También acusa a agrupaciones de izquierda como Juntos por el Perú de «dinamitar el sistema por dentro»
Ernesto Blume Fortini, expresidente del Tribunal Constitucional, llamó a los senadores a hacer respetar su fuero y “no dejarse avasallar” por la Cámara de Diputados, a cuyos integrantes, tras llamarlos “miopes constitucionales”, les recomendó matricularse en un curso acelerado de “conciencia, sentimiento y cultura constitucional”.
“Yo llamo a reflexión a los señores senadores que tienen una alta responsabilidad en este modelo constitucional porque ellos son los que van a definir los alcances de las leyes que remite la Cámara de Diputados. No se dejen avasallar, son una cámara revisora con plenos poderes para poder recoger lo que hizo diputados, modificarlo, cambiarlo, siempre y cuando se mantengan dentro del proyecto original que dio origen al expediente y a los debates y que concluyó con una propuesta legislativa de la Cámara de Diputados”.
En torno a las posiciones de parlamentarios de bancadas como Juntos por el Perú o El Buen Gobierno, quienes condicionaron su respaldo a que el Senado respete intacto lo enviado por la cámara baja, señaló: “Lamentablemente es una muestra de miopía constitucional, de desconocimiento constitucional. Entonces yo les recomiendo a esos respetables señores diputados que se matriculen para seguir un curso acelerado y conozcan bien la Constitución y tengan conciencia constitucional, cultura constitucional y sentimiento constitucional. Eso se adquiere”.
Blume Fortini hizo estas declaraciones en un programa de televisión nacional por cable en el que fijó una postura tajante sobre las competencias del Senado frente a la Cámara de Diputados en el marco del retorno al bicameralismo. Blume sostuvo que el Senado cuenta con plenas facultades para modificar, corregir e incluso incorporar temas descartados por Diputados, de modo que rechazó cualquier limitación a la cámara alta para revisar solo lo que aprobó la cámara baja.

- Naturaleza de la bicameralidad: «Doble revisión total»
Ante la controversia sobre los límites del análisis en la Comisión de Constitución del Senado sobre la delegación de facultades, Blume defendió la doble revisión integral como la esencia del sistema bicameral:
- Poderes del Senado: Afirmó que la cámara alta posee la atribución de revisar el proyecto original en su totalidad, incluidos los puntos que la Cámara de Diputados desaprobó en su momento.
- El concepto de desnaturalización: Opinó que «desnaturalizar» una propuesta implica salirse del marco o del eje temático original del expediente, mas no recuperar planteamientos descartados por la cámara joven.
- Tesis del unicameralismo solapado: Sostuvo que limitar el trabajo del Senado a lo aprobado por Diputados reduce el modelo a un «unicameralismo con ropaje de bicameralismo», en el cual la cámara baja mantiene el control final.
«La esencia del bicameralismo es lograr un sistema donde haya un doble debate, un doble análisis, un doble examen, una doble revisión de los proyectos para garantizar un mejor producto legislativo.» — Ernesto Blume Fortini
- Mensaje a las cámaras: Invocación al Senado y crítica a Diputados
Blume abordó la tensión política entre ambas cámaras con recomendaciones directas para los legisladores:
- Invocación a los senadores: Exhortó a los integrantes de la cámara alta a defender su fuero y no dejarse «avasallar» por la Cámara de Diputados. Subrayó que el Senado, en su rol de cámara reflexiva y con mayor trayectoria, debe asumir su papel constitucional decisivo en el segundo debate.
- «Curso acelerado» para diputados: Criticó las posiciones de parlamentarios de bancadas como Juntos por el Perú o El Buen Gobierno, quienes condicionaron su respaldo a que el Senado respete intacto lo enviado por la cámara baja. Frente a esta postura, calificó la actitud como una «miopía constitucional» y sugirió a los diputados su matrícula en un curso acelerado sobre la Constitución.
El macartismo de Ernesto Blume
En sus declaraciones, Ernesto Blume Fortini dejó expuesta su falta de tolerancia democrática, en una clara postura macartista, al centrar sus críticas en bancadas de izquierda y apuntar directamente contra agrupaciones como Juntos por el Perú —partido que compitió democráticamente en la última elección presidencial frente a Fuerza Popular—, a las que acusó de buscar «dinamitar el sistema por dentro» bajo inspiraciones maoístas y trotskistas.
“Hay un gran culpable y un gran responsable: el Jurado Nacional de Elecciones, porque admitió un plan de gobierno de un partido antisistema, como Juntos por el Perú, que quería cambiar la Constitución y hacer reformas que no estaban dentro del esquema de una elección parlamentaria y no una elección para reformar la Constitución. Por otro lado, admitió candidatos que están vinculados a la subversión, o sea, ha permitido que dentro del sistema entren quienes quieren dinamitar el sistema por dentro. Entonces de eso tenemos que ser conscientes, no nos engañemos, diría yo, y más bien hay que actuar con madurez, no pisar el palito, porque esta gente está ahí para crear problemas, para crear enfrentamientos, para crear división. Lo que quieren es que el sistema fracase, porque la inspiración última de estas personas es el maoísmo y el trotskismo. Eso ya está definido hace muchos años. Entonces están actuando en consecuencia con su pensamiento, no les interesa la democracia, les interesa desestabilizar el país y los demócratas tenemos que darnos cuenta y no pisar el palito”.
¿De dónde procede el término «macartismo»?
El origen histórico del macartismo se remonta a los Estados Unidos de principios de la década de 1950, en plena Guerra Fría. El concepto toma su nombre del senador republicano Joseph McCarthy, quien lideró una intensa y agresiva campaña política de persecución ideológica, detenciones arbitrarias y listas negras contra supuestos comunistas, simpatizantes de izquierda y críticos del gobierno estadounidense.
La característica principal del macartismo fue la caza de brujas: un clima de histeria colectiva donde bastaba la sospecha, el origen ideológico o la asociación política para destruir la reputación, la carrera y los derechos civiles de artistas, intelectuales, políticos y funcionarios públicos. McCarthy utilizó el miedo generalizado a la Unión Soviética para justificar la censura y la exclusión de cualquier disidencia que considerara «antinorteamericana».
¿Qué significa el macartismo en nuestros días?
En la actualidad, el término se utiliza para describir cualquier práctica o discurso político que estigmatiza, deslegitima o persigue a los opositores políticos tachándolos globalmente de «peligrosos», «subversivos» o «traidores a la patria», simplemente por el hecho de tener una ideología de izquierda, antisistema o crítica con el modelo económico y constitucional vigente.
Trasladado al escenario analizado:
- La criminalización de la divergencia: Catalogar a un partido legalmente inscrito —como Juntos por el Perú— como un agente exclusivo de destrucción masiva desconoce las reglas del juego democrático. La Constitución peruana permite la pluralidad de ideas, de modo que plantear reformas profundas o un cambio constitucional por vías institucionales no constituye un delito ni un acto subversivo.
- El rol del Jurado Nacional de Elecciones (JNE): Culpar al organismo electoral por permitir la participación de partidos o candidatos de izquierda equivale a cuestionar el sufragio universal y el derecho de los ciudadanos a elegir opciones antisistema dentro de la legalidad democrática. En una democracia consolidada, las ideas radicales o de extrema izquierda deben debatirse con argumentos políticos en las urnas y en el Parlamento, no silenciarse mediante la exclusión preventiva.
Por qué resulta inaceptable este discurso hoy en día
En pleno siglo XXI, cuando la sociedad global aboga por la inclusión, el respeto a la diversidad de pensamiento y el fortalecimiento de los puentes de diálogo, resulta alarmante que una figura con la trayectoria jurídica de Ernesto Blume recurra a viejos estigmas de la Guerra Fría.
Etiquetar de antemano a legisladores y ciudadanos por su pasado o su filiación ideológica no solo vulnera el espíritu democrático, sino que profundiza la polarización del país. La verdadera solidez de una democracia no se mide por la eliminación o el veto de sus críticos, sino por su capacidad para convivir pacíficamente con la diferencia y procesar los conflictos a través del debate institucional y el respeto irrestricto a los derechos fundamentales.



