Si nada cambia hasta el 12, la legitimidad del próximo gobierno nacerá, de una base electoral estrecha y frágil
Fragmentación del voto: A solo diez días de las elecciones generales, el panorama político peruano presenta una configuración de fragmentación extrema. Tras el cierre de los debates presidenciales, la dinámica del electorado indeciso no ha tomado el rumbo de la consolidación hacia una alternativa de recambio, sino que ha derivado en un proceso de «licuación» del voto.
- El fenómeno de la dispersión y los activos de los candidatos
La conclusión lógica tras seis días de exposición mediática es que el caudal de ciudadanos que aún no definía su posición se ha atomizado. Una de las gratas sorpresas ha sido Marisol Pérez Tello, quien, con una tranquilidad que solo otorgan los años de experiencia, ha proyectado una solvencia que actúa como un «dique» frente a los punteros; sin embargo, es complicado, aunque no imposible, que este acto sea suficiente para remontar el marcador.
En contraste, el profesor Alfonso López Chau parece no haber superado el fortísimo golpe propiciado por un influencer de derecha. Aquella acusación de «ladrón de banco», lanzada sin más pruebas que un recorte periodístico, ha frenado su avance, impidiendo que su trayectoria académica encandile a quienes buscaban en él la transformación técnica que el país requiere. Por su parte, José Williams (Avanza País) no ha logrado sepultar el uniforme de general para conectar con el electorado civil, cargando además con el lastre de leyes cuestionadas que, lejos de beneficiar a las mayorías, son percibidas como favorables al crimen organizado.

- Ganancias en el espectro e impacto del debate
En esta redistribución, Jorge Nieto Montesinos y Roberto Sánchez han logrado capitalizar adeptos dentro de sus propios espectros ideológicos. Asimismo, la participación del general en retiro de la FAP, Grosso, quedará en la memoria de esta generación como una intervención acertada y digna en un debate presidencial, aunque su alcance electoral sea limitado.
Fernando Olivera ha vuelto a ganar adeptos, pero restringidos a ese sector que aplaude su vehemencia para atacar a los políticos que consideran lesivos. En una línea similar de cuestionamiento se ubica el cómico Carlos Álvarez: convence al criticar al sistema y atrae a quienes no aceptan a la derecha tradicional, pero no genera la confianza suficiente para entregarle el voto de gobierno. En el peso de las estructuras, el Partido Aprista intenta hacer valer su historia, mientras que Ricardo Belmont Casinelli representa el agotamiento de una figura que ya no logra la conexión de antaño.

- El blindaje de los punteros y el castigo a los «Socios de la crisis»
En «buen romance», la incapacidad de la oposición para concentrar el voto indeciso termina favoreciendo a Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga. Bajo este esquema, ambos mantienen la primera opción de pasar a la segunda vuelta. No es que hayan crecido por mérito propio, es que la fragmentación y los ataques entre sus contendientes les permiten sostener su ventaja con la votación que ya tenían asegurada.
Este escenario también anticipa un fuerte revés para Alianza para el Progreso (APP) y Podemos Perú. Ambas agrupaciones, percibidas como motores de la inestabilidad política de las últimas dos décadas, parecen quedar fuera de la preferencia ciudadana, enfrentando un posible ostracismo parlamentario como castigo a su rol en la crisis institucional.
En síntesis, el escenario actual nos devuelve al punto de partida: un país que se encamina a una definición electoral de minorías. La «licuación» del voto indeciso, alimentada por ataques mediáticos y la falta de liderazgos aglutinadores, termina siendo el mejor salvavidas para los candidatos instalados en el tope de las encuestas. Si nada cambia hasta el día domingo 12, la legitimidad del próximo gobierno nacerá, una vez más, de una base electoral sumamente estrecha y frágil.


