Video muestra el momento que el recién asumido ministro asegura que una eventual censura lo “libraría de un problema”
Rafael Rey Rey. En redes sociales circula un video que muestra a Rafael Rey Rey, juramentado ministro de Transportes y Comunicaciones del nuevo gobierno que encabeza Keiko Fujimori en el que muestra su total desprecio por el equilibrio de poderes y la institucionalidad, al calificar la interpelación como una «entrevista con preguntas por adelantado» y un espacio para «lucirse».
Con ésta devaluación deliberada del contrapeso democrático, el hoy ministro desafía abiertamente al Congreso y desmere el peso del puesto que acaba de asumir: «Así que no me importa que me interpelen cuantas veces quieran. Y si me quieren censurar, que me censuren, me libran de un problema», se escucha decir a
Rafael Rey. El auditorio formado por trabajadores, cuya permanencia laboral depende e la nueva gestión ministerial, reacciona con tímidas rosas y aplausos en lugar de espantarse por las palabras poco democráticas del integrante del Gabinete de Luis Galarreta.
“Fui diputado en 1990, vino el Golpe de Estado de Fujimori (5 de abril de 1992) nos botaron, a mi también. Regresamos con el Congreso Constituyente Democrático (CCD) , fundamos Renovación Nacional, que fue el partido que presidí.
Después en las siguientes elecciones me volvieron a reelegir, estuve 26 años en el congreso después de 7 elecciones. O sea, el congreso me lo conozco. Para mí ir al congreso como un volver a mi casa.
Por eso a mí no me asustan las interpelaciones y las censuras. Las interpelaciones le contaré, para un político la interpelación es la mejor entrevista que le pueden hacer a uno. Porque le mandan las preguntas por adelantado. uno con sus asesores responde por escrito la pregunta, va y la lee en el Congreso.
Después escucha algunas tonterías que dicen algunos congresistas y responden. Y uno siempre sabe más que los congresistas de su propio sector.
Así que el ministro que no se luce en una interpelación es un idiota, y el Perú no está para tener ministros idiotas, así de sencillo. Entonces no es que yo sostengo eso. Algunos presidentes de hace poco a un tiempo que le han interpelado ministros, dicen Uy me van a interpretar a un ministro, uy me van a interpretar Mejor que los interpelen, para que se luzcan los ministros. Y si no se lucen, no vale la pena, censúrenlos. Así que no me importa que me interpelen cuantas veces quieren. Y si me quieren censurar me censuren, me libran de un problema, que es esto (risas)”
El análisis
El control político reducido a un «show»
Para el titular del MTC, la rendición de cuentas ante el Poder Legislativo no representa un ejercicio de transparencia o contrapeso democrático, sino una simple oportunidad mediática:
«Para un político, la interpelación es la mejor entrevista que le pueden hacer a uno. Porque le mandan las preguntas por adelantado (…) uno lee en el Congreso, escucha algunas tonterías que dicen algunos congresistas y responde. El ministro que no se luce en una interpelación es un idiota».
Al reducir la interpelación a un espacio para «lucirse» y al asegurar que «uno siempre sabe más que los congresistas de su propio sector», el discurso ministerial no solo invisibiliza la función fiscalizadora del Estado, sino que envía un mensaje de abierta condescendencia hacia la representación nacional y la ciudadanía.
«Me libran de un problema»
El momento más crítico de la reunión ocurrió cuando abordó la posibilidad de una censura parlamentaria, el mecanismo de sanción política por excelencia en el sistema peruano. Lejos de asumir el cargo con el rigor y la gravedad que exige la gestión del transporte e infraestructura del país, Rey desafió abiertamente al Congreso y desmereció el peso del puesto que acaba de asumir:
«Así que no me importa que me interpelen cuantas veces quieran. Y si me quieren censurar, que me censuren, me libran de un problema».
La frase resuenó con particular dureza frente a un equipo técnico y administrativo que busca estabilidad y compromisos claros de gestión. Definir la alta dirección de un ministerio clave como «un problema» del cual se esperaría ser «librado» desnaturaliza el sentido del servicio público.
En un contexto donde la gestión estatal demanda madurez, humildad y respeto por los pesos y contrapesos institucionales, el inicio de esta gestión arranca marcando una postura de confrontación y trivialización del control político.
Conclusiones
- La devaluación del control político: El discurso transforma la interpelación constitucional —un pilar de contrapeso democrático y rendición de cuentas— en un mero trámite mediático y una pasarela de egos.
- El desdén hacia la función pública: Definir la dirección del MTC y una eventual censura como «un problema del que te libran» refleja una desconexión preocupante con el deber, la responsabilidad y la vocación de servicio al Estado.
- Condescendencia hacia la representación nacional: Afirmar que «uno siempre sabe más que los congresistas» o calificar sus intervenciones de «tonterías» proyecta una actitud de superioridad que mina el respeto mutuo entre poderes del Estado.
- Desconexión con las urgencias del auditorio: Frente a un personal joven que buscaba certeza laboral y claridad en los objetivos de gestión, el ministro prefirió centrar su mensaje en su invulnerabilidad política y en retos al Congreso.
- Confusión entre experiencia y arrogancia: Ampararse en 26 años de trayectoria parlamentaria no debiera servir para vaciar de contenido la fiscalización, sino para entender y honrar la rigurosidad de los contrapesos institucionales.
- Incentivo a la confrontación institucional: En lugar de tender puentes de diálogo y cooperación entre el Ejecutivo y el Legislativo, las declaraciones sientan una postura provocadora antes de que comience cualquier labor de fiscalización.
- Pérdida de foco en la gestión del sector: Al anteponer el espectáculo y la retórica de la confrontación, se relegan a segundo plano las verdaderas prioridades del país en infraestructura, transporte y desarrollo nacional.



