Este episodio de contorsionismo retórico es quizá el último regalo de la gestión parlamentaria que está por concluir su periodo
Fernando Rospigliosi. La política parlamentaria peruana volvió a regalar un episodio de contorsionismo retórico. Tras promover una abierta maniobra para adelantar la salida de José María Balcázar de la jefatura del Estado, el encargado de la presidencia del Congreso de la República, Fernando Rospigliosi terminó dando un paso atrás. Sin embargo, lejos de admitir un cálculo fallido o una arbitrariedad legal, optó por la sorna y la minimización.
Un giro de 180 grados escondido en un tuit
A través de su cuenta oficial en X, Rospigliosi hizo pública una postura opuesta a la que venía impulsando. Acompañado de un nuevo oficio que contradice sus intenciones iniciales de recortar el mandato de Balcázar, el parlamentario escribió: «Para que no sigan especulando ni haciendo una tormenta en un vaso de agua: José María Balcázar es presidente hasta el 28 [de julio]».
Un internauta, de nombre Jose Almenara, reacciona ante el tuit de Rospigliosi: “Fernando pero si ya él dejó de ser congresista por ende dejó de ser presidente o no es así?”, a lo que el exministro del Interior responde: “No, él fue designado presidente, deja de ser congresista el 26 y sigue siendo presidente hasta el 28”.
La estrategia detrás del sarcasmo
El uso de la ironía en la declaración de Rospigliosi busca amortiguar el costo político del repliegue. Pretende clasificar el debate como una mera «especulación» para trasladar la responsabilidad de la polémica a la opinión pública y a la prensa, intentando hacer pasar un retroceso forzado como una aclaración generosa.
Vea el post colgado por el fujimorista Rospigliosi:
Para que no sigan especulando ni haciendo una tormenta en un vaso de agua: José Maria Balcazar es presidente hasta el 28. pic.twitter.com/KxhEtjZmrj
— Fernando Rospigliosi (@Frospigliosi) July 23, 2026
No obstante, lo que el congresista pretende reducir a una «tormenta en un vaso de agua» constituye, en realidad, un hecho sumamente grave para la institucionalidad del país. Vea la nota en la que se describe la posición incial de Rospigliosi.
Las 7 claves de un episodio funesto para la República
Como advertimos desde Agenda País hace 24 horas, el intento de recortar «por oficio» el mandato del Jefe de Estado deja al descubierto grietas profundas y plantea duras interrogantes sobre el actuar del Congreso.
- Una «majadería y desplante indigno» a la institución presidencial: Como calificó con dureza el expresidente Francisco Sagasti, la notificación del Congreso no representaba un ajuste técnico, sino una impertinencia contra quien encarna la Jefatura del Estado y personifica a la Nación (Art. 110 de la Constitución). Impulsado por Fernando Rospigliosi —quien accedió originalmente a la curul tras el lamentable fallecimiento del congresista Hernando Guerra García en Arequipa y escaló hasta la Mesa Directiva—, este acto evidencia una instrumentalización del cargo parlamentario para imponer un trato desobligante al Poder Ejecutivo.
- La sombra del indulto como detonante: La causa real que aceleró esta arremetida parlamentaria fue la desconfianza política. La sospecha de un eventual indulto a Pedro Castillo en el epílogo de la gestión de Balcázar motivó al Congreso a intentar acelerar la entrega de la banda para el 27 de julio, buscando neutralizar cualquier decreto de última hora.
- La creación de un peligroso «vacío de poder»: La pretensión formalizada en el primer oficio dejaba un limbo institucional. De haber concluido el mandato el 26 de julio, el Perú habría quedado desprovisto de un Jefe de Estado en funciones durante varias horas, desatendiendo la continuidad ininterrumpida de la función pública y la seguridad nacional.
- Infracción abierta al principio de legalidad: Ningún artículo de la Constitución ni del Reglamento del Congreso otorga facultades al titular del Parlamento para disponer, alterar o dar por concluido el mandato del Presidente de la República a través de una simple carta administrativa. Se pretendió hacer prevalecer un oficio de Mesa Directiva por encima de la Carta Magna.
- Vulneración del derecho a la rendición de cuentas: Al intentar forzar la entrega anticipada de la banda el 27 de julio a las 9:00 a. m., se cancelaba la posibilidad de que el presidente saliente acudiera al Hemiciclo el 28 de julio a rendir cuentas mediante el tradicional Mensaje a la Nación, privando a la ciudadanía de ese balance.
- Quiebre de la tradición republicana y los precedentes históricos: La medida desconocía las transiciones bajo el cauce de la sucesión constitucional plena, como las de Valentín Paniagua (2001) y Francisco Sagasti (2021). En ambos antecedentes, los presidentes interinos ejercieron la alta magistratura hasta el 28 de julio, entregando el mando el día fijado para la asunción del nuevo gobierno electo.
- Afectación a la imagen internacional en Fiestas Patrias: Enmendar de forma improvisada las fechas del traspaso de poder mediante un conflicto epistolar entre poderes del Estado proyectó una imagen de inestabilidad y fragilidad republicana ante las delegaciones diplomáticas en las vísperas del aniversario patrio.
Balance final
La rectificación de Fernando Rospigliosi confirma que el intento de recortar el periodo de José María Balcázar no encontró el piso político ni legal para prosperar. Sin embargo, el episodio desnuda la facilidad con la que se pasa de la embestida institucional al repliegue sarcástico, pretendiendo aplacar con una frase socarrona lo que fue una abierta e irresponsable pugna por el poder.
Cuestión de fondo
Frente a esta errática maniobra institucional, surge una interrogante ineludible de cara al inminente traspaso del poder: ¿Cuenta el accionar de Fernando Rospigliosi con la aprobación de la cúpula de Fuerza Popular y de la propia Keiko Fujimori?
Es urgente que el nuevo entorno de gobierno deslinde y aclare si las embestidas y posteriores retrocesos de Rospigliosi son iniciativas aisladas que no comprometen la línea estratégica de la futura gestión, o si, por el contrario, representan el estilo con el que pretenden conducir el contrapeso de poderes en el país.
Esta incertidumbre cobra mayor gravedad al recordar las demoledoras declaraciones vertidas hace un mes en televisión nacional por el exministro Carlos Basombrío, con quien Rospigliosi compartió años de labor pública e investigaciones sobre seguridad interior. Basombrío llegó a señalar que su excompañero padece de problemas de la cabeza. Que una aseveración de esta naturaleza provenga de alguien que lo conoce tan de cerca no es un dato menor: obliga a preguntarse si las decisiones que ponen en jaque las formas republicanas responden a un cálculo de bancada o, simplemente, a los impulsos desenfocados de un actor político fuera de control.



