario cerrado, prometiendo una convocatoria amplia a profesionales independientes. «Este no será un gobierno de Fuerza Popular, será un gobierno con apertura, con una convocatoria amplia para que los técnicos más capaces, como Lucho Carranza o Carlos Neuhaus, puedan sumarse», afirmó.
Ante los rumores sobre un presunto intento de prolongar su mandato, Fujimori fue tajante: «Un mandato de cinco años será suficiente para traer orden y recuperar la confianza». Finalmente, minimizó la participación de su bancada en la suspensión del debate de las denominadas leyes «pro-crimen» y propuso la creación de una comisión de alto nivel integrada por el Poder Judicial y la Fiscalía para perfeccionar las normas de seguridad.

Sánchez desafía al sistema de justicia por Pedro Castillo y Martín Vizcarra
Por su parte, Roberto Sánchez ensayó un complejo equilibrio entre el respeto a la institucionalidad y la promesa de un quiebre político. Aunque aseguró que, como «hombre demócrata», aceptará los resultados del domingo apoyado en la vigilancia de 90 mil personeros, sus declaraciones sobre el plano judicial concentraron la atención.
Al ser consultado sobre la situación del expresidente Pedro Castillo, Sánchez no descartó el uso del indulto o facultades presidenciales, a pesar de que el exmandatario no cuenta con una sentencia firme. «Nosotros decimos con claridad que haremos uso de las prerrogativas de la Constitución (…) Ese sentimiento popular quiere la libertad del presidente Castillo», argumentó, tras calificar su vacancia y detención como un «complot ilegal». En esa misma línea, y al recibir el respaldo público del expresidente Martín Vizcarra, el candidato de izquierda señaló que el sistema de justicia «necesita una profunda reorganización».
Sánchez también tuvo que responder por flancos incómodos en sus cierres de campaña, como las imputaciones fiscales sobre presuntas irregularidades en sus aportes económicos —las cuales rechazó tajantemente— y la presencia de simpatizantes y la abogada de Antauro Humala en sus mitines. Sobre esto último, deslindó de la violencia y del Movadef, asegurando que Humala «no tendrá ninguna autoridad» en un eventual gobierno suyo.

Alianzas cruzadas en el tramo final
El epílogo de la campaña deja en evidencia las estrategias de ambos comandos para atraer el voto indeciso y el extranjero, el cual Fujimori calificó de «fundamental y decisivo».
En el juego de respaldos, la candidata de Fuerza Popular llega impulsada por el bloque de centroderecha, tras agradecer explícitamente el apoyo final de Rafael López Aliaga (Renovación Popular), Rafael Belaúnde y Álvaro Vargas Llosa. En la otra acera, Sánchez exhibe los endoses del sector moderado de la izquierda y el centro, destacando el apoyo virtual de figuras como el ex-premier Salvador del Solar y el propio Vizcarra, mientras intenta contener las críticas por el ala radical que se sumó a sus últimas movilizaciones.
La mesa está servida. Este domingo, más de 25 millones de peruanos definirán en las urnas cuál de estas dos visiones de país gobernará el Perú los próximos cinco años.



