Rafael López Aliaga se ganó mis respetos al mantener su rechazo a la curul senatorial

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Elí Joacim del Aguila Tuanama
Elí Joacim del Aguila Tuanamahttp://www.agendapais.com
Periodista, con experiencia en el manejo de medios de comunicación masivos, respaldados por 31 años consecutivos de ejercicio periodístico en Radioprogramas del Perú, RPP (donde ejerció cargos jefaturales desde 1995 hasta el 2013) y siete años como director del periódico digital Agenda País.

En tiempos marcados por el oportunismo, resulta una rareza presenciar un acto de coherencia política como el sostenido por el exalcalde de Lima

Rafael López Aliaga. No será el líder político que arrastra multitudes, ni mucho menos aquel que domina los consensos internos en su propia bancada; de hecho, ha mostrado evidentes dificultades para cohesionar a sus compañeros de partido. Sin embargo, hay algo innegable que hoy queda fuera de toda duda: ha demostrado tener el temple necesario para sostener una postura contra viento y marea.

Desde el primer minuto en que quedó descartado de la carrera por la Presidencia de la República, Rafael López Aliaga fue enfático al anunciar que no tenía interés alguno en ocupar el escaño que, por derecho electoral, le correspondía en el Senado. “Eso sería convalidar lo que es un delito. Yo creo que alguien tiene que quedarse. Yo tengo un accesitario que entrará a cubrir mi sitio”, señaló en momentos que cuestionaba la limpieza de las elecciones generales en primera vuelta.

La presión fue inmediata. Primero, la arremetida vino desde sus propios partidarios, quienes le exigían asumir su «responsabilidad con el país» escudándose en la democracia y en el mandato de las urnas. Luego, se sumó la voz externa de quienes, sin militar en Renovación Popular, se unieron al coro de exigencias. Entre trámites y comentarios periodísticos, se gestó un escenario diseñado para doblegar su voluntad. Pero, en realidad, quienes insistían en que el Senado era el único camino democrático, no buscaban el fortalecimiento institucional, sino alimentar sus propias agendas. Eran, en muchos casos, las alimañas que esperaban medrar bajo la sombra del líder celeste.

Rafael López Aliaga (Foto: Municipalidad de Lima).
Rafael López Aliaga (Foto: Municipalidad de Lima).

Es necesario precisar que este reconocimiento no significa haber olvidado sus incongruencias pasadas. Como observadores de la realidad, recordamos perfectamente cómo, en la pasada campaña municipal, negó en reiteradas ocasiones que abandonaría la alcaldía antes de cumplir sus cuatro años de mandato. Tampoco podemos pasar por alto las veces que aseguró no renunciar al sillón municipal para postular a la presidencia. En ambos casos, sus palabras no estuvieron a la altura de sus hechos; la realidad terminó por desmentir sus promesas iniciales.

Sin embargo, es precisamente ese historial de contradicciones lo que hace que su comportamiento actual resulte tan llamativo. Hoy, López Aliaga ha dejado en evidencia a todos aquellos que lo exhortaron a recular. Al enviar la comunicación formal al Congreso, solicitando notificar al Jurado Nacional de Elecciones (JNE) su renuncia a la curul, ha cerrado cualquier espacio a la especulación. Esta decisión llega en un momento clave: López Aliaga se encuentra librando una batalla legal ante el Jurado Electoral Especial (JEE) de Lima Centro, buscando que se admita su candidatura a una regiduría metropolitana para el próximo periodo, dado que la ley vigente le impide postular a la alcaldía tras haber renunciado al cargo para el que fue electo en octubre de 2022, proceso en el que alcanzó el tercer lugar, por detrás de Keiko Fujimori y Roberto Sánchez.

Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima (Foto: Facebook).
Rafael López Aliaga, exalcalde de Lima (Foto: Facebook).

Es ahí donde radica el motivo de este artículo: el respeto se gana cuando un político rechaza el «premio mayor» por el que cientos de ciudadanos se desvivieron en la última campaña. En un sistema donde la ambición desmedida suele devorar la coherencia y donde los políticos se aferran a cualquier cargo como salvavidas, ver a alguien renunciar por convicción resulta atípico.

Desde Agenda País, y bajo mi dirección, nuestra labor, además de informativa,  es la de observadores críticos de la realidad nacional. Estas líneas no responden a una adhesión partidaria ni a una búsqueda de favor político; me mueve, exclusivamente, la objetividad del observador que reconoce la rareza de un acto de coherencia en tiempos de oportunismo. López Aliaga ha demostrado que el desprendimiento no es un signo de derrota, sino un ejercicio de libertad que pocos se atreven a practicar.

Cuando un actor político renuncia al poder que tiene al alcance de la mano, está elevando el estándar de la ética pública, demostrando que, a pesar de los errores del pasado, todavía es posible mantener la palabra empeñada frente a la tentación de la silla perpetua.

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