Tribunal Constitucional: El discurso de Helder Domínguez y el arte de ignorar la renuncia de Luz Pacheco

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Elí Joacim del Aguila Tuanama
Elí Joacim del Aguila Tuanamahttp://www.agendapais.com
Periodista, con experiencia en el manejo de medios de comunicación masivos, respaldados por 31 años consecutivos de ejercicio periodístico en Radioprogramas del Perú, RPP (donde ejerció cargos jefaturales desde 1995 hasta el 2013) y siete años como director del periódico digital Agenda País.

El nuevo titular del TC intentó convertir una renuncia prematura y crítica en un trámite procedimental más dentro de la historia del tribunal.

Tribunal Constitucional. La renuncia inesperada de la magistrada Luz Pacheco Zerga al TC, a escasos cuatro meses de culminar el mandato para el que fue elegida por sus pares, ha dejado un vacío que la institución pretende llenar con un espeso manto de silencio.

Que el máximo intérprete de la Carta Magna no haya emitido un solo pronunciamiento oficial  (más allá de la renuncia de la propia magistrada asi como sus posteriores declaraciones a la prensa,) detallando las razones de esta súbita dimisión no solo es un error de comunicación pública, sino que abre una profunda grieta en la narrativa de estabilidad institucional que la más alta magistratura del país debería proyectar.

En lugar de transparencia, el país asistió a una juramentación exprés. El discurso de asunción del nuevo titular del TC, Helder Domínguez Haro, lejos de disipar las dudas o afrontar la crisis de liderazgo, pareció diseñado meticulosamente para ignorar el elefante en la habitación y diluir los hechos de la semana pasada en una abstracción filosófico-existencial.

TC: El discurso de Helder Domínguez y el arte de ignorar la renuncia de Luz Pacheco (Foto: TC)
TC: El discurso de Helder Domínguez y el arte de ignorar la renuncia de Luz Pacheco (Foto: TC)

La estrategia de la normalización y el «no mirar hacia atrás»

Desde sus primeras líneas, las palabras de Domínguez Haro delatan una urgencia por pasar la página. Su llamado a “seguir avanzando y no mirar hacia atrás” es la confesión de una directiva institucional: el pasado reciente es incómodo y debe ser sepultado bajo la alfombra de la gestión cotidiana.

Para restarle dramatismo a la salida de Pacheco, el nuevo presidente recurrió a una relativización histórica que roza la resignación. Al afirmar que “el desarrollo de la civilización no es lineal” y que incluye “locuras, crisis, conflictos e incertidumbres”, Domínguez eleva un sismo político interno a la categoría de inevitable condición humana. Su frase: “Hoy, la sucesión constitucional forma parte de este marco existencial. No es la primera vez, lamentablemente, que renuncia un presidente del Tribunal Constitucional en ejercicio”, es el núcleo de su estrategia discursiva. Busca normalizar la anomalía, convirtiendo una renuncia prematura y crítica en un trámite procedimental más dentro de la historia del tribunal.

El «Primus inter pares» como escudo

Otro aspecto relevante del discurso es el marcado énfasis en diluir el poder de la presidencia. Al definirse a sí mismo como un “primus inter pares” (el primero entre iguales) para efectos puramente representativos y subrayar el carácter “colegial y comunitario” del pleno, Domínguez Haro parece ensayar un escudo protector. Si el presidente es solo un vocero y el verdadero poder reside en el colectivo, la renuncia de quien lo precedió pierde peso político; se reduce a un simple cambio de posta técnica y no a una crisis de gobernabilidad.

Sin embargo, sus constantes alusiones a la necesidad de generar “compromisos necesarios, consensos y una fluida y adecuada comunicación con el pleno”, sumadas a su advertencia de que “no aceptará prejuicios, que son ruidos internos”, terminan por traicionarlo. Nadie insiste tanto en la disciplina de escuchar, en la tolerancia al disenso y en acallar los «ruidos internos» si es que la casa estuviera en perfecto orden. Esas líneas son la confirmación indirecta de que las fricciones internas y la falta de cohesión precipitaron la salida de Pacheco Zerga.

Desde sus primeras líneas, las palabras de Domínguez Haro delatan una urgencia por pasar la página. (Foto: TC).
Desde sus primeras líneas, las palabras de Domínguez Haro delatan una urgencia por pasar la página. (Foto: TC).

 

Una deuda con la transparencia

Domínguez Haro cerró su alocución apelando a la modernización digital, la reducción de la carga procesal y la defensa de la democracia constitucional sin caer en populismos. Propósitos loables, pero que nacen cojos. No se puede pretender liderar el equilibrio de poderes y ser la «voz de la Constitución» cuando se esquiva la rendición de cuentas ante la ciudadanía sobre las fisuras de la propia institución.

El Tribunal Constitucional ha optado por el pragmatismo del sobreviviente: cambiar las cabezas, maquillar las formas con retórica académica y apelar a la fe familiar para capear el temporal. Pero para la opinión pública y el análisis crítico, la interrogante sigue abierta y flotando en los pasillos de San Isidro: ¿Qué pasó realmente para que la primera mujer en presidir el TC tirara la toalla a cuatro meses de la meta? El silencio del colegiado y el discurso evasivo de su nuevo presidente solo alimentan la sospecha de que la grieta interna es mucho más profunda de lo que están dispuestos a admitir

Tras la dimisión de Luz Pacheco Zerga agendapais.com  publicóla siguiente nota: ¿Puede su dimisión ser considerada un acto de crudo realismo político y dignidad profesional?

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