¿En su defecto, el candidato de JP guardará silencio para no perder votantes en el centro y sur del país?
Peú Libre. En plena campaña electoral, Perú Libre, el partido manejado desde la clandestinidad por Vladimir Cerrón, lanzó un virulento ataque contra Juntos por el Perú (JP), acusándolo de representar una «socialdemocracia caviar» que carece de interés real en ejecutar cambios estructurales, como el recambio de la Constitución de 1993 o la nacionalización de recursos estratégicos.
Según un comunicado del partido del lápiz, JP es responsable de «desmoralizar al pueblo» y de ser un condicionante para el retorno de lo que denominan «derecha fascista». Con este pronunciamiento, el perulibrismo busca identificarse como la única «izquierda auténtica», marcando una distancia insalvable con los sectores progresistas más moderados.
La oportunidad de Sánchez
La postura adoptada por Perú Libre en su última Asamblea Nacional Extraordinaria, abre a Juntos por el Perú y a su candidato, Roberto Sánchez, la posibilidad de lograr el «certificado de moderación» que tanto necesitaba. De esta manera, el golpe que asestó hoy el cerronismo a JP es, probablemente, la oportunidad que la candidatura de Sánchez ansiaba escuchar para sacudirse los estigmas de radicalismo.
El análisis: El fin del «cuento del lobo»
Durante toda la campaña, Keiko Fujimori y el sector de derecha (políticos, influencers, conductores de radio y TV y cortos propagandísticos en redes) han intentado mimetizar a Roberto Sánchez con el ala más radical del cerronismo y el recuerdo de Pedro Castillo. Sin embargo, el hecho de que el propio Perú Libre ataque a JP tildándolos de «defensores del sistema» y «falsos revolucionarios» destruye el argumento del «comunismo inminente».
La lógica es simple: si los verdaderos radicales —aquellos que defienden la ortodoxia marxista y la toma del poder estructural— dicen que JP no es de los suyos y que, de hecho, son «funcionales al sistema», están admitiendo, de facto, que Juntos por el Perú no pretende destruir el modelo, sino administrarlo.
Este deslinde le quita a la derecha su herramienta más eficaz: el miedo. Al quedar JP expuesto como una «socialdemocracia caviar» a ojos del cerronismo, la acusación de «comunismo» pierde coherencia lógica ante el electorado crítico. El votante de centro, que temía una deriva autoritaria, ahora recibe una señal externa y no planeada de que Sánchez es, en realidad, un reformista institucionalizado. En términos de opinión pública, el ataque de Perú Libre actúa como un «filtro de seguridad»: si Cerrón no confía en Sánchez porque este no es lo suficientemente radical, entonces el votante moderado puede empezar a confiar en él precisamente por esa misma razón.
De este modo, la campaña de Keiko Fujimori se queda sin un enemigo «extremista» al cual combatir, enfrentándose ahora a un rival que ha sido purgado de su carga radical por sus propios exaliados.
Para el votante de centro, el indeciso o el «voto antifujimorista moderado», este comunicado es una garantía. Al ser atacado por Vladimir Cerrón, Juntos por el Perú queda posicionado automáticamente como una izquierda institucional, democrática y razonable. En política, que el «radical» te ataque te valida ante el «moderado». Sánchez puede ahora presentarse como el líder de una izquierda que busca justicia social sin pretender patear el tablero democrático ni las reglas del mercado.

La doctrina Cerrón: El origen del quiebre
Este portazo electoral no es un exabrupto del momento, sino la decantación natural del pensamiento de Vladimir Cerrón, quien durante años ha fustigado a Juntos por el Perú calificándolos como una «izquierda de salón» o «derecha endógena».
Para el líder de Perú Libre, el entorno de Roberto Sánchez representa ese sector que, bajo el paraguas de las ONGs y la academia urbana, «domesticó» el programa original de Pedro Castillo, impidiendo la ejecución de las grandes reformas estructurales.
El comunicado de la Asamblea Nacional perulibrista no hace más que oficializar una tesis que Cerrón ha sostenido con terquedad: que la socialdemocracia es el «Caballo de Troya» enviado para contener la radicalidad del pueblo y asegurar que, gane quien gane, el modelo económico permanezca intocable. Bajo esta óptica, el deslinde actual es la factura final por las discrepancias que nacieron en Palacio de Gobierno y que hoy terminan por dinamitar cualquier posibilidad de unidad.
El «Fujicaviarismo» y el voto crítico
En su comunicado, Perú Libre sostiene que estamos viendo «las dos caras de la misma moneda», cuya única contradicción es la disputa por la administración estatal. Califican el escenario como un «fujicaviarismo» donde ambos bandos se alternan en el poder defendiendo al sistema. Para sustentar esto, citan a Marx sobre los partidos Tory y Whig, señalando que ninguno cuestiona el orden capitalista, dejando intacta la miseria obrera.
Finalmente, el partido reivindica sus 100,073 votos de convicción y otorga a su militancia la libertad de ejercer un «voto crítico y táctico».

El dilema de Sánchez
Entre la legitimidad urbana y el vacío regional
El riesgo para Juntos por el Perú es, en última instancia, una cuestión de aritmética y control territorial. Si bien Roberto Sánchez logra una valiosa «limpieza» de imagen en los sectores urbanos y el electorado de centro —quienes ven en el ataque de Cerrón una garantía de institucionalidad—, esta purga ideológica tiene un costo pragmático altísimo: la pérdida de la maquinaria de movilización que Perú Libre controla en las regiones.
Sánchez enfrenta hoy la paradoja del sobreviviente: para conquistar el centro político, debe aceptar el deslinde que le impone el cerronismo, pero al hacerlo, corre el riesgo de quedar huérfano de la mística y la fuerza social que solo el radicalismo logra articular en el Perú profundo.
No es solo un cambio de narrativa, es un desplazamiento tectónico del voto; mientras en Lima se celebra su «moderación», en las plazas del sur su candidatura podría empezar a percibirse como una claudicación.
En este escenario, la estrategia de silencio ya no parece una opción viable. Roberto Sánchez se encuentra en la encrucijada de sellar su perfil institucional confrontando abiertamente el anacronismo de Cerrón para consolidar el voto moderado, o intentar un equilibrismo imposible para no terminar de fracturar su relación con las bases que aún ven en el «lápiz» una referencia de lucha.
El desenlace no solo dependerá del elector, sino de la capacidad de JP para demostrar que se puede ser una alternativa de cambio sin necesidad de la tutela radical, o si, por el contrario, el «voto crítico» impulsado por Perú Libre termina convirtiéndose en el verdugo silencioso de sus aspiraciones presidenciales.
Vea el texto del pronunciamiento de PL



