Liceo Naval: ¿Gesto de autoridad o ilusión técnica? El viceministro que ahora es director de colegio

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Elí Joacim del Aguila Tuanama
Elí Joacim del Aguila Tuanamahttp://www.agendapais.com
Periodista, con experiencia en el manejo de medios de comunicación masivos, respaldados por 31 años consecutivos de ejercicio periodístico en Radioprogramas del Perú, RPP (donde ejerció cargos jefaturales desde 1995 hasta el 2013) y siete años como director del periódico digital Agenda País.

Luis Antonio Alemán Nakamine es el director encargado del Almirante Guise, sometido a reorganización tras agresión sexual a un alumno

Liceo Naval. En medio del proceso de reorganización institucional dispuesto para la Institución Educativa Pública Liceo Naval Almirante Guise, el Ministerio de Educación tomó una decisión sin precedentes cercanos: encargar temporalmente las funciones de director del colegio al señor Luis Antonio Alemán Nakamine, actual viceministro de Gestión Institucional.

La medida, adoptada mediante la Resolución Ministerial N° 576-2026-MINEDU, busca garantizar la continuidad del servicio educativo luego de la grave denuncia por agresión sexual contra un estudiante, hecho que desencadenó la intervención directa del sector. Sin embargo, la asignación del funcionario de mayor rango en la gestión descentralizada del país al frente de un plantel escolar abre un debate inevitable sobre el alcance, la efectividad real y la lectura política de esta decisión.

  1. La lectura política: Golpe de autoridad y control de daños

Desde la perspectiva del manejo de crisis, la resolución ministerial transmite un mensaje inequívoco a la opinión pública y a la comunidad educativa: el Gobierno asume el control del Liceo Naval al más alto nivel. Enviar al viceministro —encargado constitucional y reglamentario de supervisar la política educativa descentralizada— busca proyectar la máxima urgencia del Estado por reestructurar la gobernanza y restablecer la confianza perdida.

Bajo este prisma, la medida responde a la necesidad de intervenir con firmeza directiva, garantizando que el proceso extraordinario de reorganización, previsto en el Decreto Supremo N° 016-2026-MINEDU, se ejecute sin dilaciones ni trabas burocráticas internas.

En la práctica, un viceministro es casi imposible que atienda el despacho diario de los padres de familia de un colegio o resuelva la urgencia escolar del momento (Foto: Minedu).
En la práctica, un viceministro es casi imposible que atienda el despacho diario de los padres de familia de un colegio o resuelva la urgencia escolar del momento (Foto: Minedu).
  1. La trampa operativa: El tiempo parcial y la «firma testimonial»

No obstante, la realidad administrativa y la carga funcional del cargo viceministerial sugieren una fisura evidente en la viabilidad técnica de la medida. De acuerdo con la propia norma, el viceministro asume la dirección del colegio «en adición a sus funciones».

Aquí radica la paradoja central:

  • Un viceministro de Gestión Institucional tiene bajo su responsabilidad la infraestructura nacional, el presupuesto de las Direcciones Regionales de Educación (DRELM) y Unidades de Gestión Educativa Local (UGEL), además de la supervisión del sistema educativo público a nivel país.
  • Pretender que el mismo funcionario atienda la gestión cotidiana, disciplinaria, pedagógica y logística de una institución educativa específica implica, inevitablemente, que solo podrá dedicarle un tiempo parcial y marginal.

En la práctica, un viceministro es casi imposible que atienda el despacho diario de los padres de familia o resuelva la urgencia escolar del momento. La consecuencia previsible es que terminará delegando la gestión real en un equipo subalterno, convirtiendo la encargatura en una «firma testimonial» o en un gesto eminentemente simbólico.

  1. El dilema jerárquico y la necesidad del titular

La situación genera además interrogantes sobre la idoneidad del mecanismo: si se requiriese al técnico mejor capacitado a dedicación exclusiva en el plantel, el ordenamiento legal no contempla degradar a un viceministro de la Alta Dirección para convertirlo en director escolar permanente. El rol de Alemán Nakamine, por ende, solo se sostiene como una etapa de transición mientras el sector aprueba los lineamientos para designar formalmente al director titular que conducirá el colegio hasta el 2027.

Conclusión

La decisión del MINEDU oscila entre la firmeza política y el artificio administrativo. Como señal de preocupación gubernamental, la encargatura cumple su objetivo de impacto; como solución de gestión interna a tiempo completo, resulta insostenible. Para que la reorganización del Liceo Naval sea efectiva y no quede reducida a un golpe de titular periodístico, el sector educativo debe acelerar el nombramiento de una autoridad escolar con presencia física, tiempo exclusivo y liderazgo permanente.

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