Keiko Fujimori: ¿Es real que un eventual gobierno de Fuerza Popular puede llevar al Perú a una autocracia?

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Elí Joacim del Aguila Tuanama
Elí Joacim del Aguila Tuanamahttp://www.agendapais.com
Periodista, con experiencia en el manejo de medios de comunicación masivos, respaldados por 31 años consecutivos de ejercicio periodístico en Radioprogramas del Perú, RPP (donde ejerció cargos jefaturales desde 1995 hasta el 2013) y siete años como director del periódico digital Agenda País.

La presidencia significaría para Keiko Fujimori la eliminación del último reducto de contrapeso

Keiko Fujimori. El debate político en el Perú a menos de 72 horas de las elecciones presidenciales en 2da Vuelta ha dejado de centrarse en las promesas programáticas tradicionales para enfocarse en un dilema de supervivencia institucional.

La pregunta que polariza a analistas y constitucionalistas ya no es solo de índole ideológica, sino sistémica: ¿Tiene el fujimorismo contemporáneo las condiciones y la estructura necesarias para guiar al país hacia un quiebre democrático? Para responder con rigor, es indispensable abandonar la retórica de campaña y analizar con precisión la fotografía del momento.

La fotografía del momento: La captura institucional preelectoral

A diferencia de los quiebres democráticos del siglo pasado, que se ejecutaban desde el Sillón de Pizarro mediante tanques y discursos televisados, las transiciones autocráticas del siglo XXI se cocinan a fuego lento en los pasillos parlamentarios. El temor a una eventual autocracia bajo un mandato de Keiko Fujimori no se sostiene hoy en una hipótesis de futuro, sino en una arquitectura de poder político plenamente operativa en el presente.

A través de alianzas estratégicas en el Congreso de la República, Fuerza Popular y sus bloques afines han logrado una influencia decisiva, cuando no un control directo, en los organismos extrapoderes encargados de fiscalizar al Ejecutivo. La fotografía actual revela un copamiento institucional sin precedentes:

  • El Tribunal Constitucional (TC) y la Defensoría del Pueblo: Organismos cuyos liderazgos fueron elegidos mediante votaciones parlamentarias de marcada sintonía con la agenda del bloque mayoritario.
  • La Junta Nacional de Justicia (JNJ) y la Fiscalía de la Nación: Sometidas a constantes procesos de remoción, inhabilitación y reconfiguración interna impulsados desde el Legislativo, lo que ha neutralizado su capacidad de contrapeso autónomo.

A este escenario se suma la inminente configuración del nuevo Parlamento bicameral. El diseño del próximo Senado exige una mayoría de 30 votos para ejercer el control de las decisiones más críticas del Estado. En el mapa político proyectado, la alianza entre Fuerza Popular y Renovación Popular concentra un núcleo duro de 29 votos. Están a solo un voto de consolidar la hegemonía legislativa absoluta.

Esta es la paradoja central: si Keiko Fujimori ganara la presidencia, no necesitaría capturar las instituciones del Estado desde el Ejecutivo. Llegaría al poder con las instituciones ya alineadas.

Si Keiko Fujimori ganara la presidencia, no necesitaría capturar las instituciones del Estado desde el Ejecutivo. Llegaría al poder con las instituciones ya alineadas (Foto: Facebook).
Si Keiko Fujimori ganara la presidencia, no necesitaría capturar las instituciones del Estado desde el Ejecutivo. Llegaría al poder con las instituciones ya alineadas (Foto: Facebook).

 

Conceptualizando el peligro: ¿Qué es la autocracia en el siglo XXI?

En la teoría política clásica, la autocracia se definía como el gobierno de uno solo. Sin embargo, politólogos como Steven Levitsky o Daniel Ziblatt advierten que las autocracias modernas adoptan la forma de un autoritarismo competitivo.

El autoritarismo competitivo es un régimen híbrido donde existen elecciones y partidos de oposición, pero la cancha está tan severamente inclinada a favor del gobernante que la competencia real se vuelve imposible. Las instituciones no se destruyen; se instrumentalizan.

El peligro radical de que el poder absoluto se concentre en un solo grupo humano radica en la demolición del principio de predictibilidad jurídica. Cuando una facción controla la Fiscalía, la JNJ y el TC, el sistema de justicia deja de ser un árbitro neutral para convertirse en un arma de persecución política y blindaje selectivo. El ciudadano común pierde la garantía de sus derechos fundamentales porque ya no existe un tribunal independiente ante el cual apelar frente a los abusos del poder estatal.

El mecanismo de la mutación: Del control institucional a la dictadura

¿Cómo se produce la desaparición formal de la democracia? La ciencia política contemporánea demuestra que el tránsito de la democracia a la autocracia, y de esta a la dictadura, ya no requiere de un «paquetazo» constitucional inmediato, sino de una degradación secuencial:

[ Democracia Debilitada ]

▼ (Fase 1: Captura de Árbitros – TC, JNJ, Fiscalía)

[ Autocracia Iliberal ]

▼ (Fase 2: Bloqueo de Alternancia – Captura del JNE/ONPE)

[ Dictadura Formal ]

  1. Fase de Autocracia Iliberal: Se inicia cuando un gobierno democráticamente electo utiliza su hegemonía parlamentaria e institucional para asfixiar económicamente a los medios de comunicación independientes, criminalizar la protesta social y abrir investigaciones fiscales arbitrarias contra líderes de la oposición. Las formas democráticas se mantienen, pero el fondo es autocrático.
  2. El umbral de la Dictadura: El riesgo de que la autocracia sea el «paso previo» a la dictadura se materializa cuando el grupo en el poder utiliza su control sobre el Tribunal Constitucional y el Senado para intervenir los organismos electorales (JNE y ONPE). En el momento en que se altera la neutralidad del sistema electoral para impedir la alternancia en el poder, la autocracia se quita la máscara institucional y se transforma en una dictadura.
  3. Puede ser una imagen de una o varias personas y multitud

El riesgo de un eventual gobierno de Fuerza Popular no radica en la posibilidad de un golpe de Estado militar al estilo de 1992, sino en la culminación lógica de un proceso de concentración de poder que ya está en marcha. Con el control de los organismos de control y a un solo voto de dominar el Senado, la llegada de Keiko Fujimori a la presidencia significaría la eliminación del último reducto de contrapeso republicano: el Poder Ejecutivo. Sin un contrapeso real, la línea que separa a la República de la autocracia se vuelve peligrosamente invisible.

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