Tiempos de Confusión, Ira y Clamor de esperanza

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Tiempos de confusión, ira y clamor de esperanza

Perú, donde los políticos azuzan la tiranía

Se inicia mayo 2025, unos cuantos están preocupados por la constante barbarie que ejercen los agentes de gobierno, de quienes rigen los tres llamados poderes del Estado. La mayoría entretenida en sus preocupaciones de subsistencia y divertida en la mediocridad mediática; algunos, discutiendo por lo que sucederá en el país.

Perú, un lugar en donde nadie se aburre, pero todos, de distintas maneras, están enlazados por la confusión, donde prevalece la incapacidad para pensar de manera clara y rápida; donde la duda no se práctica para analizar lo que “vende” la prensa; donde el adormecimiento mental es hegemónico, consecuencia de una educación que no forma en razonamientos; donde la desorientación también se manifiesta por un conformismo enfermizo, donde a nadie le importa más allá de su narices, un egoísmo estimulado por una inacción que solo explota cuando alguien se atreve a dirigir la protesta, si no hay un líder no hay movilización. Y los que manipulan para que esta realidad subsista, imponen líderes de barro que solo amplían y profundizan la confusión.

El escenario peruano alimenta la ira, en la población. Cada intervención de los congresistas es motivo de alarma, a cuál menos preparado para argumentar como estadistas. Décadas atrás los congresistas, en aquellos tiempos de diputados y senadores, disponían de periodistas para que circulen sus proyectos, sus análisis y propuestas; hoy lo hacen para tapar sus adefesios. Tiempos atrás los medios, escritos, radiales o televisivos, describían los hechos políticos en el límite de la moderación y la neutralidad, hoy, cada noticiero, cada periodista, describen las noticias políticas como si fueran furibundos hinchas de alguna posición partidaria. Claro, sucede que hoy la noticia es un negocio, la neutralidad se anuló y la prostitución de las opiniones es evidente.

La indignación se multiplica, el enojo se manifiesta cada vez con más ánimo de violencia. Todo indica que eso desean los manipuladores del sentimiento ciudadano, provocando una situación de venganza que solo beneficiaría a los corruptos que tienen investigaciones fiscales abiertas o con juicios en pleno proceso. Si la población se adormece o si explosiona la protesta, en cualquier caso, los propios corruptores sacarán provecho y en el uso de la fuerza pública, de los tanques, aunque sea por la sin razón, buscarán que imponerse.

El acceso al poder, en cualesquiera de los poderes del Estado, ofrece a los que alcanzan tales instancias la ocasión de sumarse a los corruptores, a los que corrompen a los gobiernos desde sus fuentes de aristocracia. Estos, no comprenden cómo se construye una sociedad de sana convivencia y dedicada a generar riqueza, no, no tienen ni idea, solo corrompen y se valen de la mediocridad de la vieja partidocracia para usufructuar todo recurso, toda oportunidad de la minería, la agroexportación, la banca, los fondos de las AFP, la construcción sobrevaluada, el fraude, la evasión, los monopolios asolapados y todo lo que puedan arrasar. Son fulanos a los que no les importa, a fin de cuentas, quién gobierna, solo les importa cómo lo colocan o, en su defecto, cuánto cuesta. Son tiranos, que disimulan su saña ocultos detrás de políticos maledicentes.

La democracia se vulneró tantas veces que se convirtió en un pretexto para apoderarse de los gobiernos, vía la manipulación de la consciencia de las gentes, mintiendo y reclutando periodistas, opinólogos y miserables que se disfrazan de políticos; ya es una escenografía que no da para más. Se repitió tantas veces la teatralización de las elecciones pervertidas, sin debate alturado ni propuestas inteligentes, que asquean y se cumplen por imposición de normas y no por convicción.

Un desafío es la construcción de una democracia en la que ni la aristocracia ni la oclocracia sean gobierno, vaivén que pareciera oscilar en el país, generando desorden y luchas que destruyen.

El manifiesto clamor de esperanza, es expresado desde diversas tribunas y en la voz de líderes campesinos, microempresarios, académicos y, simplemente, ciudadanos desde el ardor de sus frustraciones y anhelos; un clamor que se amplía oportuna y aceleradamente. Ocurre y es inexorable que más temprano que tarde se constituyan en una fuerza imparable. Es la rivalidad entre la ambición por el poder y, de otros, del anhelo por la vida, la libertad y la propiedad.

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