Bardales presentó el sermón en la XXI Ceremonia de Acción de Gracias por el Perú que se realizó en presencia de Keiko Fujimori y el Gabinete en Pleno
Reverendo Bardales. En la XXI Ceremonia de Acción de Gracias por el Perú, el reverendo Miguel A. Bardales sostuvo que, a la luz de las Sagradas Escrituras, el poder político no es una concesión absoluta ni un trofeo, sino una mayordomía delegada por Dios que exige ser ejercida con justicia, humildad, transparencia y profundo temor reverente, trazando así las fórmulas y acciones clave para la reconciliación y el desarrollo integral del Perú.
En presencia de la recién inaugurada presidenta de la República, Keiko Fujimori, el Gabinete Ministerial en Pleno, senadores y diputados, autoridades civiles y militares, miembros del cuerpo diplomático, representantes de la sociedad civil, pastoras y hermanos en Cristo, en su sermón titulado “Gobernar bajo el temor de Dios”, expuso la ruta bíblica que las iglesias evangélicas, en representación del CONEP (Concilio Nacional Evangélico del Perú) y la UNICEP (Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú, recomiendan al nuevo régimen que estará a cargo del gobierno en los próximos cinco años.

- El punto de partida: Poner el poder bajo la mirada de Dios
La premisa fundamental formulada por las iglesias evangélicas establece que la interrogante central para el futuro de la nación no radica únicamente en quién asume el mando, sino en cómo se debe gobernar el Perú delante de Dios.
Bardales, quien cuenta con 49 años de servicio pastoral ininterrumpidos, fundamentó este punto contextualizando la dura realidad de una patria fracturada que requiere respuestas más profundas que las promesas electorales:
“… el Perú es un país herido. Es un país que votó, pero sigue dividido; un país que espera resultados, pero desconfía de sus autoridades; que anhela seguridad, pero llora sus muertos; que quiere obras, pero ha visto demasiados proyectos cubiertos de corrupción y abandono. Por eso, la pregunta más importante no es sobre quién gobierna el Perú. La pregunta más importante es: ¿Cómo se debe gobernar el Perú delante de Dios?”
Citando el pasaje bíblico de 2 Samuel 23:3-4, donde el rey David —al final de sus días y tras experimentar triunfos, traiciones y arrepentimiento— sintetiza el ideal del gobernante (“… el que gobierna a los hombres con justicia, el que gobierna en el temor de Dios será como la luz de la mañana, como la luz del sol en una mañana sin nubes…”), para a renglón seguido enfatizar que la administración pública debe sustentarse en tres verdades clave:
- El poder es una delegación divina (Romanos 13:1): No constituye un premio personal ni un botín, sino una enorme responsabilidad y una mayordomía ante el Creador. Bardales fundamentó esto señalando:
“… no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. Este versículo no habla de un determinismo divino sino de una verdad muy importante: la nación les ha otorgado poder, pero este poder no es un premio sino una responsabilidad que debe ser administrada delante de Dios. No existe poder humano sin control de Dios. Él está y estará atento a lo público y a lo privado… Y mañana, cuando llegue el momento de entregar el poder, será ante Él que debamos rendir cuentas.”
- La búsqueda prioritariamente orientada a la justicia: Entendida no solo como norma legal, sino como la labor esencial de traer amparo directo a la población castigada.
- El ejercicio del mandato bajo el temor de Dios: Que no se traduce en miedo paralizante, sino en una ética superior consciente del juicio divino.
- Fórmulas y acciones requeridas para la Presidenta de la República
La exhortación dirigida a la jefa de Estado, Keiko Fujimori, reconoció el largo camino y los sacrificios políticos asumidos para alcanzar la jefatura de Estado, pero le señaló que la verdadera tarea comienza al asumir la responsabilidad pública ante el juicio divino:
“Señora Presidenta, usted llega a este día después de un largo camino y de grandes sacrificios, que reconocemos con respeto. Pero delante de Dios, el largo camino no ha terminado, ahora se convierte en mayordomía, porque el poder es delegación de Dios.”
Las fórmulas y acciones concretas trazadas para la Presidenta se sustentan en los siguientes ejes:
- El poder como mayordomía: Comprender que la autoridad sobre la nación exige actuar sabiendo que Dios examina de cerca la conducta pública y privada, por encima de las encuestas o el foco mediático.
- Hacer justicia según el modelo bíblico (Miqueas 6:8): Bardales argumentó la diferencia entre la justicia de las leyes humanas y la divina (“… Dios pide: hacer justicia, amar la misericordia y humillarte delante de Dios”), trasladándolo a la realidad nacional:
“La expresión ‘hacer justicia’ en la Biblia, equivale a inclinarse hacia el más débil, escuchar al que no tiene voz, proteger al inocente, castigar al corrupto, frenar al violento y dar soluciones reales a los que han sido postergados. En el caso del Perú, hacer justicia significará impedir que una bala cobre la vida de un inocente, también significará que un emprendedor pueda abrir su negocio sin temor a ser extorsionado, y que las comunidades de la costa, sierra y selva no reciban promesas sino obras terminadas, eficientes y oportunas.”
- Liderar la reconciliación nacional mediante el diálogo respetuoso: Se fundamentó que la reconciliación real requiere romper dinámicas destructivas mediante dos renuncias impostergables:
“La reconciliación se escapa de nuestras manos porque la condición básica consiste en saber dialogar. No se trata de que todos piensen y digan lo mismo, sino de dialogar con respeto. Y para mostrar respeto se necesita hacer dos tipos de renuncia: renunciar a la soberbia, que es el virus del poder, y renunciar a la acusación crónica, que es semilla de discordia y odio […] Ambas son expresiones de pecado, maldad y destrucción. Quienes las practican ofenden a Dios y a los más necesitados.”
- Gobernar «sin nubes»: Promover un estilo de gestión caracterizado por la absoluta transparencia, disipando las sombras de la sospecha y la revancha:
“Un nuevo gobierno, por su propia condición humana, jamás estará libre de errores, dificultades y tentaciones; pero si actúa con transparencia, justicia, humildad y temor de Dios, las sombras comenzarán a disiparse. En cambio, cuando el poder se llena de nubes, todo queda bajo sospecha. El Perú no espera un gobierno sin dificultades. El Perú necesita un gobierno sin nubes, sin soberbia, sin abusos, sin revancha, sin mentira y sin desprecio.”
- Deberes y responsabilidades para los miembros del Parlamento Nacional
A los senadores y diputados electos se les encomendó actuar bajo los mismos principios éticos y espirituales, entendiendo que su labor legislativa no puede ser escenario de soberbia ni de cálculos partidarios.
- Vigilar y actuar legislativamente con integridad: El reverendo recordó a los parlamentarios que el respaldo popular en las urnas se transforma ante Dios en una obligación estricta de servicio:
“De la misma manera, señores senadores y diputados, cada uno de ustedes ha recibido el favor del pueblo y quienes estamos aquí lo reconocemos. Pero delante de Dios, el favor ahora se convierte en mayordomía, porque el poder es delegación de Dios.”
- Erradicar la calumnia y el obstruccionismo: Se apeló a una oposición y un Parlamento que legislen y vigilen sin buscar la destrucción del adversario:
“Cuando la oposición vive bajo el temor de Dios, no calumnia y no busca el fracaso del oponente […] Esperamos que Dios nos conceda un Congreso que fiscalice con integridad y una oposición que vigile sin destruir.”
- Sometimiento a la autoridad moral de las Escrituras: Siguiendo el precepto de Deuteronomio 17:19-20, donde los reyes de Israel debían conservar y leer diariamente una copia de la Ley de Dios, Bardales argumentó que la primera obligación del político es someterse a una Palabra superior:
“La primera tarea del gobernante consistía en escuchar las Escrituras para aprender a temer a Dios. Aquí la verdad es evidente: el gobernante, el político, el empresario y el ciudadano de a pie aprenden a temer a Dios cuando se someten diariamente a una Palabra que está por encima de todos […] para que no se crea superior a sus hermanos ni se aparte de la ley.”
- El modelo del servidor y la visión de esperanza
El sermón reafirmó que ningún sistema, partido o gobernante humano por sí solo puede traer una solución perfecta a las heridas del país. Por ello, recurrió a las palabras de Jesús en Mateo 20:25-27 para redefinir el verdadero significado del liderazgo público:
“’Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo’ […] Todo gobierno es temporal. Todo gobernante es siervo. Todos estamos llamados a ser humildes.”
Como acto simbólico de esta visión, la entrega de la Biblia a la presidenta Keiko Fujimori se explicó no como un formulismo ceremonial, sino como un recordatorio contundente: «No como amuleto, no como protocolo, no como adorno, sino como señal de que quien gobierna necesita una Palabra más alta que su propia voluntad.»
El reverendo Bardales concluyó enfatizando que, cuando el poder se ejerce bajo el temor de Dios y la ciudadanía cultiva la integridad en lo cotidiano, la nación puede disipar las sombras del pasado e inaugurar un periodo de renovación:
“Porque cuando un gobierno ejerce el poder bajo el temor de Dios y cuando una nación vive en el temor de Dios, puede inaugurarse un tiempo parecido a la luz de la mañana, a una mañana sin nubes, en el que la nación comienza a vivir en claridad, seguridad y esperanza… donde la hierba brota después de la fresca lluvia.”
Marco ceremonial
La Ceremonia que se desarrolló en la Iglesia Misión Carismática Internacional (MCI) ubicada en Coronel León Velarde 665, Lince, tuvo como eje el mensaje central, el cual fue expuesto en un marco de solemnidad litúrgica y musical de gran solemnidad. La apertura de la actividad se inició con las palabras de bienvenida a cargo del Pr. Carlos Salcedo, vicepresidente del Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP), seguidas por la invocación inicial dirigida por el Pr. Cristián Scheelje, presidente de la Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP). Asimismo, la lectura de la Palabra de Dios estuvo a cargo del Pr. Antonio Herrera.
Uno de los momentos de mayor recogimiento fue la Oración solemne por el Perú, la cual tuvo como protagonista al excongresista y pastor Humberto Lay Sun, quien elevó una plegaria por el bienestar y el futuro de la nación. Por su parte, la nota patriótica la puso el tenor Jhonatán Martínez al dirigir a capela las sagradas notas del Himno Nacional del Perú.
En el aspecto musical, la ceremonia estuvo engalanada por la participación del Coro Polifónico Bautista, bajo la dirección del maestro Fidel Gómez Peralta. Durante el acto, el templo retumbó con la interpretación de himnos emblemáticos de la fe cristiana, como “Cuán Grande es Él” y “Porque Él Vive”, los cuales fueron entonados con gran fervor por todos los asistentes.
Vea el Ttexto del Sermón XXI CAG, Gobernar bajo el temor de Dios



