“No voy a ahondar en el debate”, sostuvo a manera de excusa, lo que evidencia que recurrió al uso de la vieja estrategia “tira la piedra y esconde la mano”
Keiko Fujimori no tuvo este lunes una respuesta concreta ante la pregunta directa de una periodista de Latina sobre si optaría por disolver la Cámara de Diputados en caso los representantes persistan en lo que el oficialismo califica como «no dejar trabajar al Ejecutivo». La presidente se escudó en una generalidad al declarar: “No voy a ahondar en el debate”, lo que lleva a la señalar que la jefe de Estado hizo uso de la vieja estrategia política de “tira la piedra y esconde la mano” para provocar a parte del Congreso de la República.
Ocurrió este lunes al formular declaraciones a la prensa tras entregar títulos de propiedad en la asociación Las Flores de Jicamarca, en el distrito de San Juan de Lurigancho, en el Este de Lima.
Esta fue la interrogante formulada por la periodista:
“Usted ha dicho que se le está acabando la paciencia. Sabemos que en el Congreso solo se ha aprobado el 30% del pedido de facultades que usted ha realizado. En algún momento, si usted ve ese panorama de que no dejarían trabajar al Gobierno, ¿buscaría disolver, en todo caso, la Cámara de Diputados?”
Respuesta de Keiko Fujimori:
“Yo creo que lo que estoy haciendo es ser eco y voz de los ciudadanos. Los ciudadanos llevan muchos años esperando que los políticos puedan tomar decisiones. No voy a ahondar en el debate; sé que en estos próximos días la Cámara de Diputados va a debatir y esperamos que amplíen este primer dictamen que se ha aprobado (en la Comisión de Fiscalización). Pero sí creo que es importante que escuchen a la calle y que sepan que los ciudadanos también están esperando de ellos que puedan ponerse de acuerdo y otorgar ese pedido de facilidades para que el Gobierno pueda hacer las cosas más rápido”.
Minutos antes, al dirigirse a la población de Las Flores de Jicamarca —citada para recibir títulos de propiedad de los lotes que ocupan—, volvió a referirse al supuesto agotamiento de su paciencia. Sin embargo, esta vez lo vinculó con los 26 años que los vecinos de San Juan de Lurigancho llevan esperando la titulación por parte de los gobiernos anteriores, a los que acusó de no haber hecho nada por este sector.
“En los últimos días yo ya he dicho que se me acaba la paciencia, pero he visto a los políticos poniéndose nerviosos, arañándose entre ellos, diciendo que la presidenta tiene que tener paciencia. ¿Perdón? Yo llevo la voz del pueblo. ¿Cómo podemos pedir paciencia después de veintiséis años que venimos esperando un título de propiedad o tantos años que vemos que los delincuentes avanzan y que el gobierno no se pone firme?”
Completó la idea central de su discurso con una alusión a la difusión de registros de audio y video en los que activistas de la macrorregión sur planteaban un presunto atentado contra su vida durante una reunión virtual vía Zoom organizada en Arequipa.
“Hace pocos días también hemos escuchado algunos audios que buscan amenazarme o hacerme retroceder. Yo quiero decirles que, a lo largo de mi vida política, he hecho política en la adversidad; me he enfrentado a ataques y persecuciones, pero jamás he retrocedido y mucho menos ahora. Al contrario, con más fuerza vamos a seguir trabajando”, señaló en su discurso.
Habló igualmente sobre las Elecciones municipales/regionales y coyuntura política. Ante las diferencias entre boca de urna y conteo rápido, pidió esperar con responsabilidad los resultados oficiales emitidos por la ONPE y el JNE (haciendo alusión explícita a la contienda por Lima entre Rafael López Aliaga y Francis Allison).
Expresó preocupación por los cortos plazos de transición en las regiones donde habrá segunda vuelta, instando a una transferencia rápida para coordinar acciones ante eventuales lluvias o sequías.
El análisis estratégico: repliegue táctico y cambio de narrativa
Postura de «tirar la piedra y esconder la mano»: El comportamiento político de la mandataria sugiere el uso de una técnica de provocación controlada o repliegue táctico. Fue ella misma quien inició el choque público con el Poder Legislativo al declarar que se le estaba agotando la paciencia, un pronunciamiento realizado pocos días después de que la Comisión de Fiscalización —presidida por la oposición de Juntos por el Perú— dictaminara el archivamiento del proyecto de delegación de facultades legislativas.
Desvío de atención y confrontación indirecta: Cuatro días después de su declaración inicial, la presidente volvió a tocar el tema del agotamiento de su paciencia en San Juan de Lurigancho, pero evitando deliberadamente profundizar en el mecanismo constitucional de disolución o en el enfrentamiento técnico-legislativo. En su lugar, utilizó el espacio para:
- Incomodar a la oposición: Enrostró el «nerviosismo» de los políticos rivales que reaccionaron a sus palabras, devolviendo la presión mediática hacia el Congreso.
- Reencuadrar la narrativa (frame socioemocional): Desvió el foco del conflicto institucional hacia la demanda social acumulada, justificando su «impaciencia» no por un afán de confrontación, sino por los 26 años de abandono estatal en la titulación de predios y el avance impune de la delincuencia.
Conclusión del análisis y de la nota: Con este giro, la jefa de Estado busca victimizarse ante el freno parlamentario, canalizar el descontento popular a su favor y presionar implícitamente a la Cámara de Diputados para la reconsideración o ampliación de las facultades, todo esto sin asumir el costo político directo de amenazar formalmente con una disolución parlamentaria.



