Hace cinco años, ante la elección de Pedro Castillo, el dirigente aprista no hizo reclamo alguno para agilizar el proceso
Jorge del Castillo. En la actual coyuntura política, las formas y los tiempos institucionales han vuelto a ocupar el centro del debate. El histórico dirigente del Partido Aprista, ha alzado su voz para exigir la instalación inmediata de las comisiones de transferencia. Sin embargo, su exhortación —basada, según su expresión, en el «sentido común» y la responsabilidad frente a crisis como el Fenómeno del Niño— choca frontalmente con su silencio y pasividad de hace cinco años.
La declaración
“Yo quisiera hacer un pedido público al propio presidente Balcázar. No podemos estar esperando hasta el quince de julio para formar los equipos de transferencia. Las comisiones de transferencia tienen que ser instaladas ya. ¿Qué es esto de que el tres de julio proclaman y el quince entregan? ¿En qué momento? ¿Qué pasa si hay un problema más grave en el país, como por ejemplo el tema del Fenómeno del Niño? Entonces se conversó en la reunión este pedido referido al señor Balcázar.
Yo entiendo que la señora Keiko Fujimori ya ha opinado en ese sentido. Además, es el sentido común; o sea, ¿vamos a esperar el 15 para que, 12 días después, se haga la transferencia? ¿En qué tiempo se hace? Comprendan ustedes que por el bien del Perú, el señor Balcázar debería levantar el teléfono, decirle a la señora Fujimori estamos listos todos los ministerios para hacer la transferencia y que las comisiones se instalan mañana; esa es la idea”.
La vara que se mueve según el destinatario
Para el dirigente aprista, hoy la urgencia es indiscutible. Según declaraciones ofrecidas hoy, tras entrevistarse con Keiko Fujimori, resulta inaceptable que el país deba esperar a mediados de julio para que los equipos entrantes y salientes comiencen a trabajar. “¿Qué pasa si hay un problema más grave en el país?”, cuestionaba Del Castillo, enfatizando la necesidad de que el aparato estatal se movilice sin dilaciones por el «bien del Perú».
No obstante, esta reciente vocación por la eficiencia administrativa parece haber estado ausente durante el proceso de 2021. En aquel entonces, ante la victoria de Pedro Castillo, ni Del Castillo ni el Partido Aprista mostraron el más mínimo interés en agilizar la transición. Por el contrario, fueron parte del sector político que mantuvo una postura de abierta hostilidad, calificando al entonces presidente electo de ser parte de un «conglomerado de gobiernos de izquierda comunista» que amenazaba la estabilidad nacional.
De la obstrucción a la exigencia
El análisis de esta postura revela una dualidad evidente en la táctica del aprismo:
- El bloqueo de 2021: Durante la elección anterior, el discurso de Jorge del Castillo y su partido se alineó con la narrativa de rechazo a los resultados electorales impulsada por Keiko Fujimori. La falta de reconocimiento del triunfo de Castillo Terrones derivó en un proceso de transferencia traumático que solo pudo instalarse el 26 de julio, apenas 48 horas antes de la asunción del mando. Aquella demora no fue vista entonces como un riesgo para el país, sino como la consecuencia natural de una resistencia política que el APRA respaldó.
- La exigencia actual: Hoy, el dirigente apela a la institucionalidad y al sentido común para exigir lo que ayer se intentó obstruir. El cambio de postura sugiere que, para el Partido Aprista, la «urgencia de transferencia» no es un imperativo técnico, sino un instrumento político sujeto a quién ocupa la silla presidencial.

El costo de la doble moral política
La historia reciente demuestra que, cuando el gobierno en cuestión era identificado por el aprismo como parte de la «izquierda comunista», el respeto a los plazos institucionales fue supeditado a la estrategia de oposición. Hoy, la preocupación de Del Castillo por la gestión y los problemas urgentes del Estado —como la preparación ante el Fenómeno del Niño— aparece despojada de la credibilidad que otorga la coherencia.
La transferencia de gobierno es, en esencia, un mecanismo de protección para el Estado, no un premio para el político de turno. Utilizarla como rehén cuando el resultado electoral no es el deseado, y exigir celeridad cuando los intereses propios están en juego, solo confirma que para ciertos sectores la democracia y sus procedimientos siguen siendo variables que se ajustan según la conveniencia ideológica.
La transferencia es una cuestión de Estado, no de nombres
Más allá de la evidente contradicción política, es fundamental recalcar que las comisiones de transferencia poseen un valor estratégico superior a cualquier coyuntura electoral. Estas no son, ni deben ser, un premio de consuelo o una concesión que se otorga o se retira según quién gane las elecciones o qué ideología profesen.
La transferencia de mando es un procedimiento técnico diseñado para salvaguardar la continuidad del Estado y la protección de los ciudadanos ante crisis, como la del Fenómeno del Niño, que el señor Del Castillo invoca hoy con tanta preocupación. Haber utilizado este mecanismo como una herramienta de obstrucción política en 2021, y pretender elevarlo a una exigencia imperativa hoy, desnaturaliza su importancia. Un proceso de transferencia serio y ordenado debe ser siempre la norma, independientemente de si el gobernante entrante es del agrado de la oposición o de si esta lo califica de «gobierno de izquierda».
En Agendapais.com creemos que el respeto a la gestión pública, hoy y ayer, debe estar siempre por encima de las siglas partidarias y las conveniencias del momento. Además, es oportuno sugerirle a Jorge del Castillo que, ante la actual coyuntura, conserve la calma y permita que las autoridades electorales hagan su trabajo, actuando de acuerdo a sus planes y fechas. La democracia no requiere de presiones mediáticas para funcionar; exige, sobre todo, respeto a la autonomía de las instituciones. Es altamente probable que los integrantes del nuevo gobierno no necesiten intermediarios para el cumplimiento de la ley, menos aún de quienes, en el pasado, no demostraron la misma premura institucional.



