miércoles, abril 15, 2026
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Caso Angelo Alfaro desnuda el costo de la falta de transparencia en el poder

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Una advertencia para los 9,500 candidatos al Congreso: la integridad no admite secretos

El estrepitoso derrumbe político de Ángelo Alfaro Lombardi, cuya permanencia el último domingo en el Ministerio de Energía y Minas se volvió insostenible en cuestión de horas, no es solo un hecho fortuito de la crónica política. Es, ante todo, una lección sobre el precio de la opacidad. El caso desnuda una verdad incómoda: en la función pública, la transparencia no es una opción, sino un cimiento que, de no ser sólido, termina por sepultar cualquier investidura.

La integridad no se negocia

A Agendapais no le compete juzgar desde lo jurídico la responsabilidad de Angelo Alfaro respecto a los hechos de su vida privada que hoy son de dominio público (que haya convivido en el 2000 con una adolescente colegiala de 16 años cuando él tenía 47 y ejercía un cargo público  (en Electro Ucayali ) y  producto de este hecho engendró un hijo, reconocido años después).

Lo que sí compete es el análisis de la coherencia. La integridad es, por definición, la armonía entre lo que se piensa, lo que se hace y lo que se representa.

Cuando un ciudadano acepta un cargo de alta dirección —especialmente uno que depende de la «caja fiscal», ese patrimonio que pertenece a todos los peruanos—, firma un compromiso de transparencia absoluta. Si existen capítulos en el pasado que trastocan los valores de la sociedad, la sinceridad con uno mismo debe primar sobre la ambición por el poder.

El caso Angelo Alfaro desnuda una verdad incómoda: en la función pública, la transparencia no es una opción, sino un cimiento que, de no ser sólido, termina por sepultar cualquier investidura. (Captura: Cuarto Poder).
El caso Angelo Alfaro desnuda una verdad incómoda: en la función pública, la transparencia no es una opción, sino un cimiento que, de no ser sólido, termina por sepultar cualquier investidura. (Captura: Cuarto Poder).

Un espejo para 9,500 aspirantes

Este episodio ocurre en un momento crucial para el país. Actualmente, hay 9,500 personas que aspiran a integrar el próximo Congreso de la República, ya sea como diputados o senadores, además de candidatos al Parlamento Andino y al Ejecutivo. El caso Alfaro debería obligar a cada uno de ellos a realizar un ejercicio de introspección profunda antes de que sea demasiado tarde.

Nada garantiza hoy que un hecho «oculto» permanezca así una vez que se jura al cargo el próximo 28 de julio. Las redes sociales y el escrutinio mediático no perdonan las zonas grises. Por ello, recurrimos a aquel viejo adagio popular: «Un consejo, hasta de un conejo».

La renuncia como acto de dignidad

Si un candidato es consciente de que su trayectoria personal o profesional contiene manchas que no resisten la luz pública, el camino más digno es la renuncia inmediata a la postulación. Es preferible un paso al costado hoy, que la ignominia de la vergüenza pública mañana, arrastrando en la caída no solo su apellido, sino la ya debilitada confianza en las instituciones del Estado.

La política peruana ya no resiste más sorpresas. La lección de Alfaro Lombardi es clara: si el pasado no es diáfano, el futuro en el poder será, inevitablemente, efímero y vergonzoso.

El patrimonio de los peruanos no puede ser el premio consuelo para quienes no tienen la integridad como credencial principal.

¿En que falló Alfaro?

El Deber de la Introspección

El error de Alfaro no fue solo de conducta pasada, sino de discernimiento presente. Quien aspira a la administración pública debe pasar por un riguroso proceso de examen de autoconciencia. Si uno es consciente de que sus actos del pasado —en este caso, una relación con una menor de edad mientras ocupaba un cargo directivo— pueden ser cuestionados ética o moralmente, la decisión patriótica y profesional es la renuncia a la postulación. Jamás debería haber aceptado formar parte del meollo de las decisiones de Estado.

El Costo de la Incoherencia

Aceptar una cartera ministerial sabiendo que el pasado no resiste un escrutinio ético es, en sí mismo, un acto de irresponsabilidad hacia la Nación. La lección para la clase política es clara: el prestigio de las instituciones depende de la calidad humana de quienes las dirigen. La sinceridad con uno mismo es el primer paso para ser sincero con el país.

El error final: La exposición como espectáculo

Como corolario de esta crisis, la bochornosa presentación televisiva de Ángelo Alfaro terminó por sellar su descrédito. En un intento fallido de justificar lo injustificable, el ahora exministro ignoró una regla de oro de la ética pública: cuando la conducta personal ha quebrado la confianza política, no hay argumento que valga frente a las cámaras.

Su comparecencia en televisión, errática y carente de autocrítica real, fue un espectáculo innecesario que solo profundizó la herida a la investidura ministerial. Para salvaguardar lo poco que quedaba de su honra y la estabilidad del sector, bastaba con la renuncia. No había necesidad de someter al país —ni a sí mismo— a la exposición de sus contradicciones ante todo el Perú.

Lo que pasó en los estudios de América TV

El conductor del programa, el periodista Omar Mariluz, terminó por acabar el poco prestigio que le quedaba al insistirle durante el desarrollo de la entrevista que él había incurrido en un “hecho asqueroso y deplorable” al haberse relacionado con una adolescente de 16 años cuando él tenía 47”. Alfaro Lombardi, apoyado por su abogado Wilber Medina, de quien se hizo acompañar, se limitó a repetir, sin mayor convicción  para la audiencia, que no violó a nadie, que su relación con Jennifer Canani Panduro fue consentida, incluso por su familia y que su único delito fue el haberse enamorado de la entonces menor de edad.

El caso tomó relevancia pública debido a que el Ministerio de la Mujer (MIMP) solicitó formalmente una investigación fiscal sobre los hechos. A pesar de los años transcurridos (25 años), la gravedad de la imputación contra Alfaro generó una crisis en el gabinete que terminó en su licenciamiento del cargo ministerial.

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Elí Joacim del Aguila Tuanama
Elí Joacim del Aguila Tuanamahttps://www.agendapais.com
Periodista, con experiencia en el manejo de medios de comunicación masivos, respaldados por 31 años consecutivos de ejercicio periodístico en Radioprogramas del Perú, RPP (donde ejerció cargos jefaturales desde 1995 hasta el 2013) y siete años como director del periódico digital Agenda País.
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